viernes, 8 de mayo de 2020

Los monasterios coptos de la península de Zeghe, en Etiopía.

Forman parte del conjunto construido en el entorno del lago Tana por ermitaños cristianos, entre los siglos XIII y XIV. Para el que suscribe, merecedores de ser declarados Patrimonio de la Humanidad.

El Estado de Amara, está situado en el altiplano etíope, con altitudes que van desde los 700 a los 4.620 metros, su extensión es de 161.828 kilómetros cuadrados, su lengua oficial es el aramiña y su población, perteneciente mayoritariamente a la etnia amara y practicantes del cristianismo copto, supera los 28.000.000 de habitantes.
En ella se consolidó la unidad de Etiopía, desarrollada durante la época imperial, al ser la zona elegida por los emperadores para establecer en ella su corte entre los siglos XV y XIX.
Su capital es Bahar Dar, que en amariña significa “a la orilla del mar”, al estar situada a píe del lago Tana. Históricamente es una de las ciudades más importantes, siendo considerada como una de las modernas y ordenadas de las mismas.
Bahar Dar, confluencia de naturaleza, historia y modernidad.

El lago Tana, es el más grande de los muchos existentes en el país, y el décimo del continente africano. Situado a una altitud de 1788 metros, cuenta con 85 kilómetros de largo por 65 de ancho, una superficie de 3600 kilómetros cuadrados y una profundidad máxima de 14 metros.
Con una curiosa forma de corazón, en él confluyen aguas de más de 60 ríos, y en el nace el río Nilo Azul. Auténtico mar interior de agua dulce, en un país sin mar, cuenta con cerca de cuatro decenas de islas e islotes, algunas no habitadas, cuyo número exacto varía según el nivel del lago y las diferentes interpretaciones de geógrafos. Y en sus orillas se encuentran las penínsulas de Górgora, Mendabba y Zeghe.





Está última, se encuentra en su orilla suroeste, a unos 20 kilómetros de Bahar Dar,  compuesta por un denso bosque tropical, principalmente de café, la planta endémica del país dónde fue descubierta.
El café en Etiopía. Leyenda, rito, ceremonia y hospitalidad.






Las islas y penínsulas albergan más de 20 templos y monasterios, fundadas por ermitaños cristianos, levantados desde mediados del siglo trece a principios del catorce, considerados únicos en el mundo.






Pos su aislamiento geográfico y su difícil acceso, estos monasterios sirvieron de refugio en el siglo XIV en el que el caudillo musulmán Ahmed Ibn Ibrahim Ghazi, el zurdo, invadió el país, siendo derrotado en 1543 en Wrine Dega, cerca del lago.






Prácticamente todos los monasterios, aunque la conservación de algunos de ellos no es la más apropiada, están habitados por monjes, e incluso algunos exclusivamente por monjas.





Suelen ser de planta circular e interior en forma de cubo, cuyos interiores guardan impresionantes pinturas, así como diferentes reliquias monásticas, manuscritos y libros de la época de su fundación. E incluso algunos albergan tumbas de emperadores etíopes.





Con motivo de un viaje turístico humanitario realizado en febrero de 2020, hemos tenido la posibilidad de visitar Bahar Dar, el lago Tana y la península de Zeghe. Desde Bahar Dar la única posibilidad de llegar a la península es a través de una embarcación, tardando una hora aproximadamente en llegar.
Antes de arribar, se pasa por delante de dos diminutas islas. En la primera está el monasterio de Entors Eyesus, la “iglesia de Jesús”, habitado por mujeres. En la segunda está Icebran Gabriel, la “la divinidad de San Gabriel”, habitado por varones. Ninguno de los dos es visitable, siendo dificultoso el acceso a las islas.






Zeghe está habitada por una población que apenas llega a los 10.000 habitantes, que viven del turismo y la agricultura. La península, no está exenta de la típica leyenda etíope. 




Está cuenta que el misionero padre Yohnis, que vivía en la cercana Gondar, fue a la misma al ser conocedor que sus habitantes creían en una divinidad mitad hombre y mitad serpiente. Al llegar comprueba que es cierto, que no creen en Dios, se presenta como un embajador de él, se enfada y ataca a la teórica divinidad con un bastón y una  cruz, acabando con su vida. A pesar de ello seguían sin creer y convertirse, por lo que rompe la cruz en trozos, que esparce por la isla, naciendo los árboles del café, la lima y el papiro, los más abundantes en la isla.






A la llegada, en el pequeño embarcadero está una caseta, una especie del fielato español de inicios del siglo XX, en el que hay que pagar para poder estar en la península. 





Luego en cada monasterio, también hay que abonar la pertinente entrada.





En Zeghe llegó haber siete monasterios, de ellos están en píe cinco: Ure Kidane Mihret, Azuwa Maryam, Bete Maryam, Mahal Giorgis y Yiganda Tekle Haymanot. Cuya creación está asociada “siete estrellas”, referida a los siete santos que fueron los pioneros en la evangelización de la región.






