domingo, 12 de noviembre de 2017

Teruel la capital del mudéjar y del amor.

Asociada al jamón, a los amantes; el “tórico” de la plaza y las majestuosas torres mudéjares, símbolos y el orgullo de los turolenses.


Teruel, capital de la provincia de mismo nombre, se encuentra situada en el sur de Aragón, en la zona centro-oriental de España, en un importante nudo de carreteras entre el Cantábrico y el Levante. Ubicada a 912 metros de altitud, es la capital de provincia menos poblada de España, con un censo poblacional en 2016 de 35.668 habitantes.
Erigida en lo alto de un espolón, en el punto de confluencia de los ríos Guadalviar y Alfambra, que unidos, a partir de aquí reciben en nombre único de Turia, la capital turolense es la más joven de las tres cabeceras provinciales aragonesas, ya que su nacimiento como núcleo de importancia hay que datarlo en el momento preciso de la Reconquista. Hasta entonces había sido una modesta aldea, poco atractiva por su altitud y su clima a los inquilinos musulmanes. Sin embargo, sus más directos herederos, los mudéjares, escribieron en ladrillo la más hermosa página de la historia turolense, ésa precisamente por la que la ciudad es hoy, con justicia, Patrimonio Cultural de la Humanidad.
La leyenda cuenta, que la villa se levantó en 1171 por el rey de Aragón, Alfonso II, en el lugar dónde fue avistado un astado con los cuernos ardiendo, hecho acaecido después de una batalla en la que los cristianos derrotaron a los musulmanes. Rey que la doto de fueros y privilegios para reforzar y facilitar al repoblación de la zona meridional del reino, siéndole concedida el título de ciudad en 1347 por Pedro IV el Ceremonioso.
Entorno medieval prácticamente inalterado a lo largo de los siglos, que ha permanecido impasible al desarrollismo reciente de España, cuenta con restos de murallas, sobre las cuales las torres hacen de atalaya, escalinatas, recoletas plazas, evocadores barrios de ambientes judíos y moriscos, jalonados de iglesias góticas, y edificaciones mudéjares y modernistas que sorprenden al viajero.
Las comunidades judías y mudéjares, alcanzaron considerable importancia dentro de su vida social y económica, desde que se consolidaran sus aljamas hacia finales del siglo XIII, destacando el caso de su Judería, barrio que conserva todavía su topónimo, y en el  que se han localizado abundantes restos arqueológicos.
Teruel es la explosión del mudéjar, nacido de las tierras conquistadas a los musulmanes, cuyos alarifes –arquitectos- levantaron iglesias para los vencedores, utilizando magistralmente ladrillos de barro cocidos y piezas de cerámica. Arte que fusiona elementos musulmanes y cristianos resultando un estilo genuino, reflejo de la convivencia de culturas.







Lo más característico son sus torres: San Martín, San Salvador, San Pedro y la de la Catedral de Santa María de Mediavilla, auténticas filigranas de ladrillo, que dan una aire arabizante a la ciudad, que gozan de la declaración de Patrimonio de la Humanidad. Construidas entre los siglos XII y XVI y constan, en general, de varios cuerpos con aberturas de ventanas en la parte superior y con un arco ojival a nivel inferior, bajo el cuál a menudo pasa la calle.






Su centro neurálgico, punto de encuentro e ícono,  es la plaza del Tórico, recoleta plazuela porticada, con algunos interesantes edificios modernistas y en cuyo centro se levanta la fuente y el monumento al Tórico.








Construida en 1858, está presidida por una columna con un toro de pequeñas dimensiones en su parte superior, del que provendría el actual topónimo de la ciudad. Tratado en diminutivo dado su pequeño tamaño y erigido en honor del animal indisolublemente ligado a la ciudad y uno de sus orgullos y símbolos junto con la estrella, desde que Alfonso II el Casto tomo la ciudad a los moros en 1171, como bien luce en su base.



