miércoles, 10 de febrero de 2016

Sortelha, la sortija medieval de Portugal.

El pueblo granítico, perteneciente al concejo de Sabugal, está incluido en el grupo de Aldeas Históricas de Portugal.


Sortelha, es una villa y parroquia del concejo de Sabugal, en el distrito de Guarda, de la que dista 14 kilómetros, que cuenta con una superficie de 43 kilómetros cuadrados y un censo poblacional de 484 habitantes –censo 2014-.
Situada en la cima de una colina, a más de 760 metros, en la sierra de Opa, fue habitada desde el Neolítico, romanos y musulmanes también se asentaron en ella. Su ubicación, en una región muy accidentada de naturaleza granítica, compuesta por enormes roquedos que proporcionaban un buen abrigo y la visión de largas perspectivas que facilitaban el avistamiento de acercamiento de enemigos, fueron los parámetros valorados por los diferentes monarcas para convertirla en fortaleza.








No hay una versión única sobre el topónimo Sortelha, cuyo significado en castellano es Sortija. Una hace mención al juego medieval de mismo nombre, en el que los caballeros competían en introducir la punta de una lanza a través de un anillo. Otra es que hace mención a una hermosa sortija. Y otra a un anillo de pedrería al cual se le atribuyen poderes, sortilegios y hechicerías. Quizás, éstos últimos estén relacionados con las muchas leyendas que se cuentan sobre una anciana, cuyo perfil se dibuja en las rocas que se ven desde la entrada superior de la fortaleza.









Sancho I de Portugal, conocido como el Poblador y fundador de la ciudad de Guarda a cuyo distrito pertenece la villa,  fue el impulsor en 1187 de la fortificación rodeada de extensos bosques de pinos, olivos y castaños, mandando erigir un castillo roquero asentado en una imponente roca, con la torre del homenaje aislada, sobre un asentamiento árabe. Formando parte, de ese modo, del conjunto del territorio que componían la frontera oriental del reino de Portugal en el siglo XII.









Fue el inicio de la época de esplendor de la villa que recibió en 1228 la carta foral otorgada por Sancho II, período en el que la organización militar y administrativa se consolida, siendo capital de concejo hasta 1855 que paso a depender de Sabugal. La estructura fortificada se adapta a las necesidades de los siglos XII y XIII, marcadas por el repoblamiento de los territorios reconquistados a los musulmanes y las disputas territorios con el reino de León primero y de Castilla después, por los territorios de Riba-Côa.
El tratado de Alcañices, de 1297, marca los límites con el reino de Castilla, pasando a formar parte del rey de Portugal todos los territorios del margen oriental del Côa. Sin embargo esto no resta importancia a la plaza, que sigue gozando de la calificación de estratégica, como prueban las intervenciones reconstructivas de los reyes D. Dinis y D. Fernando en el siglo XIV, y sobre todo con las de D. Manuel I. Este le otorgo en 1510 un nuevo fuero para estimular su repoblación, restauró el castillo, mando gravar sus armas en su exterior y erigió el Pelourinho ubicado a sus pies.









El nuevo fuero y las obras emprendidas dieron paso a una época boyante para el pueblo, que creció en el interior de la recia muralla, con calles estrechas y pendientes con presencia en las mismas de grandes rocas y escalones tallados en la piedra, por las que se construyeron casas adaptándose al escarpado y rocoso terreno, utilizando la piedra granítica del entorno. Construcciones medievales, muchas de ellas en estilo manuelino, siempre expuestas al sol, que ha servido para que sus habitantes sean conocidos como “lagartijos”. Una vez superadas las necesidades defensivas la población se fue desplazando hacia zonas más fértiles y menos accidentadas que el núcleo inicial.









Aún en la actualidad la misma permanece aislada, se llega a ella a través de una carretera con vueltas y revueltas, conserva su legado y atmósfera medieval y sus callas diseminadas como un anfiteatro regular de granito anidado entre el recinto amurallado, a la sombra de la silueta altiva de la torre del homenaje, memoria de las historias de la primera historia de Portugal. Villa peculiar como pocas, que forma parte desde 1991 del conjunto de “Aldeas históricas de Portugal”, compuesto por doce localidades.






La fortaleza se compone de dos partes distintas. Por un lado, la ciudadela con el castillo, último reducto que se corresponde con la parte militar y, por otro, las murallas que envuelven la villa y que eran la parte civil. La entrada principal de acceso es la puerta de la Villa, también conocida como de Entrada, con estructura ojival y que cuenta en uno de los extremos de la muralla con una antigua garita.








Puerta que da acceso a la plaza del Corro, que cuenta con buenos ejemplos de la arquitectura existente, como la casa de los Halcones, del siglo XVI, la casa del escribano del ayuntamiento, que confirma la importancia administrativa de la villa en otros tiempos y una de estilo setecentista del siglo XVIII.







