lunes, 6 de abril de 2020

Las cataratas del rio Nilo Azul, en Etiopía.

Maravilla de la naturaleza, su visión es un auténtico espectáculo, que bien justifican una visita.

Amara es uno de los ocho Estados, que junto con tres Ciudades Autónomas, constituyen la República Democrática Federal de Etiopía, desde la aprobación de su Constitución en el año 1995.
Situada en el altiplano etíope, con altitudes que van desde los 700 a los 4.620 metros, su extensión es de 161.828 kilómetros cuadrados, su lengua oficial es el aramiña y su población, perteneciente mayoritariamente a la etnia amara y practicantes del cristianismo copto, supera los 28.000.000 de habitantes.
La actual Amara ha sido la base histórica de la unidad de Etiopía, desarrollada durante la época imperial y Bahar Dar, su capital actual, y su entorno la zona elegida por los emperadores para establecer en ella su corte entre los siglos XV y XIX.
Bahar Dar, que en amariña significa “a la orilla del mar”, está situada en el extremo sur del lago Tana, el mayor de los muchos existentes en Etiopía, y dónde nace oficialmente el río Nilo. Históricamente es una de las ciudades más importantes, siendo considerada como una de las modernas y ordenadas de las mismas.
Bahar Dar, confluencia de naturaleza, historia y modernidad.

El lago Tana y sus monasterios, y las cataratas del Nilo Azul, constituyen la base que le convierte en el principal destino turístico del noroeste etíope.
Los monasterios coptos en la península de Zeghe, en Etíopia.






A 32 kilómetros al sur de Bahar Dar se encuentra el poblado de Tis Abay, a cuyo territorio pertenecen las mencionadas cataratas. Su acceso se hace a través de una carretera-pista de tierra y piedra, que se toma una vez superadas las afueras de la ciudad, que discurre entre campos de cultivo y continuas chozas de leños –algunas con paredes de barro y argamasa- y techos de chapa.





Allí está situado el Centro de Información Turístico de las “Cataratas del río Nilo Azul”, que no es más que un “garito” dónde se encuentran los diferentes guías que acompañan obligatoriamente a los visitantes, previo pago de la entrada correspondiente.
Cómo es parada obligatoria, al cortar una valla el camino, el visitante será asaltado por un buen número de vendedores que te intentan colocar sombreros occidentales y de niños pedigüeños de cualquier cosa. Y dónde es bueno aprovisionarse de agua, sino se lleva consigo.
Las cataratas son una auténtica maravilla de la naturaleza, de las más espectaculares de todo el continente,  a pesar de que la construcción de una central hidroeléctrica en sus cercanías le resta vistosidad, al disminuirle el caudal del río.
A ellas se llegan por dos caminos diferentes desde Tis Abay, pudiendo hacerse el trayecto de forma circular. De la voluntad del guía que lleve o contrate, dependerá la decisión.





La primera opción es hacer un circuito circular, con salida y llegada al poblado. Recorrido más dificultoso, en el que se atraviesan dos puentes –uno colgante- y se salva un desnivel aproximado de 200 metros.
La segunda opción es aconsejable para aquellos que tengan dificultades para caminar o para realizar subidas -por leves que sean- o vértigo. El recorrido es prácticamente llano, coincide con la segunda parte de la primera opción, y es necesario utilizar una barca para salvar el río Nilo, antes de que este caiga al vacío formando las cataratas.
En nuestro caso, en la visita que realizamos el 16 de febrero de 2020 en el viaje turístico solidario que realizamos a Etiopía, la opción elegida por nuestro guía Eshetu fue la primera.
La salida del poblado no estuvo exenta del asalto a los “ferengi” -nombre con el que conocen los etíopes  a los turistas- y que al ser la primera excursión padecemos de forma directa por primera vez. Asalto que continúo durante todo el recorrido, con territorios perfectamente marcados por unos encantadores -aunque un poco pesados- niños que te venden diferentes recuerdos e intentan hablar en lo posible hablar algo de tú idioma.
El sendero que hay que tomar para realizar la excursión, sale del final de la aldea, situada a 1780 metros de altitud aproximadamente, al que se llega después de bordear las instalaciones de la pequeña central hidroeléctrica por su parte izquierda.






