viernes, 5 de agosto de 2016

Hoi An. La bella durmiente de Vietnam.

Auténtico joya del centro de Vietnam, es uno de los rincones más hermosos del país.


Perteneciente a la provincia de Quang Nam, en el centro de Vietnam, en el mar de la China Meridional, la ciudad de Hoi An se encuentra situada en la orilla norte del río Thu Bon, siendo su actual censo poblacional –en 2015- es de 90.000 habitantes.
Conocida en el siglo I como ciudad de Champa, contaba con el mayor puerto del sureste asiático, viviendo su época de mayor esplendor entre los siglos XVI y XIX, a la que acudían mercaderes de China, Japón e incluso Europa, acumulando un rico legado cultural único en Vietnam, y que modelo su paisaje urbano.
Su cosmopolitismo fue fruto de la importancia de este puerto en el sureste asiático, situado al nivel de Macao y Malaca, con la que se repartía el comercio marítimo de esta zona del mundo.






Por su impresionante legado histórico y cultural, es un mosaico de culturas, con una síntesis de influencias que la hacen singular. 







Envuelta  en un hilo de intemporalidad, evoca tiempos pasados y sus edificios históricos, atractivas casas alargadas, decoradas salas de asambleas y los santuarios familiares, que se integran en su barrio antiguo – el  Hoy An Old Town - ha merecido el reconocimiento de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1999, contando con 884 edificaciones protegidas por su importancia histórica o cultural.









La ciudad está atravesada por el río Thu Bon, que desemboca junto a la playa de Cua Dai, a 5 kilómetros del centro urbano.






Los japoneses se asentaron en su parte oeste durante el siglo XVI y los chinos fundaron numerosas comunidades en el centro y el este durante el siglo XVIII, siendo la influencia de ambos perceptible en muchos edificios actuales.








Más adelante, los franceses, que tuvieron en la ciudad su centro administrativo,  dejaron una característica huella colonial, representada por las casas con columnas, la mayoría pintadas en color amarillo, con verandas, balcones y postigos de madera.








Con el paso del tiempo, muchos elementos de estos diversos estilos acabaron mezclándose de forma armónica con las tradiciones vietnamitas. Influencias que resultan especialmente evidentes en sus casas alargadas, que incluyen tejados de tejas chinas, vigas japonesas y postigos de lamas y farolas francesas, favorecidas por el privilegio que tuvo la ciudad, que apenas sufrió daños en las contiendas anticoloniales y de unificación del país.







Muchas de las calles de su barrio antiguo, aún tienen el mismo aspecto y ambiente, y todavía podría recordar al que existió un par de siglos atrás, siendo un remanso de tranquilidad.









Barrio formado por una retícula de cinco calles paralelas, atravesadas por otras tres paralelas al río: Tran Phu, Nguyen Thai Hoc y Bach Dang. Calles salpicadas de vetustas casas de madera casi siempre decoradas con placas horizontales lacadas y paneles verticales paralelos con grabados de caracteres chinos, que forman un apretado laberinto de sabor añejo y oriental.







Las construcciones del barrio se clasifican en cinco grupos, en función del tipo de construcción, siglo y ubicación:
** Las de paredes de madera ranchero, de los siglos XVIII y XIX.
** Las de dos plantas con terraza, de los siglos XIX y principios del XX.
** Las de dos plantas con balcón con paredes de madera, de igual período.
** Las de paredes de ladrillo, del mismo período que las dos anteriores, y
** Las coloniales francesas, de primeros del siglo XX.










Las casas suelen tener encima de la puerta dos ojos, que montan guardia para alejar los malos espíritus. Y su numeración es de varios colores, relacionados con la actividad de su dueño; las de placa azul son de funcionarios, las rojas son casas del Estado y las verdes a particulares. El dragón chino es un motivo recurrente en sus edificios, es una criatura mítica asociada a la tradición sino-vietnamita, que simboliza la continuidad, el poder, la estabilidad y la prosperidad.








En un esfuerzo por proteger el carácter del casco viejo, unas rigurosas leyes de conservación prohíben alteraciones en los edificios y la presencia de coches en las calles, permitiéndose la circulación de motocicletas.








Su casco histórico y barrio antiguo, es en realidad un museo viviente, que parece haberse quedado anclado siglos atrás, con calles pequeñas plagadas de historia, dónde la bicicleta se convierte en el principal medio de transporte.










Para visitar sus principales monumentos, es necesario sacar una entrada en las taquillas para ello habilitadas en los distintos puntos de acceso, valida para el acceso a cinco de ellos, debiendo pagar entradas individuales para el resto de visitas.