Saliendo de la plaza y subiendo la calle de la Fuente, que toma el nombre de una fuente del siglo XV allí existente, escondida por un pequeño muro y una pequeña puerta de madera, con peldaños, de la que parte un túnel que comunica el interior con el exterior de las murallas.









Allí también se encuentra la llamada casa Número Uno, del siglo XIII, cuya denominación se debe a una inscripción que presenta una de sus puertas. A media altura de la calle, a mano izquierda se encuentra la calle del Horno, con la casa de mismo nombre, antiguo horno comunitario y en la actualidad reconvertido en bar.









La calle de la Fuente concluye en la plaza de la Picota, y en su parte final se ubica varias casas con destacados elementos decorativos. Una del siglo XVI con diferentes componentes de estilo quinhentistas y otra en la que destaca la bonita ventana, en estilo manuelino.









En la parte inferior de la plaza, se encuentra la casa de las Almas. Allí se recibían las dádivas para los necesitados, aunque también existe la teoría que la relaciona con la picota, haciendo referencia al sitio donde eran castigados los criminales.










En el centro de la plaza, centro a su vez de la villa, se encuentra el símbolo del poder del consejo del pueblo, el Pelourinho. Considerada bien de Interés Público, está datado en el siglo XVI, y su construcción fue realizada en estilo manuelino y rematado por una esfera armilar.









Detrás se encuentra el castillo, edificado sobre un roquero en el lado meridional del pueblo, bautizado por José Saramago en su libro “Viaje a Portugal” como el castillo de brincar, admirando su aparente fragilidad en comparación con las dimensiones de las murallas. Ante las escaleras de acceso al mismo se encuentra uno de los varios pasos de la Vía Sacra, que hay en el pueblo.








En su fachada llama la atención la ausencia de almenas en el mismo, y en ella destaca el “Balcón de Pilatos”, construido en época de don Dinis y el escudo de armas de don Manuel I.









El balcón está situado sobre la puerta de entrada, cuenta con varios matacanes y con aberturas circulares en las piedras que componen el pavimento, por dónde se arrojaban proyectiles, piedras, aceite hirviente o agua para escaldar en la defensa del mismo en casos de ataques. Ataques que sufrió el castillo por última vez cuando la guerra contra los franceses, en la que las tropas de Napoleón Bonaparte, dinamitaron las murallas.









En el interior del castillo, la torre del homenaje se levanta sobre un gran roquedo,  y no es accesible en la actualidad.








A diferencia de la muralla que rodea la fortaleza, que se puede circunvalar y disfrutar de las amplias vistas que desde se ella se observan, tanto del interior del pueblo, que se observa a vista de pájaro, como del exterior. La sierra del Casteleiro, la sierra de Malcata, la cercana Belmonte –también reconocida como aldea histórica- o la sierra da Estrela, cerrando el horizonte, son perfectamente visibles desde ella. Muralla compuesta por muros ciclópeos, en forma circular, que se adaptan y aprovechan el relieve hasta alcanzar cerca de veinte metros de altura y más de dos metros de espesor.










Delante de la torre se ubica una profunda cisterna, equipamiento imprescindible en casos de ataque. Junto a la torre y a la cisterna, en una de las esquinas, se encuentra la puerta de la Traición o Falsa, con caída libre hacia el vacío.










A continuación del castillo se encuentra una nueva puerta falsa y el edificio del antiguo Ayuntamiento, que posteriormente fue prisión y en la actualidad es el colegio de la localidad.










Un poco más allá, se encuentra la iglesia de Nuestra Señora de las Nieves o iglesia Matriz.  Aunque su construcción se puede remontar al siglo XIV, sus trazos se corresponden al estilo renacentista, como bien se puede observar en su portada, que luce esculpida la fecha de su construcción -1573-. En su interior destaca su techo mudéjar, varios retablos barrocos y la imagen gótica de la virgen de la que toma el nombre.











La subida hacia la parte posterior de la localidad permite la visión de consistentes casas, algunas de ellas construidas aprovechando los huecos entre los enormes pedruscos.








La zona alta, totalmente amurallada, tiene como referencia la puerta Nueva, ubicada al oeste de la fortaleza, lugar por dónde entraba en la villa el camino medieval que la unía con Covilha  y la sierra del Casteleiro, calzada vieja de posible origen romano, que formaba parte de la antigua ruta a Santiago de Compostela. En el lado exterior de la muralla se labraron la vara y el codo, antiguas medidas medievales mandadas marcar por el rey y que se utilizaban para informar al mercader forastero las marcas para las ferias y mercados que allí se realizaban.










Saliendo de la puerta, se encuentra el conjunto constituido por el antiguo hospital de Misericordia, la iglesia de Santa Rita y la capilla de Santiago. El Hospital de la Misericordia, del siglo XVII, está constituido por cuatro construcciones conectadas entre sí.








