viernes, 26 de octubre de 2018

Museo de Anclas Philippe Cousteau. Ancla del galeón Nuestra Señora de Atocha.

Ubicado en Salinas, Principado de Asturias, creado y gestionado por la Cofradía Buena Mesa de la Mar. El ancla perteneció al galeón Nuestra Señora de Atocha, donado por la ciudad de San Agustín de Florida en el año 1999.

En el centro occidental del Principado de Asturias, en el promontorio de la península de la Peñona, rodeada de mar, en el extremo occidental de la playa de Salinas, concejo de Castrillón, se eleva en forma de atalaya este el singular “Museo de anclas Philippe Cousteau”.

Museo de Anchas Philippe Costeau. Descripción, fotos y vídeo.

Fue concebido en el año 1989 por la Cofradía Buena Mesa de la Mar, con sede en la localidad y creada tres años antes, en base a una idea original de Agustín Santarú, Vigia Mayor por entonces. Y nace, de acuerdo con sus estatutos,  para rendir un homenaje continuado de amor a la mar y a sus gentes, así como a toda la cultura que la misma representa”. La elección de su nombre se realizo al ser  la síntesis del origen vital y universalidad con que el propio Philippe Cousteau se refería a la mar, ofreciendo así un homenaje eterno a las gentes que dieron su vida por la mar.




Tras varios años de maduración de la idea y de realización de gestiones, el arquitecto Luis Castillo elabora el proyecto en 1991, y el artista Vicente Santarúa la escultura  busto del hijo del Comandante Cousteau, siendo su realización posible gracias a las múltiples colaboraciones y donaciones de cofrades, empresarios y diferentes entidades y administraciones.
Realizando su inauguración S.M. el Rey Juan Carlos I, el 30 de septiembre de 1993, con la asistencia de las máximas autoridades civiles y militares, así como representantes del Gobierno de España y otros invitados.
Concebido como un conjunto monumental al aire libre y sin ninguna limitación de acceso, acoge un total de 15 anclas repartidas por todo el espacio, estando estructurado en cuatro áreas diferentes:
1.- Gran Mural. Ubicado en su acceso, sirve de iniciación al mismo.
2.- Cubierta de velas y anclas. Plataforma de acero creada por el arquitecto Luis Castillo Arenal, compuesta por seis velas de las que surgen las cadenas de las anclas que reposan en su cubierta.
3.- Templo de los océanos. Mirador esférico voladizo sobre el mar, precedido de una “rosa de los vientos”, que tiene enmarcados los 32 rumbos en los que se divide el círculo del horizonte.
4.- Busto de bronce de Philippe Cousteau. Sobre la peña Lisa, se alza el busto realizado en bronce de 3 metros de altura y 1000 kilos de peso.

ANCLA DEL GALEÓN NUESTRA SEÑORA DE ATOCHA.
Donada por el Ayuntamiento de Avilés en 1989.
Ancla que perteneció al galeón "Cabo de Palos", hundido a la entrada de la Ría de Avilés el 31 de julio de 1911, donado por la ciudad de San Agustín de la Florida (Estados Unidos) en 1999.




