domingo, 7 de junio de 2020

La leyenda de la reina de Saba.

Reflejada en la Biblia y en el Corán, es la referente de la historia de Etiopía, dónde se le identifica con la emperatriz Makeda.

En pocos lugares del mundo, la mitografía está tan integrada en la sociedad y en la vida de sus de sus habitantes como en Etiopía. Su historia, ciudades, lugares y hasta lo más insignificante cuentan con su propia leyenda, pudiendo afirmarse que los etíopes son coleccionistas de mitos y leyendas.
De las muchas existentes, la referente para los etíopes, la que marcó toda su historia e identidad y el inicio de una dinastía de 225 emperadores que gobernó el país hasta el derrocamiento  de Haile Selassie I en 1974, el último emperador, la de la REINA DE SABA, venerada como madre de la nación.
La reina de Saba es una figura enigmática, que se encuentra presente en el cristianismo, en el judaísmo, en el Islam, y en la historia de Etiopía, a la que se relaciona con varios nombres. En la Biblia aparece en tres referencias diferentes, aunque no es nombrada explícitamente por su nombre. En el Corán y para los musulmanes su nombre es Balkis, para los etíopes es Makeda y Nicaula es otro de su nombre asociado.
Algunos la sitúan como el gobernante del reino de Saba, el antiguo país de los sabeos, que abarcaba desde Eritrea, Etiopía, Yemen y el sur de Sudán, cuya capital era Marib (Yemen). Para otros era la emperatriz Makeda de Etiopía que gobernó hace 3000 años el mismo territorio, y que la capital era Axum. Reino poderoso, que llegó a comerciar con diferentes imperios y que fue el primer africano en acuñar moneda.
El Antiguo Testamento menciona su viaje a Jerusalén en tiempos del rey Salomón. Pero es en el Kebre Neguest, cuya traducción es el libro de la Gloria de los Reyes, el libro sagrado de la iglesia ortodoxa etíope, pretendida crónica histórica de los reyes etíopes, donde se describe su historia, su relación con el rey Salomón, con el que tuvo a su hijo Menelik I iniciador de la saga de emperadores.
El libro narra como el interés de la reina por conocer al rey, fue motivado por las noticias que sobre su sabiduría y poder le fueron transmitidas por un mercader etíope venido de Jerusalén, a quien le entregó una carta para el rey, y este le remitió una invitándola a visitarle.
El viaje lo realizo con una caravana de 697 camellos cargados con aromas y grandes cantidades de oro y piedras preciosas, que atravesó el mar Rojo en barco, siendo recibida con todos los honores por el rey.
La reina permaneció en Jerusalén siete meses, durante los cuales conoció el orden y la justicia del reino, llegando a admirar tanto al rey por su sabiduría y sus creencias religiosas,  que por él se convirtió al judaísmo, e implantándolo como religión oficial en el reino.
Aunque se le asociaban 700  mujeres con rango de princesas y más de 300 concubinas, el rey se encapricho de ella. Quien se negó a acostarse con él alegando que en su país, una reina debería permanecer virgen hasta el matrimonio.
La noche anterior de su partida de vuelta, el rey preparo un gran banquete en su honor, consistente en un alto número de platos muy especiados. Y al final del banquete le invitó a pasar la noche en palacio, prometiéndole que no la tocaría ni yacería con ella,  si se abstenía de tomar alguno de sus bienes, mandando preparar un lecho cercano al suyo y una copa de agua cerca de la cama.
En la noche la reina se despertó sedienta, tomando la copa y bebiendo de ella. En ese momento, el rey hizo su aparición y afirmando que el “agua era el más preciado de los bienes”, la tomo al quebrantar ella su promesa.
En el momento de la partida el rey le entregó como signo de reconocimiento dos anillos, uno de oro para el caso de que diese luz a un niño, y plata si era una niña.
De aquél encuentro nació un niño, al que la reina llamó Menelik, “hombre sabio”, a quién envió a Israel cuando cumplió 22 años a conocer a su padre, de dónde volvió con el Arca de la Alianza, siendo nombrado a su vuelta emperador, siendo el iniciador de la saga que gobernó Etiopía desde el siglo X a.C. hasta 1974.
Sea cierta o no la historia y/o leyenda, la misma forma parte intrínseca de la vida de los etíopes, estando presente en su día a día y reproducida y mencionada en libros, iglesias y museos.


Cuadro de la leyenda, expuesto en el Museo Arqueológico Nacional de Etiopía, en Addis Abeba.



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“En Etiopía, la mitología vive integrada en la vida de sus ciudadanos, como sucedía en la antigua Grecia”. Javier Martínez Reverte (1944 -) viajero, periodista y escritor español.

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