Allí se levanta una cruz de Calvario, y también un trozo de la calzada medieval mencionada, lugar desde el que se disfruta de excelentes divisorias del entorno cercano, en el que destacan las sierras de Fraguas y de la Estrela, y pico de San Cornélio.










De la antigua iglesia de Santa Rita, o de San Juan según los archivos parroquiales, que en la actualidad se encuentra sin techumbre, es visible aún en su interior el altar y un púlpito, en una de sus paredes laterales. En su momento fue albergue para peregrinos medievales.









En el entorno de la iglesia, en su parte trasera, son perfectamente visibles varias sepulturas antropomórficas esculpidas en la tierra rocosa, alguna de niños. Son muestra de las incontables de ese tipo descubiertas a su alrededor, datadas del tiempo en que Sortelha era la única parroquia existente en la región de Casteleiro y Bendada.









Al este de la puerta Falsa y del conjunto religioso, en un descampado rocoso junto a un corral, se encuentra una curiosa piedra llamada por los lugareños “Cabeza de la Vieja”. Curiosa formación granítica modelada por los caprichos de la naturaleza, perfectamente visible, y relacionada por algunos con el topónimo del pueblo, como se ha mencionado al inicio.











Y enfrente a ella, formando parte del recinto amurallado en su parte más elevada, la torre de Facho de planta cuadrangular, utilizada para enviar señales luminosas o de humo.








Pudiendo entrar también al recinto amurallado, al lado de la mencionada torre, por la puerta denominada Falsa.








Accediendo por esa puerta, el visitante se encuentra con el solar de los “Correia y Costa”, construcción iniciada en 1400, con fachada de piedra y planta en forma de L, que ha sufrido posteriores alteraciones. También denominado Nuestra Señora de la Concepción, funciono como hospedería privada y en la actualidad como hotel.








En esta zona alta, con la muralla perfectamente conservada, son visibles las marcas de las viviendas que en su momento se levantaron partiendo de ella y que en la actualidad no existen.










Murallas en los que también se encuentran pasos de la Vía Sacra.









En la una reposada bajada hacia la parte inferior, por las callejas del interior del pueblo medieval, el visitante disfruta de la visión de casos antiquísimas, perfectamente rehabilitadas respetando el entorno, que traslada al mismo a tiempos pretéritos.










En una de ellas se encuentra la capilla de San Sebastián, construcción del siglo XVI, que también cuenta con un paso de la Vía Sacra adosado en su frontal inferior.









En el paseo por el pueblo, no pasa desapercibido la talla en granito de un elefante. Es el tributo que la localidad ha rendido al insigne premio Nobel de Literatura, José Saramago, escritor portugués del siglo XX. Saramago hizo mención a la villa en dos de sus obras, “Viaje a Portugal” y “El viaje del elefante”. En esta obra, escrita en el año 2008, narra el curioso viaje de un elefante, llamado Salomón, con el sequito real a mediados del siglo dieciséis por media Europa, como regalo del rey D. Joao III de Portugal a su primo el archiduque Maximiliano de Austria como presente de boda.
En Sortelha el escritor imagina una de las escenas triunfales de su relato, aquella en la que el elefante, imbuido del politeísmo hindú, despacha con una coz al párroco local, que proponía excomulgarlo como hereje, como si el pobre animal estuviese poseído por el demonio.











Recomendable es la visita a Sortelha, auténtica Aldea Histórica, nacida del granito y mecida en cuna trenzada con mimbres del medievo. Es una de más bellas y más antiguas aldeas portuguesas, que revela la primitiva esencia de uno de los pueblos tradicionales más bonitos de Portugal, que ha mantenido su fisonomía urbana y arquitectónica hasta nuestros días
La visita paseando por las calles y callejuelas del conglomerado, entre sus casas de un solo piso meticulosamente restauradas, enclaustradas y acurrucadas por un anillo defensivo de recios muros levantados en el siglo doce y vigiladas y protegidas por su peculiar y rocoso castillo, y en las que altivas torres del Homenaje y de Facho surcan hacia el cielo, permite al forastero volver a siglos pasados, por entre las sepulturas medievales, junto a la picota manuelina o delante de la iglesia renacentista.  Sin duda este pueblo medieval es un lugar mágico e intemporal.










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“Entrar en Sortelha es entrar en la Edad Media. Lo que da carácter medieval a este aglomerado es la enormidad de las murallas que lo rodean, su espesor, y también la dureza de la calzada, las calles empinadas, y, encaramada sobre piedras gigantescas, la ciudadela, último refugio de los sitiados, última y tal vez inútil esperanza”. José Saramago (1922-2010) escritor portugués, en su obra “Viaje a Portugal”.

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