  





Al oeste de la plaza, parten las callejuelas que conducen directamente al principal monumento turolense: la catedral de Santa María de Mediavilla, conjunto de gran complejidad, fruto de ocho siglos de existencia, y cuya torre está a fecha noviembre 2017 en rehabilitación. En 1342 alcanzó el rango de Colegiata y en 1587 el de Catedral, creándose al mismo tiempo la diócesis turolense.






Reformada, al menos, en cinco ocasiones, el templo erigido en ladrillo y mampostería, consta de tres naves, divididas en cuatro tramos mediante arcos formeros apuntados,  con girola y capillas laterales. Iglesia parroquial, de fábrica románica con tres naves iniciada en el año 1171; su torre mudéjar se levanto en 1257;  en el siglo XVI se elevó  el cimborrio que cubre el crucero y a finales del siglo XVII se amplió con la girola que rodea el ábside.




Su portada meridional  en estilo historicista, estructura neorrománica y decoración neo mudéjar; el retablo mayor renacentista; el cimborrio octogonal de estilo mudéjar; sus capillas laterales con interesantes retablos; la reja y sillería del coro y piezas de mobiliario litúrgico, son algunos de sus elementos más destacables.





Su auténtica joya del templo, su techumbre mudéjar. Impresionante cubierta de madera que cubre la nave central, llamada la capilla Sixtina del arte mudéjar por su gran valor arquitectónico y pictórico.





De tradición almohade, armadura de par y nudillo con tirantes de vigas dobles, que descansan sobre canes, tiene 32 metros de largo y 7,76 de ancho, policromada con pinturas de estilo gótico lineal realizadas al temple sobre tabla, datada a finales del siglo XIII, y que se puede observar de cerca a través de los pasillos laterales del templo, a escasos metros de la misma.






En la plaza del Venerable Francés de Aranda, en el lateral derecho de la puerta del Obispo, entrada a la Catedral, se encuentra el palacio Episcopal. Edificio construido entre los siglos XVI y XVIII, que alberga el museo de Arte Sacro, que realiza un recorrido por riquezas de estilos románicos, góticos, medievales, renacentistas y góticos.







En la plaza de la Catedral, se encuentra el notable edificio del siglo XIX levantado sobre otro del XV, de tres plantas de altura, base cuadrada y obra de sillar, que alberga el consistorio de la ciudad.







De la plaza de la Catedral, a través de la calle Amantes, se accede a la mudéjar torre de San Martín e iglesia homónima, construida en 1315. Constituida por dos torres, una envolviendo a la otra, discurriendo entre ambas las escaleras de acceso al campanario. Su torre interior está formada por tres estancias superpuestas, mientras que la exterior está decorada con paños de ladrillo resaltados, lazos formando estrellas de ocho puntas, frisos de arcos mixtilíneos y arcos lobulados entrecruzados.



   




Al suroeste de la Seo turolense, se encuentra la también mudéjar, la torre e iglesia de San Salvador. Coetánea de la anterior, de la que la diferencia su bóveda de crucería en el pasaje que discurre bajo la misma y un mayor desarrollo de paños ornamentales, destacando en su iglesia el llamado Cristo de las tres manos.
Al este de la plaza del Tórico, en la antigua judería, en la plaza de los Amantes, se halla la iglesia de San Pedro, construida entre 1319 y 1392, sobre un primitivo templo románico. Iglesia-fortaleza, de nave única cubierta con bóveda de crucería, ábside poligonal y capillas laterales.



  




En su exterior destaca su ábside de siete lados y torre-puerta de 25 metros, de mediados del siglo XIII. En su interior, sorprende la decoración pictórica modernista-historicista de más de cinco mil metros cuadrados, realizada por Salvador Gisbert en 1896. Destacable es su retablo renacentista del altar mayor dedicado a San Pedro, realizado en el siglo XVI por la escuela de Gabriel Joli, en madera de pino tallada. Así como las capillas de la Inmaculada, Santa Bárbara y Sagrado Corazón.





