martes, 30 de enero de 2018

Fez, el Palacio Real de Fez El Jedid.


Construido en el siglo XIII fue residencia principal del sultán y una de las residencias oficiales del rey alauita Mohamed VI.


Emplazada entre la fértil Saïs y los bosques del Atlas Medio, a orillas de los ríos Fet y Zitu, en la región de Fez-Bulmán, Fez es la más antigua de las ciudades imperiales marroquíes, emblema cultural e histórico del país y su capital espiritual y religiosa. Tercera ciudad más grande, después de Casablanca y Rabat, su población de 1.115.000 habitantes –censo de 2016- está dividida en tres zonas: Fez el Bali, la ciudad morisca del siglo IX, centro histórico, dentro de las murallas; Fez el Jedid, la ciudad militar e imperial de los benimerines del siglo XIII, dónde se encuentra el Palacio Real y el barrio judío y la ville nouvelle erigida durante el Protectorado francés en el siglo XIX.
Fundada en el año 789 por Idris I, en el año 818, en 1472 se convirtió en la capital del reino benimerin, quienes fundaron una nueva ciudad, Fede El-Jdid, cuyo significado es Fez la nueva o Fez la blanca,  en un lugar elevado con respeto a la medina, como plaza defensiva contra la amenaza de los rebeldes ciudadanos locales, para el control de sus actividades y destinada a albergar a los representantes del poder político y militar.
Construida por el sultán Abú Youssef Yacoub, fue en sus orígenes una kasba, cuya función política y militar predominaba sobre el cometido cívico de una auténtica ciudad islámica, manteniéndose como centro administrativo del país hasta 1912.
La ciudad, que en sus orígenes contaba con un barrio de mercenarios cristianos para la defensa del soberano, ampliada con la construcción del barrio judío, la Mellah, en la actualidad se compone de varias áreas diferenciadas. Al oeste se encuentra el Palacio Real y otros edificios asociados al mismo y el barrio Moulay Abdallah; al sur queda la Mellah, el barrio judío; al este los barrios musulmanes y al norte de la Medina.








Su elemento diferenciador, referente e ícono es el Palacio Real, el Dar el Makhzen, complejo palaciego fortificado ubicado en el centro de la ciudad. Construido como residencia principal del sultán, donde vivía con su guardia y un séquito de sirvientes, esta rodeado por murallas con una longitud de dos kilómetros y ocupa una extensión de 80 hectáreas.








El complejo encierra un conjunto de edificios e instalaciones dispares, en que conviven palacios,  edificios oficiales, administrativos y militares, plaza de armas, mezquita y madraza, con patios abiertos y cerrados, jardines e incluso un zoológico.





La entrada principal al complejo, uno de los más grandes y antiguos de Marruecos, al que no puede acceder ciudadanos y turistas, se realiza por la imponente plaza de los Alaouites, amplia explanada construida en 1968, que desemboca en la majestuosa portada árabe.





Portada con siete puertas que representan los siete días de la semana y además los siete niveles de la Monarquía, realizadas entre 1969 y 1971, donadas por los gremios de artesanos de la ciudad.


  


  



Siete puertas de madera maciza, de diferentes tamaños y altamente ornamentadas, coronadas por una bóveda de tejas verdes y cubiertas de bronce y oro enmarcadas por miles de pequeños azulejos de cerámica, en los que prevalecen el color azul que caracteriza a la ciudad y el verde del Islam, que componen un conjunto espectacular.





  





El palacio, verdadero símbolo de la ciudad y de la cultura islámica, en la actualidad es una de seis residencias oficiales del rey Mohamed VI de Marruecos, décimo octava monarca de la dinastía alauí,  quien gobierna el país desde 1999, junto con las de Marrakech, Meknes, Rabat, Tánger y Tetuán.






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“Hay que ir a la ciudad leyéndolas antes”. José María Merino (1941 - ) poeta y ensayista español.

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