jueves, 19 de enero de 2017

Castrillo de los Polvazares, prototipo de pueblo maragato.

Perteneciente al municipio leonés de Astorga, está declarado Conjunto Histórico-Artístico.


Al oeste de la provincia de León se extiende la comarca de la Maragatería, cuya capital es Astorga. Caracterizada por la extrema desnudez y dureza de su paisaje, que permaneció durante siglos socialmente cerrada sobre sí misma, pese a la habitual ocupación viajera de sus tradicionales pobladores, en su mayoría arrieros.  Comarca que ha mantenido hasta nuestros días algunas de sus muchas costumbres peculiares y su rico folclore, además de una arquitectura popular característica.









De entre los muchos pueblos que la componen, se puede considerar a Castrillo de los Polvazares, como el prototipo de la comarca, el que mejor atesora su espíritu. Ubicado a 850 metros de altitud, es uno de los cuatros pueblos que componen el municipio de Astorga, de la que dista cuatro kilómetros.










Estructurado en espaciosas calles empedradas, no asfaltadas, con casas y caserones de los siglos XVIII y XIX, muchos de ellos blasonados, es posiblemente el núcleo urbano más hermoso de la comarca, manteniendo su estructura original de tiempos pretéritos. 








Siendo declarado en 1980 por su singular conjunto urbanístico y su valor monumental  Conjunto Histórico-Artístico, transcurriendo por el mismo el Camino de Santiago francés.









Sus habitantes fueron los llamados arrieros maragatos, que comercializaban con vinos, salazones de pescado, embutidos, productos de secano y muchos otros bienes, transportando al interior desde la costa gallega y viceversa, al estar situada la comarca en un punto estratégico en las comunicaciones del interior y Galicia. Actividad está que entro en decadencia con el funcionamiento del ferrocarril, y su llegada a Astorga a mediados del siglo XIX.








Aunque en él flota un ambiente de cierta sensación de escenario premeditadamente preparado y en exceso uniforme, su rica arquitectura popular no es discutible, con casas de dos pisos, de piedra rojiza o de sillería y mampostería, con techumbre de teja y algunas de pizarra y provistas de anchas entradas con portalones adintelados y ventanas de vivos colores que le dan un peculiar contraste cromático.








Sus viviendas, denominadas casas arrieras, se estructuraban en función de la actividad que practicaban sus habitantes y los medios que disponían para ello, de ahí la peculiaridad forma de ciertos portones adaptados para permitir el paso de carros y otros elementos de transporte, patios interiores, cuadras y algunas bodegas.








Sus dos principales activos económicos en la actualidad, son el turismo y la artesanía. Siendo la localidad la más popular para la ingesta del cocido maragato, emblema de la gastronomía maragata, cuya singularidad radica en que su servicio es al revés que del resto de los cocidos, es decir, primero las carnes con el relleno, después los garbanzos con el repollo y por último la sopa.








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“Los detalles no son los detalles. Los detalles son el diseño”.  Charles Eames (1907-78) arquitecto, diseñador y director de cine estadounidense.




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