lunes, 23 de septiembre de 2013

Torrelavega, la ciudad industrial de Cantabria.

Torrelavega, la ciudad industrial y segunda por número de habitantes de Cantabria, cuenta con una larga historia, y un centro comercial muy interesante.

Situada en el amplío valle dónde confluyen los ríos Saya y Besaya, a una altitud de 25 metros, en el centro occidental de Cantabria, tiene una extensión de 35,54 kilómetros cuadrados, ocupando el puesto 57 por extensión de los 102 municipios existentes en Cantabria, con un 0.68 % de la totalidad. Sin embargo es con sus más de 57.000 habitantes la segunda ciudad y la más industrializada de la comunidad autónoma, alcanzando los 120.000 habitantes si nos referimos a su área de influencia, la comarca del Besaya, de la que es capital.
Su historia se documenta a partir del siglo VIII, cuando dependía del monasterio de Yermo, en Cartes y de la abadía de Santa Juliana, en Santillana. De la Vega, como ya se conocía el lugar, toma el nombre de la familia de los Garcilasos –como también es llamada- considerándose a Garcilaso de la Vega I como fundador de la villa, siendo históricamente el solar de la casa noble de la Vega, cuya torre complementó el nombre con el que era conocida y que ha llegado hasta nuestros días. Dicha torre de sillería y tres cuerpos fue mandada construir por Leonor de la Vega y su hijo Iñigo López de Mendoza –marqués de Santillana- en el siglo XV y se ha conservado hasta 1937, así como su capilla, en cuyo solar se ha levantado la actual iglesia de la Virgen Grande.
Sobre la primitiva capilla adosada a la torre, en la actual plaza Baldomero Iglesias, popularmente conocida como plaza Roja, se levanto en su momento la iglesia de la Consolación, y entre los años 1956 y 1964 la actual iglesia de la Virgen Grande o iglesia nueva, que alberga la talla de la Virgen del siglo XV de Lapayese, patrona de la localidad que se conmemora cada 15 de agosto. Contemporánea y de carácter racionalista fue realizada por el arquitecto Luis Moya Blanco, reproduciendo el formato utilizado poco antes para la iglesia de la Universidad Laboral de Gijón, ejemplar obra de la postguerra española.





Extinguido con Leonor el linaje de la Vega, el solar pasa a los duques del Infantado, que concentran desde el siglo XV la administración de justicia e impuestos. Su industrialización comenzó en 1753, con la apertura del “Camino harinero o de las lanas” entre Reinosa y Santander, que favoreció la creación de diversas fábricas, transformando a partir del siglo XIX su primitivo aspecto agrario en industrial y debido a esa industrialización y por el importante incremento demográfico, el 29 de enero de 1895 por la regente María Cristina de Habsburgo-Lorena le otorga el título de ciudad.
El motor de esa transformación que marco su progreso económico fue el  descubrimiento y apertura de las minas de blenda y galena en Reocín en 1853 por la Real Compañía Asturiana, a las que pronto se sumaron la de salmuera y sosa cáustica por Solvay –de capital belga- en Polanco en 1857, la Azucarera Montañesa en 1898, después transformada en Lechera Montañesa, a las que continuaron otras a principios del siglo XX como Sniace, una de las primeras de España de fibras artificiales, Armando Álvarez, Álvarez Forestal y Aspla, en el que el desarrollo no cesó.   
Sin embargo Torrelavega nunca ha perdido su carácter agrario y ganadero, contando desde 1767 con mercado semanal, otorgado por Carlos III. De 1844 data el recinto de la Llama, lugar de ubicación de su prestigioso mercado semanal de ganados hasta 1974, en el que se traslada al recinto del “Mercado nacional de ganados Jesús Collado Soto”. Este recinto, conocido popularmente como la Cuadrona, es con sus 140.000 metros cuadrados cubiertos, el de mayor superficie de España y uno de los más importantes en cuanto a volumen de operaciones.
Por Torrelavega pasa el “Camino del Norte del Camino de Santiago”, está acreditada como ciudad “Por el comercio justo” y son varios los edificios de interés con los que cuenta la ciudad en su centro neurálgico y comercial, aunque en realidad son escasos sus monumentos de importancia.
En la calle Mártires, se encuentra la casa Tagler, propiedad de una saga de empresarios, del siglo XIX y probablemente la única casa blasonada que queda en pie.