Una de las historias más apasionantes que guarda el Museo es la del galeón español "Nuestra Señora de Atocha". El ancla que este buque hundido en 1.622 y recuperada 350 años después por Mel Fisher, el buscador de tesoros más famoso de la historia, fue donada en octubre de 1.999 por la ciudad de San Agustín, fundada por Pedro Menéndez de Avilés, donde estuvo expuesta largo tiempo, junto a los restos del galeón.
De un peso de  550 toneladas,34 metros de eslora y 10,5 metros de manga y con  4 pies de calado, fue construido por Alonso Ferrera, en La Habana, entre 1.616 y 1.620. Realizó una única travesía a España, un tanto azarosa, puesto que rompió el mástil. Estuvo reparado con antelación suficiente para partir el 23 de marzo de 1.622 desde Sevilla con destino a las Américas, encuadrado en las flotas de Nueva España que hacía la ruta hacia Veracruz, y de Tierra Firme, que viajaba hasta Cartagena y Portobello. Estas dos flotas viajaban dos veces al año a las colonias para embarcar los impuestos y productos americanos.
España vivía un momento crítico. En Flandes habían vuelto a reanudarse las operaciones contra Holanda, tras una larga tregua, y los Habsburgo españoles estaban cada vez más involucrados en la guerra de los Treinta Años. El joven Felipe IV estaba acosado por sus prestamistas, en especial los Fugger de Augsburgo, las ciudades españolas eran nidos de "Lazarillos" y "Buscones", mientras los aristócratas derrochaban a manos llenas. El oro y la plata de América eran esenciales para evitar la bancarrota y continuar la agresiva política internacional española, sin embargo, las armadas extranjeras, sobre todo la holandesa, acosaban sin piedad a los galeones.
Tras hacer una pequeña escala en Dominica, el Atocha y la flota de Tierra Firme partieron hacia Cartagena, y arribaron a Portobello el 24 de mayo, permaneciendo allí  dos meses, en tanto llegaban los envíos de oro y plata desde Lima y Potosí, en el Perú.
La flota partió el 22 de julio hacia La Habana, previa escala en Cartagena, donde se cargó el primer envío de oro de las minas de Santa Fe de Bogotá y en Trujillo, dónde se cargo índigo, la planta para teñir las prendas de añil.
La flota compuesta por 28 barcos, se encontraron en La Habana el 22 de agosto en plena temporada de huracanes, echándose a la mar el 4 de septiembre, capitaneada por el  Candelaria del marqués de Cardereita, mientras El Atocha, con 20 cañones y 265 personas a bordo, entre ellos 82 soldados, era la nave almirante, y navegaba a retaguardia, transportando junto el Santa Margarita las mercancías más preciadas.
Los barcos debían navegar hacia el norte para alcanzar la corriente del Golfo de México. Las cosas empezaron a ir mal el 5 de septiembre, una borrasca hundió uno de los mercantes, el Consolación y por la noche el viento arrojó a los barcos hacia los Cayos de Florida. La mayor parte de la flota logró introducirse en las tranquilas aguas del Golfo de México, pero el Atocha, el Santa Margarita y otros dos buques no lograron eludir los bajíos de coral. Sólo veinte barcos regresaron a La Habana, ocho se perdieron con una carga de dos millones de pesos.
Se envió al Santa Cruz en busca de los náufragos. Sólo pudo encontrarse con vida a tres marineros y dos esclavos negros agarrados al mástil. El Atocha quedó sumergido a unos 17 metros, con la carga intacta, el lugar del hundimiento quedó señalado a unas 50 millas de lo que hoy se conoce como Dry Tortugas, pero otro huracán borró toda huella del Atocha que llevaba a bordo 24 toneladas de plata en 1.038 lingotes, 180.000 pesos en monedas de plata, 582 lingotes de cobre, 125 barras y discos de oro, 350 cofres de índigo, 525 fardos de tabaco y 1.200 libras de platería trabajada, amén de sus 20 cañones de bronce.
El golpe para la Corona española fue tan duro que se vio obligada a vender algunos de sus galeones. Entre 1.624 y 1.644 hubo varias expediciones para recuperar los tesoros, sin mucho éxito.







Tres siglos y medio después se desarrollaría otra peripecia no menos singular. En 1.968 el buscador de tesoros Mel Fisher, conoció la existencia del Atocha durante una fiesta. Era el comienzo de una obsesión que no le abandonaría en las siguientes dos décadas. Ayudado por su familia y los integrantes de la compañía "Treasure Salvors", este Indiana Jones de las profundidades comenzó al año siguiente a peinar los Cayos de Florida, utilizando una técnica de su invención, un sonar especial.
En 1.973, encontró tres lingotes de plata, y en 1.975 su hijo Dirk Fisher recuperó cinco cañones de bronce. El Estado de Florida quiso quedarse con los hallazgos, pero un tribunal dictaminó que estaban fuera de las aguas norteamericanas. Poco después, Dirk Fisher, su esposa y otro buzo murieron al zozobrar su embarcación, pese a lo cual Mel Fisher redobló sus esfuerzos. A lo largo de los primeros ochenta fue sacando a la superficie nuevos tesoros pertenecientes especialmente al Santa Margarita.
No sería hasta el 20 de julio de 1.985 cuando otro hijo del cazatesoros, Kane, encontrase el filón principal, descrito como "un arrecife de barras de plata". A los tesoros incluidos en el manifiesto del Atocha que figura en los Archivos de Indias de Sevilla, hubo que añadir 700 esmeraldas y otras 2.500 piedras preciosas transportadas de contrabando. Una auténtica fortuna muy difícil de valores: entre 200 y 400 millones de dólares.
Los tesoros del Atocha pueden contemplarse en el Museo Mel Fisher de Florida, pero quienes no puedan ver su ancla en Salinas alzándose sobre el Cantábrico.






“Cualquier cosa debe tomarse seriamente, nada trágicamente”. Louis Adolphe Tiers (1797-1877) historiador y político francés.








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