martes, 29 de noviembre de 2016

Ciudad de Ho Chi MInh. Pagoda del emperador de Jade.

Construida por la comunidad cantonesa, es el más hermoso y peculiar de la ciudad.


Ho Chi Minh, la antigua Saigón, llamada románticamente por los franceses como “perla del Oriente” es una ciudad viva y bulliciosa que refleja tanto el pasado como el futuro de Vietnam.
La ciudad debe sus orígenes a los jemeres, que la habitaron durante los siglos, los viet se asentaron en ella y posteriormente los señores Nguyen, hasta que en 1859 los franceses fundaron la colonia de la Cochinchina, ubicando en ella la capital con el nombre de Saigón.
Referencia del sur del Vietnam, sin la rica historia ni patrimonio de las ciudades del centro y norte del país, abarca una amplia región que se extiende por el norte hasta Cu Chi, en la provincia de Tay Ninh, y por el sur hasta el delta del Mekong.
En 1954, la ciudad fue proclamada capital de Vietnam del Sur. La posterior guerra con Estados Unidos duró hasta 1975, año en que Vietnam del Norte tomo Saigón y la rebautizó como Ciudad de Ho Chi Minh, en honor al padre de la revolución, fallecido seis años, en 1969. Estructurada en catorce distritos, su extensión es superior a los 2000 kilómetros cuadrados y su censo poblacional supera los ocho millones de habitantes.
En el distrito uno, el del viejo Saigón,  en la calle Mai Thi Luc, se encuentra un pequeño templo, uno de los más hermosos de la ciudad, que honra al rey de todos los cielos, Ngoc Hoang o emperador de Jade, deidad suprema taoísta.








Conocida como Chua Ngoc Hoang o pagoda de las tortugas, fue construida por la comunidad china de Cantón en 1909, es una de las más elaboradas y hermosas de la ciudad y, sin duda, uno de los ejemplos más concisos de arquitectura cultural china.






La originalidad de este templo reside en su tolerante mezcla de divinidades taoístas, budistas y nativos, que es la fuente de inspiración de la multitud de estatuas y tallas en colores dorados que decoran el interior de un templo, cuya superficie se encuentra prácticamente cubierto por azulejos y relieves, la mayoría con imaginería religiosa.








Aunque realmente lo más original y llamativo para el visitante es observar como los fieles realizan sus comidas familiares en el templo, cual comedor de cualquier casa o restaurante se tratara.








El templo acoge un alto número de seres y deidades mitológicas de los panteones budistas y taoístas dispersas por todos los rincones. Allí se encuentran Mon Quan, el dios de la puerta; Bac Dau, dios de la estrella polar; Thien Loi, dios del relámpago; Tho Than, dios de la tierra; Thic Ca, el buda histórico; Quian The Am Bo Tat, la diosa de la Misericordia y un sinfín de personajes que le infieren a este lugar de culto un ambiente único que no se encuentra en otro lugar de la ciudad.








En el exterior, su llamativa fachada color malva, sus grandes puertas de madera ricamente talladas con imágenes de dioses y hombres y sus tejas de color verde, auténticas obras de arte, inducen a una expectación desbocada que se ve satisfecha por el contenido de su interior. En una ciudad desprovista de grandes templos y pagodas, ésta destaca como la mejor.








Una vez en su interior se encuentra el patio exterior, con arbustos con flor y un antiguo árbol baniano, que constituye un tranquilo lugar con un estanque de tortugas y con bancos.









El estanque es un pequeño refugio ofrece cobijo a varias tortugas, consideradas símbolo de buena suerte y fortuna en Vietnam. Aunque las imágenes de tortugas son habituales, este tipo de refugios escasea.






En el incinerador ubicado en el patio los devotos queman papeles votivos y sándalo en una serie de altares inferiores. Se afirma que el humo asciende hasta alcanzar a los antepasados en el cielo.
Más allá de la puerta principal hay un umbral interior flanqueado por un par de frases paralelas que cuelgan de la boca de unos murciélagos esculpidos.






En las pesadas puertas de madera hay unos guerreros taoístas tallados que escupen fuego por la boca y la nariz.







Unas tallas intrincadas en madera noble enmarcan los espacios entre las columnas por todo el salón principal, decorado el amplio espacio hasta el altar mayor múltiples personajes.






El emperador de Jade, el taoísta Ngoc Hoang, preside el santuario principal, ataviado con vaporosas vestiduras, flanqueado por los cuatro diamantes que se ocupan de su protección. Los miembros de su séquito, altísimos y barbados, se inclinan unos hacia otros con una riqueza de detalles facilitada por su elaboración en cartón piedra.










Enfrente del altar mayor están las divinidades taoístas, el salón de las doce madres. Fascinante salón ocupado por dos hileras de seis figuras femeninas en cerámica. Las mujeres, unas damas sentadas con niños, cubiertas con alegres vestiduras, representan cada una un año lunar, y asociadas a un vicio o una virtud del ser humano, como la bebida –con la mujer que bebe de una jarra-, o la piedad. La jefe de estas madres es Kim Hoa Thanh Mau, diosa que preside el conjunto.










Detrás del salón de las mujeres se encuentra el de dos diez infiernos, presidido por Thanh Hoang, rey del infierno, acompañado de su caballo rojo de tamaño natural, en compañía de unos guardias de cartón piedra pintados en negro y con sombreros altos.








En la sala central de está cámara hay unos paneles tallados que representan los castigos y torturas del inframundo. Mientras los diez reyes del submundo escriben máximas en la parte superior, unos demonios lanzan a las llamas a unos desdichados humanos, les cortan la cabeza y los empalan.








Uno de los altares más peculiares es el de Phat Mau Chuan De, madre de los cinco Budas de los senderos cardinales. Su efigie aparece flanqueada por las representaciones de sus cinco hijos.






Ong Tao o el dios de la cocina reside en la chimenea familiar y actúa como espía del emperador de Jade, ya que sabe todo lo que sucede en la casa. Se le representa como un hombrecillo regordete con los pantalones quemados por acercarse al fuego. La mayoría de las cocinas de Vietnam poseen un altar a Ong Tao, que durante el Tet informa al emperador de Jade sobre la conducta de cada familia. Si hay conflictos la familia es castigada, pero si reina la armonía es premiada. Para conseguir buenos informes el altar de Ong Tao se llena de ofrendas.









En la parte superior, destaca el tejado en varias alturas con tejas de cerámica verde. 






Un gran número de dragones, relacionados con lo divino, se alzan sobre las distintas alturas del tejado, construido con un elaborado entramado de madera y tejas de cerámica.







Zona en la que también destacan los dos guardianes demonio gigantes, elaborados con un papel maché muy resistente que presentan sus mejores galas. Uno mantiene bajo el píe un dragón malvado y el otro, un tigre rampante.








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Cuando sobre la tierra todos reconocen la belleza como belleza, así queda constituida la fealdad”. Lao-Tse (siglo IV a.C) filósofo chino, creador del taoísmo.


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