lunes, 29 de agosto de 2011

Los Jardines de la Fonte Baixa en verano.

Cualquier disculpa es buena para volver a visitarlos, y la entrada del verano es una de ellas.

Cuando subí a este blog la visita realizada a los maravillosos Jardines, aún siendo consciente de que eran totalmente desconocidos para mucha gente, no pensé que iba a acaparar tanta curiosidad en muchos de mis conocidos, ni que fueran tantos los que mostraran interés en visitarlos.
Con José Manuel Alba, administrador y guía, ya había hablado de volver en otra estación del año para ver su evolución, y sobre todo para que los conociera mi mujer Estela, gran amante de las plantas. Ello, unido a lo anterior, favoreció la llamada para concertar la visita, y al Chano nos fuimos el 19 de junio de 2011, en un día de sol estupendo.
Grupo heterodoxo el que forme: familia, amigos de diferentes grupos y colectivos e incluso amigos de amigos; a los treinta nos unía el interés por visitar algo tan maravilloso. Como había quórum suficiente, que mejor que hacer el viaje relajadamente en un autobús, y completar la visita con una estupenda comida en Casa Consuelo de Otur y la visita a otra de las maravillas naturales desconocidas de nuestro Principado: las cuevas de Andina o Covas d´Andía, ubicadas en el cercano pueblo de Andina (El Franco).







Llegados al Chano, ya nos espera José Manuel, que con su clásica simpatía nos da la bienvenida y saluda uno a uno a sus visitantes. Como es costumbre, la visita parte de la cúpula ubicada en la entrada, y que permite una visión que ya despeja cualquier duda sobre la grandiosidad de los mismos a los que los visitan por primera vez.









En la cúpula realizada con los nervios de crucero de la iglesia de Polavieya y en cuyo interior se ubican fuentes francesas y una pila bautismal italiana, es dónde se inician las explicaciones. Allí cuenta el origen y la historia de los Jardines y es el lugar dónde comienza el recorrido (más de 5 kilómetros) en el que siguiendo senderos que respetan los antiguos pasos del ganado existentes en las fincas originales, permite ver los entresijos que detalla y explica magistralmente José Manuel.









Este autodidacta enamorado de su profesión, no solo conoce cada palmo del terreno que pisa, la procedencia de cada árbol y planta que vamos encontrando a nuestro paso, sino también la historia, las peculiaridades y las características de cada especie. Con estas premisas entenderán como una visita que dura sin problemas cuatro horas se hace totalmente llevadera y entretenida, él se encarga de que estemos atentos, en cada recoveco hay una sorpresa.
Como bien dice, cada visita es una nueva experiencia, y aunque se suele hacer siempre el mismo circuito, el paso de las estaciones marca el desarrollo, color y forma de cada planta y árbol. Ya hablé de una buena parte de las especies con las que cuenta los Jardines y prácticamente de todas las antigüedades, así que sólo mencionaré alguna curiosidad acerca de ellas y las que más nos han llamado la atención. Cada visita es para mí un pequeño curso de botánica.









Si en la primera visita, en plena primavera, y con muchas plantas floreciendo (rododendros, azaleas y otras muchas), salí impresionado de la variedad de camelias existentes -más de 10.000- y de su múltiple y variado colorido; en esta ocasión lo que más me impactó fueron las hortensias. Camelias tienen más de 1.000 variedades de las 5.750 catalogadas, y de especial belleza me resultó la llamada “de la sangre de Cristo", siendo la visión de su conjunto un espectáculo único.










De hortensias sólo hay cuatro kilómetros y medio, por lo que podemos encontrar de todo tipo y colores. Estaban en uno de sus momentos álgidos, predominan las de color azul (casi un 90 % de ellas) motivado por el PH de la tierra de los Jardines, pero las hay de todos ellos, algunos curiosísimos. Muchas fueron las explicaciones que dio sobre a las mujeres que le interrogaron duramente, les explicó como se realiza su poda, su conservación e incluso trucos para que sean de un color u otro o como secarlas.










Preciosos estaban el vaso de agua y la laguna de la pirámide con los nenúfares florecidos, y sus peculiares y bonitas flores. La parte nueva de los Jardines con el reloj celta de granito gallego, el pozo medieval del siglo X procedente de un monasterio burgalés y la pirámide con su entorno y vistas es siempre el culmen de la visita.










Subimos a la pagoda china, que en la anterior visita no había hecho, es un pequeño homenaje del dueño a ese país asiático, su estructura contiene bolas y columnas regaladas por el Gobierno de China en agradecimiento a la apertura de una fábrica de los famosos “donuts” que da trabajo a más de 2.500 personas.










