domingo, 17 de mayo de 2020

Debre Birhan Selassie, la iglesia etíope de los 80 querubines.

Situada en Gondar, construida a finales del siglo XVII, es una de las referencias del arte bizantino africano, declarada Patrimonio de la Humanidad.


A la actual Amara,  uno de los ocho Estados que junto con tres Ciudades Autónomas está vertebrada la actual República Democrática Federal de Etiopia, pertenece Gondar, capital imperial desde 1632 hasta 1885.
Situada  a los píes de las montañas Simien, al norte del lago Tana, a una altitud de 2133 metros, cuenta con una población estima de unos 750.000 habitantes.
Referencia histórica y turística, su imponente y maravilloso conjunto imperial de estilo medieval “Fasil Gebbi”, complementado con los baños del emperador Fasilidas y el monasterio de Debre Birhan Selassie, gozan todos ellos de la declaración de Patrimonio de la Humanidad desde 1979.





Los emperadores que gobernaron desde Gondar, pasaron a la historia por ser grandes impulsores de obras civiles, militares y religiosas, que se ha denominado estilo de Gondar o gondoriano. En el que sobre la base local axumita, se integraron las influencias de estilo barroco europeo introducido por los misioneros portugueses en los años anteriores y las técnicas arquitectónicas indias aportados por los maestros constructores llegados de Goa con los misioneros.
Además en ella se produjo un nuevo y destacado desarrollo de la historia del arte cristiano. Las pinturas religiosas que cubren las paredes y los techos de las iglesias, de los monasterios, las páginas de los libros sagrados, etc, han sido definidas como arte bizantino africano, que llegó desde Constantinopa siguiendo las huellas del cristianismo en el siglo VI. Basado en reflejar hechos de la historia sagrada y de la vida de santos y mártires. En Gondar se sumaron la aparición de las figuras de los reyes con sus coronas imperiales, reinas con sus collares, caballos con sus sillas y estribos, y soldados con lanzas y escudos, todos con sus elementos etíopes diferenciadores.
Los emperadores gondorianos, también destacaron por su interés en la construcción de iglesias. En cuarenta y cuatro, se estiman las construidas en los dos siglos y medio en el que la corte estuvo allí asentada.
La guerra manhdista (1881-99) entre Egipto y Sudán, afecto directamente a Etiopía, ya que las tropas musulmanes sudaneses atacaron sucesivamente Gondar, al estar en la ruta comercial creada a través del río Nilo. Guerra que supuso, entre otras, graves consecuencias la muerte del emperador Negusa Nagast (Juan IV) y la destrucción de casi la totalidad de las iglesias cristianas en la entonces capital imperial.
A un kilómetro al noroeste del actual centro, se encuentra el monasterio e iglesia de DEBRE BRIAHN SELASSIE, cuya traducción del amariña sería “Trinidad en el monte de la Luz”, la única iglesia de la capital y su entorno que se libró de los ataques musulmanes.






Construida a finales del siglo XVII, en el año 1690 por el emperador Iyasu I sobre una colina, quien originariamente construyó un templo circular, algunos de cuyos restos aún están en píe en el cenobio, en el lateral derecho de la actual iglesia, que fue levantado a inicios del siglo XIX.




Etiopía es un país de leyenda, raro es el acontecimiento histórico que no tenga la suya. Y Selassie, como es conocida, no está exenta. Esta pasa por que aún está en píe, habiéndose salvado del ataque musulmán del año 1888, al ser defendida por las abejas que vivían en su entorno que atacaron a los soldados mahdistas.




La iglesia, que  fue la más importante de la ciudad, acogiendo varios funerales reales, pasa en la actualidad no sólo por ser la más bonita de la ciudad, sino también de todo el país, así como ejemplo único del arte bizantino africano. Un arte muy presente en un país cristiano que durante milenios estuvo separado del resto de la cristiandad, rodeado de países en los que imperó e impera la religión musulmana.





El cenobio, cerrado sobre sí mismo por gruesos y altos muros, jalonado por trece torretas. Doce  que representan a los doce Apóstoles, y la principal, puerta de entrada al recinto, que representa a Jesús, más grande y cuya forma fue diseñada para recordar al león de Judá.







Recinto que se complementa con un rico jardín botánico, con diferentes especies, como enebros gigantes y olivos, en el que anidan y viven un amplio número de especies de pájaros.






Su estética rompe con la tradición de las iglesias cristianas coptas, que en su práctica totalidad son de planta circular, con un cubo interior.





Rectangular, con paredes de piedra y puertas arqueadas repartidas por todas sus caras, que complementa un elevado número de ventanas.







Su techumbre, de paja y dos niveles, está coronada con la clásica estructura copta con los siete huevos de codorniz. 






Iconografía de los siete cielos, inspirado en el ave que nunca deja el huevo sólo mientras incuba.





Impresionante y espectacular, pueden ser los dos mejores calificativos que se pueden dar a su interior. Todo él está cubierto con pinturas, realizadas entre los siglos dieciocho y diecinueve. Auténtico universo de colores y símbolos religiosos que lo envuelven todo.






Sin autor definido, en ellas se reflejan diversos sucesos bíblicos que acontecieron en la vida de Jesús, de la Virgen María, de la Santísima Trinidad, de los mártires, del omnipresente patrón etíope, San Jorge con su caballo blanco e incluso de su impulsor, el emperador Iyasu I.





Todos ellos miran de frente, mientras los villanos se representan de perfil. No faltan las representaciones del demonio, siempre de negro, incluida una en la que guía a Mahoma.





Las figuras y la decoración, responden al llamado “segundo estilo gondarino”, que abarca aquellas obras realizadas en la ciudad a partir de 1769, en el que concluyen las obras inspiradas por el emperador fundador de la ciudad Fasiladas.





Pinturas muy realistas, realizadas sobre lienzos pegados a la pared y no directamente sobre la misma. Descriptivas de secuencias, fluidas,  muy coloridas, sobre fondos suaves y luminosos, con luces y sombras para resaltar las mismas.





Con predominio de lanzas, espadas y escudos, en su decoración tienen un peso predominante las vestimentas e incluso la joyería.





Su suelo está cubierto por viejas y desgastadas alfombras y esterillas. Al fondo de la nave, se abren dos arcos que dan acceso al makda o sancta sanctórum, que guarda la copia del Arca de la Alianza.





Encima de ellos, unas pinturas representan a la Trinidad, a través de tres ancianos barbudos exactamente iguales.





Sin embargo lo más llamativo, diferencial, destacable y célebre de Selassie, es su techumbre, que se ha convertido en uno de los símbolos del país y una de sus imágenes más reproducidas. 






Espectacular techumbre, totalmente cubierta que simboliza un cielo de querubines,  obra que se atribuye al pintor etíope Haile Meskel, de referencia en el siglo XVII.





Compuesta por ochenta cabezas de ángeles alados, querubines de grandes ojos –a los que la tradición atribuyen poderes especiales- que miran hacia todas las direcciones, y que representan la omnipresencia de Dios.







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“Caras de ángeles que escudriñan con ojos enormes cada rincón de la iglesia y cada movimiento de los visitantes. Que nos miran, unos de reojo, otros de frente y hasta de soslayo. Es el cielo que todo lo ve.”. Joaquín Lorenzo Moreno, escritor español, en su obra de “Abisinia a Etiopía.


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