miércoles, 13 de mayo de 2020

Chat, el oro verde etíope.

Droga vegetal, calificada como “hojas del paraíso”, uno de sus orígenes es Etiopía, su mayor productor y exportador del mundo, siendo el cuarto producto a nivel de ingresos del país.

La Cathaedulis, perteneciente a la familia de las Celastraceae, es un árbol de hojas perennes, que llega a alcanzar los 20 metros de altura, cuyas flores surgen en racimos, similares al perejil, con frutos que contienen semillas.
Árbol frondoso, muy parecido al del té, originario de zonas tropicales del considerado Cuerno de África, es conocido con diferentes nombres. En Etiopía, dónde algunos ubican su origen, se denomina CHAT o KHAT. Otras denominaciones que recibe en otros países, son: cat, qat, jat tshat o miraa, por ejemplo.






Estimulante vegetal, es la planta con las propiedades psicoestimulantes más potente que se conoce hasta el momento. Sus principios activos son la catina y catinona, ambas derivadas de la fenetilamina, cuya composición química y efectos son prácticamente iguales a las anfetaminas.
Se le atribuyen contenidos como el calcio, el hierro, magnesio y diferentes vitaminas, así como azúcares y taninos.
De propiedades adictivas similares a las de la cafeína. Sus efectos principales son la estimulación del sistema nervioso, creando una sensación de estimulación y euforia a nivel psíquico y reduce el apetito. Otros efectos relacionados con su consumo, son la agresividad, ansiedad, confusión temporaria, insomnio, relajación, así como el empeoramiento en problemas mentales preexistentes, hepáticos y cáncer de boca.
Su consumo se debe de realizar en fresco, ya que su hoja comienza a secarse a los dos días de ser cortada. También se seca al sol, y posteriormente se consume hervida.
En 1980 la Organización Mundial de la Salud la calificó como una droga blanda,  y la ONU en 1985 la evaluó al nivel de la cocaína, si fuera asequible. Legislativamente está prohibida en Estados Unidos, Canadá, China y prácticamente en todos los países de la Comunidad Europea.




En Etiopía, país en el que se dan unas condiciones climáticas ideales para su desarrollo, no se considera una droga, es inherente a su cultura, goza de la máxima aceptación social. Es más bien un ritual, como puede ser el del café. 
El café en Etiopía. Leyenda, rito, ceremonia y hospitalidad.

Antiguamente se usaba como mecanismo para rebajar tensiones en casos de conflictos. Su uso es común en rituales –como bodas y funerales-, fines espirituales, como pasatiempo, para concentrarse en los estudios o para engañar al estómago.
Como “droga social” su consumo se realiza en múltiples sitios, en públicos mayoritariamente por los hombres, ya que las mujeres pueden venderla, pero su consumo no está bien visto. Existen locales, las casas de Chat (Chat Bette), habilitadas para reunirse y consumirlo, y en los principales mercados dónde se comercializa, cuentan con un espacio específico.
Es un ritual que dura horas, los consumidores no tienen prisa, se acompañan con líquidos ya que da mucha sed, en muchos casos incluye la ceremonia del café. Para su consumo, se debe de limpiar con la yema de los dedos sus delicadas hojas, arrancarlas, introducirlas en la boca y masticarlas. Cuando se mastican sueltan un líquido de sabor amargo y para su aprovechamiento se va almacenando en un lateral de la boca.
Sin embargo el valor del Chat en Etiopía va mucho más allá de su consumo, se puede considerar su ORO VERDE, siendo calificadas por algunos como las “hojas del paraíso”. Su producción supone un mercado millonario, al ser el país más exportador del mundo, principalmente a sus países vecinos de Sudán, Somalia y Yemen, y a otros países del Golfo Pérsico. Es su cuarto producto, a nivel de ingresos, por detrás del café, las semillas oleaginosas productoras de aceite y el oro, cuya mina de Asosa está considerada la más antigua del mundo y una de sus mayores reservas.
Con motivo de un viaje que hemos realizado a Etiopía en febrero de 2020, en una aldea de la etnia Konso, en el Sur etíope, aunque las mayores producciones están en el Este, en concreto en Harar y Dire Dawa, y siendo conocedor de su existencia, con la intercesión de nuestro guía y cómplice Eshetu, este adquirió un ramillete de hojas.
Como bien dice el refrán “dónde fueres haz lo que vieres”, y no era cuestión de estar en Etiopía y dejar de percibir la sensación de masticar esas hojitas del paraíso. Experiencia sin más, masticar hojas no es algo que me seduce, ingerir drogas tampoco, por eso las mastique durante unos minutos, insuficientes para que me pudieran transmitir algún tipo de sensación. El objetivo era conocer la sensación que se podía percibir siendo un poco rumiante. Sensación extraña, incomoda para la dentadura, siendo el liquido que se iba desprendiendo amargo, que me llevo a recordar lejanamente el sabor de las avellanas y almendras amargas. Pero, como también dice el refrán, “una y na más”.







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“Y mi posada era la Osa Mayor”. Jean Nicolás Arthud Rimbaud (1854-91) poeta francés, que vivió temporadas en Harar y era consumidor de Chat.


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