viernes, 7 de abril de 2017

Termas de Antonino, en Cartago (Túnez).

Son las ruinas mejor conservadas de la antaño todopoderosa Cartago.


Un conjunto de ruinas es todo lo que queda de Cartago, una de las ciudades más poderosas del mundo antiguo, ubicada en la bahía de mismo nombre en el norte de Túnez. Fundada en el año 814 a.C. por colonizadores fenicios, fue una de las metrópolis más pujante de esta parte del Mediterráneo. 







Las guerras púnicas trajeron la destrucción de la ciudad, resurgiendo de sus cenizas bajo el imperio Romano, fue conquistada primero por los vándalos y posteriormente por los bizantinos, entrando en su declive total con la conquista árabe en el año 695.









Convertida en la capital colonial de África por el imperio Romano, a partir del siglo II d.C. y bajo el reinado de la dinastía de los Antoninos (96-192 d.C) vivió sus años de mayor esplendor, datando de esa época los edificios más importantes del imperio en Túnez.








Entre ellos destaca el parque arqueológico de las Termas de Antonino, ubicado en el barrio de Magón, en la ribera del mar, entre el puerto púnico y el actual palacio presidencial de la República Tunecina.








Inscritas junto con el resto que componen el sitio de Cartago en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde el año 1979.





La construcción de las termas fue iniciada en la época de Adriano y finalizada en el año 165 d.C. por el emperador Antonino Pío, del que tomaron su nombre, y fue realizada después de un gran incendio que asoló la ciudad en el siglo II, convirtiéndose en uno de los baños más importantes del imperio romano y las mayores construidas en suelo africano.









Su construcción fue un modelo universal seguido hasta los tiempos actuales, y un antecedente directo de los baños árabes.








Las termas sufrieron una importante restauración después de un terremoto, a finales del siglo IV,  que colapsó gran parte de las bóvedas, los vándalos las destruyeron parcialmente en el año 439 y su abandono definitivo está datado en el año 638.









Los trabajos de excavación, limpieza, estudio y restauración de los vestigios termales, comenzaron después de la segunda guerra mundial en 1956 y se alargaron hasta finales de siglo. Concluyendo que el conjunto estuvo formado por tres plantas, que contenían  una piscina de natación y dos explanadas simétricas que contenían gimnasio, palestra, guardarropa, piscina caliente, sauna, patios, tepidarium, destrictarium y frigidarium. Sus altísimas bóvedas con una altura de 30 metros, descansaban sobre ocho fabulosas columnas de arenisca gris,  procediendo el suministro de agua de cisternas ubicadas en la colina de Maalga, en la actual provincia de Zaghouan, a 135 kilómetros de distancia, a través de diferentes acueductos.







Del gigantesco complejo monumental, en la actualidad apenas se conservan vestigios de la planta inferior, reservada al servicio de las termas y lugar de trabajo de los esclavos;  así como partes del sistema de calefacción subterránea; algunos de los mosaicos que decoraban las estancias; la capilla bizantina del siglo VII y la columna frigidarium de 15 metros de altura.







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“Nadie se da cuenta de lo hermoso que es viajar hasta que vuelve a casa y descansa sobre su almohada vieja y conocida”. Lin Yutang (1895-1976) escritor chino.



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