Ubicada estratégicamente casi en el centro de los Jardines, permite una visión global de los mismos. Todo un regalo para la vista y olfato.










Los ejemplares de las “palmeras de la miel” únicas catalogadas en el norte peninsular o las palmeras imperiales, también llamadas de siete brazos o de la emperatriz Sisi igualmente llamaron la atención. Estas últimas deben su nombre a la exclamación que hizo la emperatriz al visitar el palmar de Elche: “Estas palmeras bien valen un Imperio”.









Las explicaciones sobre la bondad de la infusión de la “Santolina” para el insomnio fue motivo de bromas y comentarios sobre todo lo que nos da la naturaleza; y que ya habían salido al paso por el árbol “Ginwkowiloba” japonés y sus virtudes para combatir tumores o el alzheimer.









El “Acer palmatium rojo” japonés, un bonsái con más de 250 años, y cuyo coste ronda los 24.000 € captó igualmente nuestro interés. Su peculiaridad, edad y coste lo merecía.









Curiosa planta el bambú. Aquí tienen los llamados falsos (el más extendido) y los auténticos (de color verde o amarillo) que tienen en su corteza una raya del color contrario. Esta peculiaridad los diferencian de los falsos, y curiosamente ambos son más gruesos cuantos más jóvenes son.









Los “metrosideros” de la Guayana o árbol de hierro, que fue de los primeros en plantarse en el jardín o los helechos australianos y de Nueva Zelanda, uno de ellos con más de 200 años, que están censados, catalogados y numerados, como bien se puede apreciar en los chip que tienen grapados en su corteza, fueron otros de los que causaron sensación.








Referente a los múltiples objetos, antigüedades y curiosidades que se dispersan por todos los sitios con un gusto exquisito ya está prácticamente dicho en la crónica anterior. Si nos paramos un buen rato en la fuente adquirida a la duquesa de Alba, que esta tenía en uno de sus palacios en Salamanca; es un capricho de José Javier Rivera, y aunque no nos han dicho su coste, si que tuvo que negociar y pujar fuerte para adquirirla.








Podría seguir y seguir hablando de otras muchas plantas y árboles que allí tienen, así como de las antigüedades que en él se encuentran o las vistas que de norte a sur y de este a oeste ofrece, pero no es el caso. En él conviven más de 567 variedades de todos los continentes y climas.









“Esta tierra reúne todos los requisitos” y “Es un jardín con características únicas y un paisaje prestado maravilloso que es el mar, que enmarca el horizonte y cuyo color azul resalta los verdes y los ocres”. Estas dos afirmaciones realizadas recientemente por el propietario en una entrevista, definen perfectamente a los mismos. Yo añadiría que trabajo, dedicación, cariño e inversión (hay que también decirlo) son los otros ingredientes indispensables.
Su ubicación en los acantilados de las playas de Luarca es única, hace que de sus miradores se observen vistas espectaculares, pero también condiciona, las duras condiciones climatológicas ponían y ponen en riesgo la supervivencia de especies procedentes de los cinco continentes, como bien señala José Manuel. La plantación de leilandys como pantallas protectoras formando micro jardines, puede ser un buen ejemplo de cómo se trabaja aquí, para que los riesgos sean mínimos.









Preciosa mañana la disfrutada en los Jardines, que constituyen todo un placer para los sentidos y en los que cualquiera que tenga un mínimo de sensibilidad quedará impresionado, o al menos eso pienso yo. De momento cuando con José Manuel me emplazó para volver en otoño, y ver como se manifiesta cada especie todos los asistentes se apuntaron, por algo será.
El mayor de mis agradecimientos a José Javier Rivera Larraya y a José Manuel Alba, a uno por compartir su “paraíso terrenal” con todo el que lo desee y al otro por la dedicación, sapiencia y divulgación que hace del mismo con una simpatía y cariño digna de mencionar. Este espíritu altruista no es muy normal en los tiempos que corren.
Si alguien tiene interés en visitarlos, debe contactar con José Manuel Alba al teléfono: 678-86-52-76. Sólo se realiza una visita diaria. Los grupos deben de ser al menos de 9 personas, sino él indica el día que pueden acudir para unirse a otras personas.



MÁS INFORMACIÓN.
“La naturaleza y el arte parecen rehuirse, pero se encuentran antes de lo que se cree”. Johann W. Goethe (1749-1832) poeta y dramaturgo alemán.

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