Un buen comienzo para la visita puede ser por su icono, símbolo y monumento más emblemático, el Lai Vien Kieu,  conocido como “puente cubierto japonés”, convertido en la actualidad en una de las entradas al casco antiguo, comunicando las calles  Nguyen Thi Minh Khai y Tran Phu, salvando uno de los afluentes que desembocan en el río Thu Bon, y que delimita al barrio.










Recuerdo vivo de su rico pasado mercantil,  fue construido en 1593, por la próspera comunidad de comerciantes japoneses para unir el extremo oeste de la ciudad, dónde estaban instalados, con el barrio de comerciantes chinos situado al este, y que incluso cuenta con un templo en su rico interior.

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El puente es símbolo de la ciudad y forma parte de su escudo, así como en los billetes de 20.000 Dong.








En su rico patrimonio destacan las casas de los mercaderes y comerciantes de origen chino, levantadas curiosamente en los que fue la parte japonesa de la ciudad, testimonio vivo de su largo período de prosperidad.








Presentan más o menos la misma estructura, de estilo único en Vietnam. De dos plantas, alargadas, entre dos calles, de fachadas pintadas y balcones de madera y dos patios;  uno exterior para separar la zona comercial de la privada y otro interior para las mujeres. En una de las estrechas fachadas, la tienda; en la otra, la entrada del almacén y en el centro la vivienda, que da un pequeño patio interior. En la planta baja, el salón-comedor y la cocina; en la primera las habitaciones, que generalmente están abiertas a una galería. Las más emblemáticas son las de Tan Ky, Phung Hung y Quang Thang, gozando de más fama la primera de ellas.








La de Tan Ky fue construida a primeros del siglo XIX, de estructura estrecha y alargada, con doble entrada por calles paralelas, la principal por la calle Nguyen Thai Hoc y la trasera por Bach Dang, es un claro ejemplo de las construcciones sino-vietnamitas de aquella época, que en la actualidad pertenece a la séptima generación de la familia del rico comerciante chino que la construyó.









Especial relevancia tienen las salas de asambleas con sus templos, como las de Quang Dong, Phuc Kien, Thuong Duong y Triee Chau, situadas las tres primeras en la calle Tran Phu, y la cuarta en la Nguyen Duy Hieu.
La de Quang Dong, fue construida por los comerciantes marítimos cantoneses en 1786, está dedicada al gran guerrero Quan Cong y en ella se venera a Thien Hau, diosa del mar.












La de Phuc Kien, conocida como salón de la congregación china de Fujian, es del siglo XVIII, y fue fundada por los ricos comerciantes provenientes de esa provincia. En ella también se venera a Thein Hau, que preside su altar mayor, flanqueada por los guardianes que la alertan cuando se produce un naufragio, cuya disposición de culto en el salón está basada en la filosofía oriental y significa “felicidad humana










Hoa Van Le Nghia Trungtam, la antigua Asamblea Thuong Duong, que fue construida en 1741, al igual que en las anteriores se venera a la deidad marina, y en la actualidad además de la actividad religiosa como templo, el edificio es utilizado como escuela secundaria durante el año, con enseñanza del chino, y como escuela de verano.








Entre los muchos santuarios y pagodas existentes, destacan la Quam Am y la Chua Ong.  La primera, único lugar de la ciudad en la que se venera a Buda. Y la segunda dedicada al general chino del siglo III Quan Cong, que vivió en la época de los “tres reinos combatientes”, y simbolizó el valor, la lealtad, la moderación, la piedad y la justicia en ese período feudal de China, por lo que fue divinizado por el taoísmo.









En cuanto a las capillas particulares, la más emblemática es la de la familia Tran. Fundada en 1802, es lugar de culto a los antepasados y de exhibición de reliquias relacionadas con la familia y la casa.








Varios son los museos existentes en el barrio, construidos en las últimas décadas. El de Cerámica Comercial, fundado en 1995, cuenta con una colección de piezas de los siglos XVI al XVIII, incluidas de China, Japón y el sureste asiático. El de Historia y Cultura, en 1989, con muestras de objetos y documentos de las diferentes etapas de desarrollo del puerto comercial. Y el de la Cultura Sa Huynh, de 1994, que muestra el legado único de esta cultura precham, que floreció entre los años 1000 a.C y el siglo II de nuestra era, en lo que hoy es el centro y sur de Vietnam.











La ciudad no ha olvidado a Kazimierz Kwiatkowski (1944-97). Arquitecto nacido en Polonia, conocido como Kazik, persona que más ha contribuido a la protección y salvaguardia de su barrio antiguo y precursor de la candidatura para que la UNESCO lo declarase Patrimonio de la Humanidad, dedicándole una plaza con una escultura de su busto.