El estrecho sendero, desciende por terreno irregular y con grandes piedras, en dirección al río Nilo Azul, que está a escasos 500 metros del poblado.





Es el primer encuentro con un río, que nace en el lago Tana treinta y dos kilómetros aguas arriba y que recorre un total de 1606 kilómetros por territorio etíope y sudanés antes de unirse en Jartun (Sudán) al Nilo blanco, formando el segundo río más largo del mundo, con un recorrido total de 6853 kilómetros.






Para salvar el río es necesario cruzarlo a través del “Puente portugués”, cargado de historia y de enorme importancia, que pasa desapercibo para la inmensa mayoría que por el transitan. Puente, que en guías y textos, llaman con diferentes nombres: puente portugués, de Alata, de Tis Issat e incluso puente de los huevos, que hace referencia a las claras de huevos de avestruz utilizadas en la argamasa junto con harina de trigo y lava volcánica, que mencionan algunos historiadores.





De una longitud de setenta metros y compuesto por ocho arcos, construido por portugueses en el siglo XVI, pasa por ser el primer puente de piedra en construirse en la historia de Etiopía, y uno de los dos por los que se podía cruzar el río en suelo etiope hasta finales del siglo XX. De ahí su importancia.




Su construcción fue realizada por los portugueses y sus descendientes que llegaron al país por petición del entonces emperador Lebna Dengel, para ayudarle en su lucha contra el invasor árabe Ahmed Ibn Ibrahin Ghazi, al que derrotaron finalmente el 22 de febrero de 1543 en Wrine Dega, en las cercanías del cercano lago Tana.
Construido con piedras de roca volcánica del entorno, sabiamente colocadas, forma una pequeña C invertida, por él que se salva el cañón que forma el río.




Pasado el puente, el sendero asciende hasta un descampado con un par de árboles, lugar desde el que se divisa una excelente vista sobre el río que va encañonado entre paredes de roca volcánica.




En él es necesario hacer un giro de 45 grados hacia la derecha y comenzar el ascenso por el sendero pedregoso hasta un pequeño poblado sito a media ladera, compuesto por no más de 15 chozas.







Desde el que se disfruta de una bonita vista del entorno cercano, con el Nilo remansado, metros antes de su caída vertiginosa.





El sendero continúa en ascenso entre la escasa vegetación, lo que no agradecen los visitantes poco avezados a estos caminares, y menos sin previo aviso.





El descanso, que muchos hacen, en lo cimero del sendero al menos tiene la compensación de disfrutar de las vistas de las cataratas y su entorno, que desde él se divisa.







Un pequeño descenso concluye en un nuevo puente, en este caso colgante, que llaman de los “escoceses” en honor de los que lo construyeron. 






Por él se salva el encajonado cañón que forma un río que pocos metros abajo tributa sus aguas al padre Nilo.






En la otra orilla del puente se encuentra un pequeño poblado con varias chozas, que uno intuye viven única y exclusivamente del turista. Por él se pasará en el retorno.



 
         

Un sendero que bordea la planicie dónde se asienta el poblado, que va por encima del cañón del río, concluye en las maravillosas cataratas.





Conocidas en lengua amariña como Tis Abay –el Nilo que humea- o como Tis Isat –fuego que humea-, están formadas en una meseta con una espectacular cortada de 400 metros de ancho y 45 metros de alto, por dónde discurre el río.





Su espectacularidad, el ruido, la fuerza y el agua vaporizada que provoca el agua en su caída, es todo un prodigio de la naturaleza, comparable en África solamente de la de las cataratas Victoria del río Zambeze. Según se afirma en escritos por los que las han visto en época de lluvias y con abundante traída de agua.






