martes, 25 de octubre de 2011

Los Jardines de la Fonte Baixa en otoño.

Octubre con el otoño en su máximo esplendor es una buena fecha para volver a los Jardines.


Esta máxima y consigna que nos había dicho José Manuel Alba en nuestra última visita en junio se ha cumplido a medias. La meteorología también tiene sus caprichos, y el tiempo que hemos tenido en septiembre y octubre en el Principado de Asturias, fue con sus soleados días y altas temperaturas todo lo contrario de lo que se supone debe de ser un otoño. La naturaleza, con su sabiduría, se adapta a todo y esta fue una buena ocasión para comprobarlo.
En la visita cursada el 19 de junio del 2011, habíamos quedado emplazados para volver en octubre a visitar lo que para mí es el “Jardín del Paraíso”, eligiendo el día 22 como el más indicado pensando que el otoño estaría en su plenitud y así poder visionar el estado de los Jardines en esa estación.









Formado el heterodoxo grupo de dieciocho personas, entre familia y amistades diversas, e incluso con mascota, Simona, la preciosa perrita de Paco Tabar y María. Unos repitiendo visita y otros haciéndolo por primera vez, nos fuimos a la “villa blanca de la costa verde” para realizar la visita por la mañana, comer en Casa Consuelo ¡como no! uno de los templos gastronómicos de nuestro Principado y visitar por la tarde el Museo del calamar gigante en Luarca, que gestiona el CEPESMA (Coordinadora para el estudio y protección de las especies marinas) y que es perfectamente visible desde cualquiera de los miradores de los Jardines.





Instalaciones del Museo del Calamar, son la zona acristalada entre el crucero y el árbol.





En el Chano un sonriente José Manuel nos da la bienvenida y aprovecha para recordarnos a Alfonso Lozano y a mí, mis avatares en el “Descenso ecológico del Esva” al que acudimos atendiendo su amable invitación. Retrasamos la visita por esperar a cuatro personas, ajenas a nosotros, que se iban a unir al grupo y compartir la misma. Lamentablemente no se presentaron y su retraso condicionó en parte la visita; estas informalidades son las que sacan de quicio al bueno de José Manuel.





Plazoleta en el Chano con el camino que conduce a los Jardines.




Comentamos la meteorología que tenemos -un sábado espléndido con una temperatura media de 20º- y como esta influyendo en el conjunto de los Jardines. Fijaros si esta raro, nos dice, que están volviendo a florecer las camelias y los manzanos, aún con fruta, vuelven a dar flor e incluso el árbol del coral (que procede del Pacífico) se animó y dio flores por primera vez.









Toca patear, escuchar y disfrutar del espectáculo. Alguien pregunta por la propiedad, y amplio mis conocimientos, José Javier Rivera Larraya iba para diplomático antes de ser empresario y ejerciendo como agregado comercial en la embajada de España en Estados Unidos fue cuando registró para Europa la patente de sus famosos “donuts”. Dato que no conocía y da a uno la idea de la clarividencia de este hombre.
La visión del impactante castaño de 650 años, traído del cercano pueblo de Naraval, en el concejo de Tineo, sirve para explicar una de las políticas que llevan a cabo en este proyecto: la de salvar, proteger y poner en valor ejemplares únicos o en extinción.










Al paso por la zona de las “Secuoyas americanas” nos comenta la altura y dimensiones que llegan a alcanzar y su característica peculiar de ser ignífuga; de madera blanda, son de tiempos remotos y sólo son más antiguas que ellas los helechos; la más alta conocida supera los 140 metros, y por el interior de alguna de ellas incluso pasa una carretera.





                                             




Espectaculares -y he visto muchísimos en mis caminatas por los montes- estaban los acebos floridos, no recuerdo haber visto floridos tantos juntos nunca, desbordaban frutos. El acebo o carrascu en algunas partes del Principado es dioico, en un mismo árbol puede haber ramas macho y ramas hembra, la diferencia está en las hojas. El macho las tiene todas con puntas, mientras que la hembra solo un pico en su parte delantera. Dioicos también son, por ejemplo, el Ginkgo bilova la Cyca revoluta.









Curiosa es la leyenda de los “Cedros del Líbano”. Este árbol forma parte de la bandera de ese país, todos ellos están catalogados desde la creación del mismo (1946), y la leyenda cuenta que el país desaparecerá cuando no queden cedros.








Al ver los “Dragos” nos explica que para que se ramifiquen tienen que tener más de 40 años, y que los que estamos viendo tienen aproximadamente 60 años. Caprichosa naturaleza.









Vemos las “Fusias pequeñas” más conocidas como pendientes de la reina o lágrimas de la virgen. Alguien menciona los olores que desprenden, tanto ellas como otras plantas y nos recuerda como muchos de ellos son la base de muchas colonias, como por ejemplo la flor del magnolio lo es de “Anais, Anaís” de la firma Cacharel. Por cierto curiosas son las piñas que estos árboles dan.








Procedente de Asia, vemos la “Catalpa” o “Catawba”, que parece ser si se planta delante de las casas de campo no entran en ella ni las moscas ni otros insectos. Estela ya me quiere plantar uno en casa.
En uno de los paseos, en el que quedan aún algunas hortensias en flor, vuelve la clase magistral sobre ellas de la visita anterior, explicaciones para plantarlas, podarlas, conservarlas, mantener o cambiar el color, secarlas y otras curiosidades que satisfizo todas las curiosidades femeninas.
Preciosas están las “estrelitzias”, “platanera falsa” ó “ave del paraíso”. Llamativas las “palmeras imperiales cubanas”, los “serval de los cazadores”, los “arces canadienses”, las “yucas”, los “cedros pendulares” o de la buena suerte o los “boj centenarios”, de los que se dice que los veras nacer, pero no crecer. Curiosas son los árboles “maonis” de Nueva Zelanda, de cuyas hojas y frutas los maories obtienen la pintura que utilizan en sus rituales.