El mercado central, que se encuentra entre las calles Tran Phu y Bach Dang, muy en línea con otros muchos existentes a lo largo y ancho del país, es una excelente opción para conocer sus tendencias culinarias y materias primas utilizadas en las mismas. 









Está dividido en dos edificios, uno genéricos y el de pescado y carnes.








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En el principal se puede encontrar todo tipo de productos alimentarios frescos y de alimentación –verduras, frutas, especies, encurtidos, etc- así como otros muchos inimaginables, entre los que no faltan útiles y herramientas. Edificio que también cuenta con pequeños puestos de comidas, que se surten en el mismo.










Al este del río, entre la calle Bach Dang y el río, separado del anterior por la calle, se encuentra el mercado especializado en pescado y carnes, con productos en vivo y llamativas presentaciones.











Pero si el mercado es el epicentro comercial de productos frescos, la ciudad y el barrio en particular es en sí un centro comercial.











En este apartado su principal atractivo son las tiendas de ropa y telas, especializadas en sedas. Cuatro son las fábricas de seda existentes y más de mil trabajadores trabajan en el sector textil. Las visitas a las fábricas y la visión del proceso de elaboración, desde el nacimiento del gusano de seda hasta su manufactura final, es todo un reclamo turístico.











El comercio textil, es sin duda el más numeroso de la ciudad, pudiendo adquirirse prendas y calzado terminado, pero también a medida confeccionada en el día, en muchos establecimientos especializados.








Hoi An es conocida en el país como “la ciudad de las linternas”, sobrenombre que se debe a las linternas esféricas y ovaladas, que iluminan puentes, calles y establecimientos comerciales.









El comercio de lámparas y farolillos, con esqueleto de bambú y cubierta de seda o papel, abunda en la ciudad, con talleres especializados en su construcción. La artesanía de papel también es importante, con ofertas que llaman la atención a los occidentales.









En realidad todo en el barrio es objeto de comercio, en sus referencias arquitectónicas civiles es posible adquirir artesanía y diferentes productos, e incluso existe algún que otro mini centro comercial, con espectáculos incluidos de folklore vietnamita.










Como en todo Vietnam, la vida en la calle forma parte del ADN de su población, cambiando de pulso la ciudad en los atardeceres. La oferta de ocio, con múltiples cafés y restaurantes, es muy amplia y en plazas y zonas abiertas, se practican peculiares juegos anclados en las tradiciones del país.











El río Thue Bo, que vertebra la ciudad, en dónde se ubicaba el puerto de entrada internacional, completa el puzle con que la misma embruja al visitante. 








Con decorados puentes que comunican el barrio antiguo y el resto de la ciudad, poblado de rusticas construcciones navegables de madera, utilizadas para la pesca y el paseo de turistas, en los atardeceres viste sus mejores galas  convirtiéndose en un lugar mágico.









Lugar de encuentro de parejas, el tirar al agua farolillos de papel flotantes encendidos, se ha convertido en una peculiar, llamativa y pintoresca costumbre.









El casco antiguo también cuenta con oferta hotelera, con establecimientos ubicados en edificios protegidos, que transportan al viajero a tiempos pretéritos.










A nivel gastronómico, cuenta con una amplia oferta. Aunque en los últimos años la oferta occidental comienza a ser visible, sobre todo en hoteles, en Hoi An la gastronomía tradicional y marinera está muy presente. Los pescados y mariscos frescos son todo un reclamo, que conviven con las ineludibles sopas vietnamitas y platos tradicionales de la zona.
El My Quang y el  Cao Lau, son su plato de referencia, aunque en realidad es una misma elaboración.
La base del My Quang -cuya traducción es fideos Quang, y su nombre es el de la provincia a la que pertenece Hoi An- mismo son los fideos –tipo japoneses- amarillos, acompañados de verduras, brotes de soja, carne de cerdo, camarón de río y bañados en un caldo a base de la cocción de carne de cerdo, soja y nuoc mac –salsa de pescado-.El Cau Lau, es el mismo plato, pero sin el marisco, sin el típico camarón local de río, muy presente en la oferta gastronómica local. El plato se acompaña con lechuga, cebolla, menta o albahaca, que se van mezclando con el resto de los ingredientes durante su ingesta.







El Won Ton –pasta de arroz rellena de carne con verduras y servidos con salsas varias- y los banh bao, conocidos como White Rose, gambas al vapor envueltas en papel de arroz en forma de pétalos de rosa, completan la trilogía de sus platos más ofertados y demandados.








“Un buen viajero no tiene planes fijos, y no tiene la intención de llegar”. Lao-Tse (siglo IV a.C) filósofo chino, creador del taoísmo.

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