El primer europeo que documenta la existencia de las “fuentes del Nilo” en el lago Tana, dónde nace, y posteriormente las cataratas, fue el jesuita español Pedro Páez. El misionero madrileño, que no portugués, que dedico su vida a la evangelización de los etíopes consiguiendo que el emperador y por ende el país se convirtiera al catolicismo durante unos años.






El 21 de abril de 1613 es la fecha que él indica como la que vio las “fuentes” por primera vez, en uno de los capítulos de su Libro I sobre Etiopía. De las cataratas no menciona fecha, describiéndolas –según Javier Reverte, en su libro Dios, el diablo y la aventura- como “Y teniendo andado como cinco leguas (desde el lago Tana) llega a una tierra que llaman Alata, donde cae a pique por unas rocas, que tendrán de alto catorce brazas, y será necesario usar una honda para llegar con una piedra de banda a banda. Y en invierno, por el golpe que da abajo se levanta el agua como el humo en el aire, tanto que se ve desde muy lejos, como yo lo vi muchas veces”. Añade el jesuita que, a partir de las cataratas, el curso se estrecha y que hay un puente entre las rocas de las dos orillas por donde algunas veces pasa el Emperador con todo su ejército”.





La magnifica descripción realizada hace más de cinco siglos es tal cuál a como las hemos visto, salvo que el humo en el aire era mínimo. A pesar de que la visita la hemos realizado en una época seca y que la central construida apenas dos kilómetros antes le resta caudal, el espectáculo que forman las cataratas es digno de visionar. 





Son varios los tramos de la pared por los que busca salida el río, aunque el central es por el que más caudal desploma, formando ese humo que menciona, así como un ruido considerable en su choque contra la tierra volcánica.





El espectáculo visual que forma el conjunto es digno de disfrutar, sin duda es único y justifica bien la fama que las envuelve. No sé si están entre las tres mejores a nivel mundial como las clasifican mucho, pero el que suscribe sólo las puede calificar de impresionantes. Y más cuando las muchas que vi, casi todas en mis caminatas montañeras, siempre han sido de modestos ríos de corta anchura.





Después de la pausada visita y las correspondientes fotos, el retorno al poblado la hacemos por la segunda de las opciones mencionadas. Para ello hay que subir hasta la meseta dónde se encuentran las, también mencionadas, chozas que están encima del puente de los escoceses, y desde el que se divisan buenas prespectivas de las cataratas.






Que una vez vistas están claro que tienen un fin de esperar a los turistas que de vivir en ellas. De hecho las mujeres y niños que merodean en su exterior, nos asaltan con el objetivo de vender o conseguir algo de valor.






A continuación, encima del acantilado, llama la atención la existencia de un camping, aunque da la impresión de que no está en uso, y vivió mejores tiempos.





Con la recua de niños, que delimitan su terreno y unos van dejando a otros su labor pedigüeña, y transitando entre praderías que muestran ya las señales de la sequía, se llega al río.






Que hay que cruzar en alguna barca o lancha, hasta la otra orilla.





Dónde se encuentran los arrabales del poblado que toma el nombre de las cataratas.






MÁS INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA. ARTÍCULOS SOBRE ETIOPÍA.


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** Guía en Etiopía: Eshetu Fanta. Email: salvavidas.fanta@gmail.com Teléfono: +251 911603107
** Fotos no firmadas, cedidas por compañeros de viaje.


“Y teniendo andado como cinco leguas (desde el lago Tana) llega a una tierra que llaman Alata, donde cae a pique por unas rocas, que tendrán de alto catorce brazas, y será necesario usar una honda para llegar con una piedra de banda a banda. Y en invierno, por el golpe que da abajo se levanta el agua como el humo en el aire, tanto que se ve desde muy lejos, como yo lo vi muchas veces” Pedro Páez Jaramillo (1564-1622) jesuita y misionero español.

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