El principal, considerado uno de los más impresionantes de todos los existentes en el entorno del lago, y posiblemente el más visitado es Ure Kidane Mihret, que significaría la “promesa de la Virgen María”, aunque también como “Nuestra Señora de la Misericordia”.






El cenobio está situado en lo alto de la parte izquierda del embarcadero. A él se accede por un camino pedregoso ladera arriba, en un entorno tropical vegetal y floral tupido exuberante, salpicado de puestos de afanados vendedores y de niños pedigüeños. 






Que por un lado hacen más llevadero el trayecto, pero por otro más agobiante.





Puestos con lo más variopinto, elaboraciones artesanales endémicas del lago, pero también otras exógenas.






Predominando las de simbología religiosa, como cruces, pinturas, pañuelos y otros, algunos de ellos parece ser hechos por los monjes que allí habitan. Y otros por artistas que mostraban su arte y los materiales con los que lo elaboran.





No faltando las miniaturas de los “tankwas”, las embarcaciones con las que surcan el lago desde tiempos inmemorables.
Las Tankwas, las embarcaciones etíopes de papiro.






Ni la posibilidad de tomar un café, con su correspondiente -aunque modesta- ceremonia del café.






El monasterio es el epicentro del conjunto del convento de la Misericordia, construido en el siglo XIV durante el reinado de Amda Seyon I, y reconstruido en el siglo XVI. No hace muchos, también tuvo una reconstrucción, ya que su tejado actual está hecho con materiales actuales, lo que contrasta estéticamente.






Virgen María, es la traducción de la Kidane Mehret, que para los cristianos ortodoxos significa el “pacto de la Misericordia”, cuyo nombre procede de la promesa realizada por Jesús de perdonar todos los pecados a todos aquellos que pidieran a la Virgen que intercediera por ellos. De ahí el nombre del conjunto monástico.







Su estilo arquitectónico, responde al estereotipo de la iglesia cristiana ortodoxa etíope, de planta circular y techo cónico, construida con argamasa de barro y paja de tef. Su primigenio techo, de paja de tef, es en la actualidad metálico.






Su pórtico se divide en tres entradas, una para los sacerdotes, otra para los varones y otra para las hembras. En su interior, está prohibido el uso de calzado.





El interior del círculo se transforma en un cubo, denominado “maqda”. Es el santuario interior, al que sólo accede el sacerdote encargado de la custodia de la réplica del Arca de la Alianza que guardan todas las iglesias ortodoxas.






Cubo, cuyas paredes exteriores están íntegramente cubiertas por murales policromados, del suelo al techo, alrededor del cual se realiza la liturgia y las celebraciones religiosas, al estar su acceso vedado a los ojos humanos.






Pinturas realizadas sobre telas de algodón, colocadas y pegadas sobre las paredes de barro y paja.






Obras que alternan con otras realizadas directamente sobre la madera e incluso sobre la argamasa.





Cercanas a las puertas del cubo, y en los pasos que delimitan el círculo, otras están realizadas en hornacinas, unas abiertas y otras cerradas.







Las pinturas multicolores representan la historia de la iglesia ortodoxa. Reflejan, al detalle, lo que escrito en los textos religiosos.






Escenas bíblicas, episodios del Viejo y Nuevo Testamento, el juicio final, la vida de María, la de Jesús, la de los mártires y santos, están en ellas representados.






En el interior del circulo, que tiene unos dos metros de ancho, cuyo suelo está totalmente cubierto por mantas y similares, hay una buena colección de útiles e instrumentos que se usan en las ceremonias.






Etiopía es un país de leyenda, en el que la religión ha tenido mucho que ver. Y algunos de esos útiles e instrumentos, no están exentos de ellas. Por ejemplo los enormes tambores, cuyos parches o membranas representan el Viejo y Nuevo Testamento.






Aunque otros son eminentemente prácticos, como los muchos bastones esparcidos en el recinto. Sus misas tienen una larga duración, algunas superan las cuatro horas, y al no existir asientos en el recinto, se utilizan como apoyo para el descanso.





El cenobio se complementa con un museo, en una casa anexa datada en el siglo XVII, dónde están depositadas túnicas que utilizan los monjes en sus ceremonias, vestimentas reales de varios emperadores, libros y manuscritos antiguos y algunas de las joyas en oro  y plata, –coronas, cruces procesionales y tambores- de la época de la construcción del monasterio, algunas parece ser pertenecientes a emperadores.






Realiza la visita al monasterio, no así al museo, del que desconocíamos su existencia, y probablemente la premura de tiempo y la prudencia de nuestro guía, hizo que no fuese mencionado, tocaba volver desandar el recorrido realizado.





Por el lado derecho del embarcadero al que arribamos, me imagino que habrá más, se llega al segundo monasterio visitado, más cercano que el anterior. El llamado Azwa Maryam, que traducido significaría “la Virgen María”.







Considerado como complemento del Ura Kidane Mihret, edificado en misma época y mismos materiales, conserva su original tejado de paja de teff, el cereal endémico de la región y la estructura que lo soporta.