Está última, barroca del XVIII, con cúpula sobre pecinas decoradas con esgrafiados de tipo vegetal, acoge desde el año 2005 el Mausoleo de los Amantes de Teruel, Juan Diego Martínez Marcilla e Isabel Segura. Monumento funerario compuesto por los sarcófagos y esculturas yacentes de los Amantes de Teruel, esculpidos en 1956 en alabastro por el escultor Juan de Ávalos





En la parte norte de la ciudad, en las proximidades de la muralla medieval, de las que se conservan los torreones de San Esteban, el Rincón, Bombardera y Lombardera, se encuentran otros edificios notables, como el castillo de Ambeles, de planta estrellada. Y el acueducto-viaducto de los Arcos, de 1537, principal acueducto renacentista español, que traía las aguas a la ciudad desde la peña del Macho, a cuatro kilómetros de la ciudad.
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Además, la ciudad conserva algunos edificios góticos, que tienen su mejor exponente en la iglesia de San Francisco, de 1392, con cabecera poligonal, de sillería y nave de cinco tramos. San Francisco, la Merced, San Miguel y San Andrés, son otras iglesias góticas destacables.







Fruto del predominio histórico mudéjar, es la Escalinata, que enlaza la ciudad con la estación del ferrocarril, realizada en 1921 con recursos mudéjares combinados con elementos modernistas y decorados con un relieve de una escena de los Amantes de Teruel, perfecto resumen de la imagen de la ciudad. 
Su casco urbano está salpicado con una importante arquitectura modernista, donde lo decorativo y lo funcional se funden en perfecta asociación en ese estilo imaginativo y sugerente, provocado por la existencia de una gran burguesía con gran poder económico y por artesanos de gran valía, que tuvo en el arquitecto Pau Monguió Segura a su mayor exponente.






Formas curvas, exuberante decoración vegetal, y trabajos de forja con caprichosas formas y hermosos detalles en verjas y barandados, se pueden observan en obras como las casas Andrés Estebar, Bayo, Bernardo Sanz, del Tórico, Escriche, Ferrán, Madrileña, Maller, Natalio Ferrán o Viviendas; el antiguo asilo; las escuelas del Arrabal; la imprenta Perruca; la tabacalera o los edificios religiosos de la ermita del Carmen y la iglesia de Villaspesa, son buen ejemplo de obras en un arte que conjuga elementos del Art Nouveau, la Secesión vienesa y el modernismo catalán.






“Teruel ciudad del amor” es uno de sus eslóganes, es el lugar perfecto para disfrutar de una escapada romántica, posee un imán especial para las parejas, sobre sus calles se fraguó una de las mejores historias de amor de nuestro pasado, la de los Amantes de Teruel, que murieron en el siglo XII en trágicas circunstancias.






En 1996 el consistorio local instauro la festividad de las “Bodas de Isabel de Segura”, que se celebran el fin de semana más cercano a la festividad de San Valentín, en recuerdo a la leyenda de los Amantes. Cuidada recreación histórica que se complementa con mercados medievales, espectáculos de animación en la calle, danzas, torneos, conciertos y una multitudinaria invitación al beso bajo un estruendo de tambores en homenaje a los célebres amantes. Fiesta que ha merecido en su corta vida, el reconocimiento de Fiesta de Interés Turístico Nacional.



   





La provincia de Teruel es de clara vocación ganadera, lo que se muestra en su gastronomía dónde sus principales platos son de la carne. El ternasco-cordero lechal- y el cerdo y sus derivados, con el jamón de Teruel con DOP como plato estrella, son sus dos principales referencias gastronómicas. Las sollapas, la caldereta de pastor, los regañaos, las migas, las sopas de ajo y la de Teruel, las magras de jamón con tomate y los dulces suspiros de amante y la trenza mudéjar, son otros platos típicos de la ciudad.









Un paseo romántico por la ciudad del amor, con sus torres y arte mudéjar Patrimonio de la Humanidad y sus edificios modernistas, combinado con su rica gastronomía, hacen que la visita a la ciudad turolense se convierta en un recuerdo inolvidable.







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El mudéjar es un reflejo de la convivencia de culturas, fusiona elementos musulmanes y cristianos, resultando un estilo genuino”.



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