viernes, 24 de abril de 2020

Lalibela, la Meca ortodoxa etíope.

Situada a 2600 metros de altitud, es calificada como la “octava maravilla del mundo” y es el principal lugar de peregrinaje de los cristianos ortodoxos etíopes.

La República Democrática Federal de Etiopía desde 1995 está dividida en tres Ciudades Autónomas y ocho Estados, Amara es uno de ellos. Situado en el altiplano etíope, su extensión es de 161.828 kilómetros cuadrados, su lengua oficial es el aramiña y su población, perteneciente mayoritariamente a la etnia amara y practicantes del cristianismo copto, supera los 28.000.000 de habitantes.
La actual Amara ha sido la base histórica de la unidad de Etiopía, desarrollada durante la época imperial y la región elegida por los emperadores para establecer en ella su corte entre los siglos XV y XIX.
A ella pertenece Lalibela, situada en las montañas de Lasta, a 2630 metros de altura, cuya población se cifra en poco más de 20.000 personas, en el año 2020, compuesta en casi su totalidad por cristianos ortodoxos coptos.
Antaño llamada Roha, fue la segunda capital del antiguo imperio etíope de la dinastía Zagüe, después de Axum, siendo rebautizada con el nombre del emperador Gebra Maskal Lalibela, que reino entre los años 1172 y 1212.
Canonizado por la iglesia etíope, y conocido por los europeos como Preste Juan, ha sido uno de los máximos exponentes –sino el más- de la devoción cristiana del país. A él se debe la construcción de los templos más peculiares, misteriosos e imponentes posiblemente del mundo.
Situadas en las colinas de la actual ciudad, talladas en el subsuelo de la roca basáltica rojiza, de arriba abajo, con ellas quiso edificar una réplica de la Jerusalén conquistada por los musulmanes, inspirándose en las edificaciones de esa ciudad para su construcción, que ordeno al ser coronado, tardando en ser construidas 24 años.
Diez de ellas están distribuidas en dos grupos, más una undécima separada del conjunto.Concebidas para que su topografía correspondiera a una representación simbólica de la Tierra Santa, el primer grupo lo forman seis iglesias, que simbolizan el Jerusalén Terrenal. Mientras que el segundo, de cuatro, lo hacen del Jerusalén Celestial. Grupos  separados por el río Yordanos (Jordán), pero unidos por una compleja red de túneles, pasadizos y trincheras.







Al oeste de ambos grupos, en la ribera norte del río, unida por un conjunto de zanjas al segundo grupo, se encuentra la undécima. Última en construirse, la mejor conservada, emblemática y llamativa, e ícono de todo el conjunto y de la ciudad, es la Beta Giorgios, la casa de San Jorge, esculpida en honor del patrón de Etiopía.



Conjunto monástico, cuya construcción no está exenta leyenda –como casi todo en Etiopía- es junto Axum el principal lugar de peregrinaje de los cristianos ortodoxos etíopes, fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1978.





Pese a tener esas auténticas y únicas maravillas, y ser centro de peregrinación, la localidad estuvo prácticamente incomunicada y aislada hasta mitad del siglo XX.






De hecho el primer europeo que escribió sobre el conjunto monástico fue el misionero portugués Francisco Álvares, en 1520. Pero no fue hasta 1939, cuando gracias al arquitecto italiano Monti Della Corte, durante el trienio que Italia colonizo Etiopía, el mundo occidental supo de su existencia, ya que hasta entonces permaneció en el olvido.






La primera carretera que la comunicó se construyo en 1950. A fecha de febrero de 2020, sus comunicaciones por carretera aún dejan mucho –o todo- por desear, la orografía y su estado hacen que el tiempo por kilómetro deje un ratio casi impensable.







Circunstancia que se contrarresta en buena medida, circunstancia que agradece el visitante extranjero, con la existencia de un aeropuerto. Distante 23 kilómetros, trayecto que tarda en realizarse casi 1 hora y 11 minutos, está comunicado por una carretera de montaña, aún no concluida.