Obviamente mantenido, ya que en este tipo de tejados vegetales, la cubierta es necesario cambiarla cada tres ó cuatro años. 





Construidos con los mismos materiales, su interior es idéntico al anterior, un círculo que acoge un cubo interior, cuyas paredes están totalmente cubiertas por pinturas.






Pinturas con pasajes bíblicos, cuya temática incluye más escenas trágicas y de torturas, con el infierno como transfondo.






Ahogamientos, ahorcamientos, amputaciones, decapitaciones o lapidaciones, son escenas que se repiten en los frescos.







En el que el mil veces repetido San Jorge, patrón de Etiopía y omnipresente en las iglesias, no deja de estar presente.





Ambos monasterios, también tienen en común que su techo, en forma de campanario, está coronado por una estructura con siete huevos de codorniz. Iconografía de los 7 cielos, inspirado en este ave que nunca deja el huevo sólo mientras en su incubación.







Recintos vallados, en los que los monjes llevan una vida monástica dedicada a la oración, para nada fácil, sin apenas contacto con el mundo exterior,  en la que subsisten con sus pequeños huertos y árboles, cuyos frutos son visibles y dónde pudimos ver el fruto del café y su secado.
El café en Etiopía. Leyenda, rito, ceremonia y hospitalidad.






Monjes, que parecen formar parte del decorado, integrados en el conjunto. Estratégicamente ubicados, quietos, inmunes, con su única indumentaria, su túnica y sus objetos religiosos, observando, leyendo, solemnes, afables y dispuestos.





Llamativas nos resultaron las campanas utilizadas para el llamamiento a la oración y tareas. En uno compuesto por una enorme piedra y en el otro por dos, que son tocadas con otras piedras minúsculas.







La visión fue fascinadora. El extravagante y desbordante bosque de manglar y los cultivos de la península, rodeada del inmenso lago, ya es bien merecedor de una sosegada visita. Las ganas de “patearlo” en su totalidad me invadieron.





Los cenobios no sé como calificarlos, cualquier calificativo que realice posiblemente se quede corto. El patrimonio religioso, en general, es una de mis debilidades arquitectónicas y artísticas. Quizá por ello, quizá por la sensación de estar en otro mundo, en un tiempo inmemorial. O porque en las diferentes lecturas y fotografías vistas, no me transmitieran su valor, o es que realmente su difusión no es lo merecedora que yo considere, sólo puedo afirmar que su visión me resulto impactante.  





De sus pinturas, aparte de su elaboración, son bonitas y coloristas, sus brillantes colores inundan el ambiente, sorprende su nivel de conservación, muchas de ellas parecen recíen pintadas.






Muestran las escenas bíblicas con tal detalle que sobran las palabras, a través de su visión se capta el contenido de los textos religiosos. Sin duda la mejor forma de enseñar la religión a los analfabetos etíopes de la época y aún a los muchos existentes a día de hoy.





Su estilo me ha recordado al “naif”, basado en colores brillantes, autodidactismo, espontaneidad y, para algunos, ingenuidad. En teoría nace en Francia a finales del siglo XIX. Viendo lo visto, uno ya duda. La historia, historia es.





El único “pero” que les pongo, es el tejado del primero de ellos. Me es difícil de entender el porqué de su sustitución, cuando los primigenios son tremendamente eficientes, están integrados en el entorno y son testigos mudos de un estilo arquitectónico único.





Estos monasterios, y todos los levantados en el entorno del lago Tana, fueron dados a conocer en la década de los años treinta del siglo veinte, cuando las tropas italianas invadieron brevemente –tres años- territorio etíope. Para mi ello explica que estas joyas arquitectónicas hayan llegado hasta nuestros días.





Considero, finalmente, que conociendo sólo dos de ellos, su conjunto bien son merecedores de ser declarados Patrimonio de la Humanidad. Sería una buena forma de dotarles de una protección y de unos medios de conservación, que permitan el disfrute de su visión para próximas generaciones. Etiopía es de los países que más reconocimientos tiene, sin duda todos ellos merecidos, pero este no es menos. Para mi son auténticos tesoros de valor incalculable, cargados de historia y cuya desaparición no debe permitirse.





MÁS INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA. ARTÍCULOS SOBRE ETIOPÍA.


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** Guía en Etiopía: Eshetu Fanta. Email: salvavidas.fanta@gmail.com Teléfono: +251 911603107
** Fotos no firmadas, cedidas por compañeros de viaje.



“A media hora de Bahar Dar, se levantan los monasterios coptos de techos de paja que han sobrevivido desde la Edad Media, habitados por monjes que deambulan en torno a ellos, con la cruz en la mano y humeante incienso en la otra. En los murales del santuario, invadido por las ratas, desconchados por la humedad y la pudedumbre,  Cristo y sus discípulos etíopes aparecen representados como hombres blancos atendidos por mujeres santas medio desnudas. Sólo el diablo es negro”.  Alan Morehead (1910-83) periodista, corresponsal de guerra y escritor inglés.

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