domingo, 12 de septiembre de 2021

La Torera, escultura en Oviedo.

Ubicada en el parque San Francisco, representa a Josefa Carril pionera femenina de la fotografía, es obra del escultor Mauro Álvarez Fernández.

Oviedo, tercera capital del reino de Asturias, y por tanto en su momento de España, ostenta la capitalidad del Principado de Asturias, estando ubicado en el centro neurálgico del mismo.

Vertebrado en 30 parroquias, su extensión es de 186,15 kilómetros cuadrados, se encuentra a una altitud de 227 metros sobre el nivel del mar, resguardado por el monte Naranco al norte, y la sierra del Aramo al sur, y su censo poblacional es de 220.406 habitantes –censo de 2020-.

Oviedo es una ciudad repleta de magia, la vieja dama del norte de España renueva cada día su encanto. Si algo la define es el exquisito cuidado de todos sus rincones. Visitarla y recorrerla es una aventura apasionante, la alta peatonalización de sus calles –tanto del centro como de barrios- permite al visitante el disfrute de parques, edificios, plazas, esculturas, fuentes, rincones y sobre todo gentes, y todo ello enmarcado en una máxima limpieza que le ha valido para ser galardonada en diferentes ocasiones como la ciudad más limpia de España.

Moderna y vital, pero repleta de historia, sus doce siglos de historia le permiten atesorar un patrimonio artístico como pocas ciudades españolas. Sus íconos monumentos del arte prerrománico, declarados Patrimonio de la Humanidad, se complementan con múltiples edificios civiles y religiosos, como la Catedral, componiendo un paisaje urbano al que complementan monumentos conmemorativos y esculturas.

Paisaje que se ha visto incrementado notablemente en las dos últimas décadas, debido al auge de esculturas que proliferan por todos sus rincones. Más de ciento cincuenta esculturas y monumentos, muchas en tamaño natural a píe de calle,  la convierten en un museo abierto e interactivo las veinticuatro horas, símbolos inmortales y representativos de la ciudad, susceptibles de ser tocadas, abrazadas y fotografiadas.

En el centro neurálgico de la ciudad, se encuentra el parque de San Francisco, pulmón de la ciudad, creado en el año 1534 aprovechando los terrenos del convento de San Francisco datado ya en el siglo XIII, que ocupa una extensión de más de 90.000 metros cuadrados, de los que 55.000 son zonas verdes que incluyen 955 ejemplares de árboles.

En la avenida de Italia, que cruza en ángulo de 45 grados el parque desde la calle Uría hasta el paseo del Bombé, en su inicio se ubica desde mayo de 2002 una de las peculiares y fotografiadas de la ciudad, la conocida como “La Torera”.




Obra del escultor ovetense Mauro Álvarez Fernández, de estilo realista y realizada a tamaño natural en bronce, es un homenaje a la popular fotógrafa ovetense Josefa Carril, pionera de la fotografía profesional en el Principado de Asturias.




Quien junto a su marido, el también fotógrafo Antonio Hernández, ejercieron el oficio de minuteros, fotógrafos ambulantes cuya herramienta de trabajo era la cámara que dio nombre a su profesión: la minutera. Llamada así porque para realizar la fotografía se necesita que el cliente permaneciera inmóvil durante un minuto frente al objetivo. Fotografía que revelaban sobre la marcha utilizando diversos productos químicos con agua que tenían en un cubo colgando del trípode, y que entregaban en apenas 10 minutos en papel Afga.




Pareja que inmortalizaron a todo de viandantes que se acercaban al parque y al lugar dónde ambos ejercían su trabajo en las décadas de los cuarenta y cincuenta del siglo pasado, el mismo dónde se levanto la escultura en su honor.




El conjunto escultórico compuesto de varias piezas, representa con un realismo total la actividad profesional de la protagonista. La principal representa a una Josefa corpulenta y sonriente como la describen quienes la conocieron, que introduce uno de sus brazos en la manga negra por donde se manipulaba en el mini-laboratorio. Junto a ella su inseparable cámara fotográfica minutera y el trípode, del que cualga el cubo de agua, una silla y un caballito.




Representada está la indumentaria su indumentaria habitual, la bata larga y negra y la toquilla de lana imprescindible en los duros inviernos, así como las “manoletinas taurinas”, su calzado habitual y base del mote con el que eran conocidos.




La silla hace referencia al sitio donde se sentaban los clientes para su inmortalización. Mientras que el caballo lo hace al de que ellos tenían de cartón, donde se sentaban los niños manteniéndolos distraídos el minuto requerido para fotografiarles.  




Salvando las distancias en el tiempo, la obra de Mauro Álvarez, sigue cumpliendo su cometido ya que cada día son muchos los que se sientan en la silla o en el caballo, o en ambos, y se inmortalizan junto a una mujer cuya faceta profesional y el porque de su ubicación es prácticamente desconocido para la mayoría de ellos.

 

MÁS INFORMACIÓN COMPLEMENTARIA. Pinchar enlaces.


CATEDRAL DE SAN SALVADOR.

ESCULTURAS EN OVIEDO.

OTROS.

 

“Hay personas silenciosas que son mucho más interesantes que los mejores oradores”. Benjamín Disraeli, conde de Beaconsfield (1804-81) aristócrata, político y escritor inglés.

 

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