Al paso ante las “Araucarias” chilenas vemos sus piñas, que llegan a alcanzar los 4 kilos, que han servido de alimento base a los indígenas, y cuyo ciclo formativo es de 60 años. Las semillas de estos árboles se utilizan para decorar las calles en las procesiones del Corpus Christie, como por ejemplo lo hacen en el cercano Castropol.









Los helechos australianos vuelven a triunfar; son llamativos, peculiares, bonitos y su historia digna de conocer. De ellos hable en las dos ocasiones anteriores, lo que no dije fue que para que se reproduzcan los hay que cortar a la mitad, y que el coste de uno de ellos ronda los 18.000 €.










Al llegar a la zona de las “cicas” José Manuel nos cuenta como hay plantas y árboles que no siguen las órdenes de la naturaleza, y continúan los ciclos naturales de sus zonas de origen. Esto ocurre con las “cicas resolutas” que curiosamente florecen cada 5 años, y que al macho se le distingue por acabar en cresta; con la “gunera” brasileña; con la “fumichina” o planta del terciopelo –también brasileña-; los “jazmines falsos” asiáticos o las “bignonias” de Malasia con sus campanas gigantes.









Nos paramos para comprobar la potencia de unas plantas más aromáticas del mundo, sino la más, “los naranjos mejicanos”. Si uno se acerca no desprende olor, pero si cogemos sus hojas, la planta se defiende y desprende un fuerte olor en el que predominan las notas balsámicas.





Aquilino comprobando la potencia del naranjo mejicano.




Alguien pregunta por las rosas y nos enseña encima de la bella talla de la “Santa Bárbara” portuguesa, mutilada por los franceses, “la rosa de Jericó” –sin flores- muy poderosa olfativamente y de la que dicen que se pone bella para morir.









No podíamos concluir la visita sin pasar por la zona de la pirámide, el reloj celta -cuyo crucero fue tocado por todos, con la petición de deseo correspondiente- y ver el algarrobo milenario que estaba casi en su totalidad cubierto por nuevo ramaje, en junio no lo estaba y fue una grata sorpresa. Esta claro que aquí todo se reproduce.











Más de 567 variedades de plantas y árboles de todos los continentes conviven en este espacio de 11 hectáreas a los pies del mar Cantábrico, no sé si algún día sabré la historia, características, peculiaridades y anécdotas de cada una de ellas, como lo sabe el amigo José Manuel. Lo que si les puedo afirmar que no me canso de visitarlos y que mis escasos conocimientos botánicos crecen con cada visita. La misma es sin duda todo un disfrute para los sentidos, en el que todos sin excepción entran en juego. ¡Qué ricas estaban las brevas y los madroños!










Como de las antigüedades repartidas sabiamente por los Jardines ya he escrito y ponderado las esplendidas vistas que desde cualquier ángulo se pueden observar, no voy a decir más, algunas de las fotografías hablan por sí solas. En otras ocasiones no mencione la procedencia del nombre de la punta de la tercera playa, conocida como “Punta muyeres”, como todo tiene su explicación, y parece ser que allí era a dónde antiguamente acudían las mujeres de los pescadores con sus antorchas a la llegada de los barcos para indicarles su llegada a puerto; en la actualidad allí se encuentra ubicada una cetárea de mariscos.









El mayor de mis agradecimientos a José Javier Rivera Larraya y a José Manuel Alba, a uno por crear y compartir su “paraíso terrenal” con todo el que lo desee y al otro por la dedicación, sapiencia y divulgación que hace del mismo con una simpatía y cariño digna de mencionar. Este espíritu altruista no es muy normal en los tiempos que corren.
Si alguien tiene interés en visitarlos, debe contactar con José Manuel Alba al teléfono: 678-86-52-76. Sólo se realiza una visita diaria. Los grupos deben de ser al menos de 9 personas, sino él indica el día que pueden acudir para unirse a otras personas. No hay publicidad, funciona a través del boca a boca, y desde su inauguración lo hemos visto casi 8.000 personas.
Para los amantes de los libros, aún quedan ejemplares de la maravillosa edición publicada el verano pasado sobre los Jardines; en él pueden ver los mismos en las cuatro estaciones del año a través de espléndidas fotografías a todo color. Sólo se vende en los Jardines y su precio es de 70 €, la edición fue de 1.000 ejemplares y no se piensa en reeditarlo.




Con José Javier Rivera y José Manuel el 26-08-2011 en la presentación del libro.



No quiero acabar sin tener un recuerdo para Ceferino Suárez, fallecido el pasado mes de junio, gracias a sus gestiones visite por primera vez este lugar; él fue el que me presentó a José Manuel y nos supo transmitir la emoción que vivía cada vez que pisaba los Jardines. Sin duda era la misma emoción que siento yo cuando los visito. Descanse en paz.




Ceferino con José Manuel ante el "pozo de los deseos" el 14-04-2011.




MÁS INFORMACIÓN.
“Hay un libro siempre abierto para todos los ojos: la naturaleza”. Jean-Jacques Rousseau (1712-78) escritor y filósofo francés.

1 comentario:

  1. Gracias por informar del contacto para poder visitar estos Jardines, te había leído lo que escribiste en primavera y visto los videos y quede impactado. Llamaré para verlo. Chema Morales.

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