Perpendicular a esta calle esta la calle del Conde Torreanaz, en dónde se encuentra la casa palacio de los condes Torreanaz, que data de principios del siglo XX, que da nombre a la calle y que desde hace unos años alberga la biblioteca municipal.






En la misma calle, se levanta la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, cuya construcción se debe al párroco Ceferino Calderón, que tiene en ella su mausoleo, que fue su impulsor debido al reducido espació de la vieja iglesia de la Consolación. Construida entre 1892 y 1901, de estilo neogótico, fue proyectada por el arquitecto José María Basterra, se construyo en piedra caliza en planta basilical con tres naves escalonadas y dos capillas y alberga el Cristo de la Agonía y la tumba de Leonor de la Vega, madre del Marqués de Santillana.






La calle Consolación, es una de las más comerciales y que alberga varios de los templos pasteleros del hojaldre, emblema gastronómico de la ciudad, y de ella por las calles Serafín Escalante y Julián Ceballos se accede a la plaza Mayor.









La plaza Gilberto Quijano, más conocida como plaza Mayor y sus soportales, datan de finales del siglo XIX, siendo obra de Demetrio Herrera bajo la dirección del arquitecto Joaquín Rucoba, y cuenta con un kiosco para la música.






El conjunto que conforman los soportales existentes en la plaza Mayor o de Gilberto Quijano, forman el conjunto Concha Espina, que fue levantado gracias al esfuerzo de los comerciantes torrelaveguenses con la colaboración del Gobierno Regional y el Ayuntamiento local, como reza una placa ubicada desde junio del año 2000 en uno de sus inicios, en el lindante con la calle Mártires.






De los soportales de la plaza Mayor, a través de la calle José María de Pereda, se accede a la amplía plaza del Ayuntamiento, que alberga el edificio consistorial torrelaveguense, en la actualidad en no muy buenas condiciones de habilitabilidad, en alguna de sus dependencias.






El consistorial ocupa desde 1906 el palacio que Demetrio Herrera construyó en 1888, en el que destacan sus escaleras principales de mármol y el salón de sesiones con su bóveda y pinturas románicas realizadas por el catalán Ramón Fraxenet.






El teatro municipal, inaugurado en el año 2007, lleva el nombre de la escritora ilustrada cantabra  María de la Concepción Jesusa Basilisa Espina (Santander 1869, Madrid 1955) más conocida como Concha Espina, una de las mentas más preclaras de la literatura española de la primera mitad del siglo XX y que fue levantado en el mismo solar en la calle Pedro Alonso Revuelta dónde se encontraba el cine Concha Espina, cerrado en la década de los años 80 del siglo pasado.





A nivel festivo la ciudad tiene su momento álgido en las fiestas de la Patrona, la Virgen Grande, que se celebran a mitad de cada agosto, siendo el día grande el día 15, y en el que uno de los puntos más emblemáticos es el “Desfile de carrozas de la gala floral” que discurre a través de al avenida de España y aledaños, declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional, en el que se premian a los creadores más originales y en el que participan agrupaciones folclóricas y musicales, que se celebra cada domingo siguiente al día 15 y cuya fundación data de 1940.





Ese mismo domingo ha sido el elegido por la Cofradía del Hojaldre para celebrar su Gran Capítulo, en el que se dan cita cofradías gastronómicas procedentes de diferentes localidades y nacionales. Cofradía gastronómica creada en el año 2000, en defensa, promoción y divulgación del hojalde de Torrelavega, santo y seña gastronómico de la ciudad, con múltiples aplicaciones, tanto en salado como en dulce, y que tiene su mayor exponente en las “polkas”, dulce de hojaldre, elaboradas con harina, mantequilla, agua, sal y glasa real, y cuyo origen se remonta a inicios del siglo XX.



Cofrades repartiendo polkas en el desfile cívico con motivo de la celebración de su X Gran Capítulo.



MÁS INFORMACIÓN. (Pinchar en los enlaces).
“Sin misterio no hay curiosidad, sin fascinación no hay seducción. El misterio alimenta el deseo, la fascinación lo satisface”. Luis del Olmo (1943 -) periodista español y Cofrade de Honor 2011 de la Cofradía del Hojaldre de Torrelavega.

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