Hasta bien entrada la segunda mitad del siglo XX, sus habitantes eran mayoritariamente religiosos y sus familias, quienes habitaban en el entorno del complejo monástico, en chozas circulares de piedra y techo de paja, que compartían con sus animales, estos en la planta baja y la familia en la superior. Construcciones aún habitadas a día de hoy.






Su condición de principal centro de peregrinaje, y la mejora de las comunicaciones trajo consigo un importante crecimiento poblacional, que fue levantando anárquicas  construcciones, que fueron ocupando las colinas en la que esta situada la ciudad.







Arquitectónicamente es difícil de calificar, a las mencionadas chozas, se unen infraviviendas levantadas con los más insospechados materiales, desde madera al ladrillo y cemento pasando por el adobo, pero casi todos con tejados de chapa.






Entre ellas edificios de varias plantas, o privilegiados espacios protegidos sobre el valle con excepciones vistas de la región de Werwer a la que pertenece, cuyo uso en casi su práctica totalidad es turístico. Instalaciones hoteleras y hosteleras, de diferentes categorías y calidades que acogen a los visitantes, que constituyen su principal sustento económico.






A nivel urbanístico, la situación no es muy diferente. Calles sin asfaltar, algunas con firme de adoquines, y otras en construcción, que suben y bajan o serpentean la montaña y colinas en las que se asienta la ciudad, nada fácil para el transeúnte no local, por lo que los tránsitos entre lugares son casi obligados hacerlos con medio de transporte.







Aún con importantes “deberes” que hacer en función de lo dicho la ciudad es sin duda el más importante destino turístico del único país africano que nunca estuvo colonizado. Si unos califican el icónico conjunto monástico fue calificado como “la octava maravilla del mundo”, otros lo han hecho como la “Petra etíope”. Yo la voy a definir como la “Meca ortodoxa etíope”. 







Pocos turistas planifican, al menos su primera visita, sin acudir a las montañas de Lasta a visitar las iglesias excavadas bajo tierra, fuera de la vista del alcance de los mortales, salvo que estés en su entorno más cercano.





Lalibela y su conjunto lo hemos visitado en un reciente viaje turístico humanitario que realizamos a la segunda nación más antigua del mundo, y el primer reino, en adoptar el cristianismo como religión oficial. Las seis primeras iglesias las visitamos el 19 de febrero de 2020 y San Jorge y las cuatro restantes, al día siguiente. 






En ella hemos podido en primera persona, las enormes carencias de esta zona montañoso del antiplano etíope, apenas dos meses superada la época de lluvias, la sequía era extrema. Haciendole a uno díficil como puede sobrevivir esta pobre gente que nunca pierde la sonrisa, entendiendo incluso que "turismo y religión" es sustento.






Visitarla, con el desplazamiento incluido desde alguna otra ciudad, es prácticamente imposible, requiere al menos de dos días. Eso fue lo que hicimos, y lo que nos ha permitido también profundizar, no sólo en el paisaje sino también en el paisanaje; degustar su gastronomía en la que no hemos percibido nada autóctono; y hasta de unos momentos de asueto en uno de sus contados locales de ocio nocturno, conocidos como Tej Bete, casas de Tej.






Dónde hemos podido degustar el TEJ, considerado como el vino etíope. Una  especie de “hidromiel”, elaboración realizada en base a la miel local, el producto alimentario altamente apreciado en el resto del país, fermentada con agua y con ramas y hojas de un espino llamado gesho.
Y disfrutar de los bailes de los animadores del establecimiento, basados en sorprendentes e increíbles  movimientos de los hombros, característica de la etnia amara, casi imposibles de seguir por los occidentales.
Tej, el vino de miel etíope.





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** Guía en Etiopía: Eshetu Fanta. Email: salvavidas.fanta@gmail.com Teléfono: +251 911603107
** Fotos no firmadas, cedidas por compañeros de viaje.


“Llegar a Lalibela es trasladarse al más allá. La pequeña ciudad, el secreto mejor guardado de África, se parapeta entre estrechos barrancos, escarpadas colinas y un paisaje lunar repleto de pequeños poblados circulares de paja”. Javier Martínez Reverte ( 1944 -) viajero, periodista y escritor español.

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