miércoles, 10 de junio de 2020

Escultura de la madre del Inmigrante, en Gijón.

Situada en la zona conocida como el Rinconin, es obra de Ramón Muriedas.

Gijón, que cuenta con la categoría de villa, es la ciudad más poblada del Principado de Asturias, ubicada a orillas del mar Cantábrico, su extensión es de 182 kilómetros cuadrados y cuenta con una población de 273.422 habitantes –censo de 2016-.
Al igual que otras ciudades, villas y pueblos asturianos, muchas calles, plazas y paseos se han remozado en las últimas décadas, a la vez que se fueron ganando espacios para el disfrute ciudadano.
Espacios y lugares, que en ocasiones, se han enriquecido con esculturas de distintos tipos y tamaños que adornan los mismos. Gijón es un buen ejemplo de ello, contando con un alto número de esculturas, muchas de ellas con el denominador común del acero y el hormigón como sus materiales utilizados, y que conforman por sí solas un buen reclamo turístico.
La ciudad también ha realizado una apuesta por la puesta en marcha de sendas verdes y paseos, y es en algunos de ellos dónde se han ubicado parte del conjunto artístico escultórico existente.
En la zona conocida como el Rinconin, en la llamada “Senda del Cervigón”, en un entrante de tierra sobre el pedrero, en una pequeña plazoleta, oteando el mar Cantábrico y el horizonte, se ubica la escultura “La Madre del Emigrante”, también bautizada por los gijoneses, en este caso como la “Lloca del Rinconín”.




La escultura, sita en el lugar desde 1970, fue la primera que se ubicó en la ciudad de tinte moderno, suponiendo una ruptura con la estética anterior seguida, lo que provocó controversias entre la ciudadanía, siendo objeto de diversos actos vandálicos. Convirtiéndose años después en uno de los símbolos de la ciudad y una de las esculturas mejor valoradas de la ciudad.




Su autor, el cántabro Ramón Muriedas, plasmó en bronce el sentimiento de tristeza de aquellas mujeres, que en las primeras décadas del siglo XX vieron partir a sus hijos desde el puerto del Musel, en busca de un futuro mejor. De belleza desgarradora y de un gran simbolismo, en ella destaca su cara con expresión de tristeza y su mano levantada en un signo de adiós o de impotencia.




De hecho en el monolito de mármol sobre el que fue colocada inicialmente, que se quitó en una de las ocasiones en las que fue causa de actos vandálicos con voladura incluida, contenía el texto: "A las madres de nuestros emigrantes que con sus vidas son surco profundo de nuestra España. Gijón. Asturias 1970". 


“El único símbolo de superioridad que conozco es la bondad”. Ludwing van Beethoven (1770-1827) compositor y director musical alemán.





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