martes, 22 de enero de 2019

San Ignacio de los Beyos. Ponga

Pueblo y parroquia ubicada en el desfiladero de los Beyos, prototipo de pueblo beyusco.


El concejo de Ponga, situado en el sureste del Principado de Asturias, lindante con los municipios leoneses de Oseja de Sajambre, Burón y Maraña, y con los asturianos de Caso, Piloña y Parres, tiene una extensión de 205,98 kilómetros cuadrados, y un censo poblacional –en el año 2018- de 598 habitantes.
Integrado en su totalidad en el Parque Natural de Ponga, declarado en el año 2003, está vertebrado en nueve parroquias: Abiegos, Casielles, Carangas, Cazo, San Juan de Beleño, San Ignacio, Sobrefoz, Taranes y Viego.
La de San Ignacio, bajo la advocación de San Ignacio de Loyola, cuya festividad realizan el 31 de julio, cuenta con una extensión de 6,75 kilómetros cuadrados y una población que apenas supera la treintena de habitantes distribuidos entre sus núcleos rurales de  San Ignacio, puente Pombayón, puente Vidosa, el Arenal y Valle Soto.




El primero de ellos, la cabecera parroquial, está ubicado a una altitud de 390 metros, distante 14 kilómetros de San Juan de Beleño, la capital municipal. Su acceso rodado se hace a través de la Nacional 625 que comunica el Principado de Asturias con León a través del puerto del Pontón, con inicio en Arriondas y final en Mansilla de las Mulas. Para, pocos metros antes del kilómetro 135, coger la desviación indicada en el lugar de puente Pombayón, que en un recorrido que apenas supera un kilómetro concluye en la localidad.






Pudiendo accederse igualmente un kilómetro más adelante, si se viene desde Arriondas, superado el puente Vidosa, a través de la carretera PO-2 que conduce a Viegu y San Juan de Beleño, desviándose a unos 300 metros, distando de dicho punto 1,5 kilómetros pasando previamente por el núcleo del Arenal.





San Ignacio también conocido como el Beyu, debido a la masa calcárea sobre el que se asienta, está ubicada bajo la sierra de Monampiellu, en pleno desfiladero de los Beyos, entre los puentes de Pombayón y de Vidosa, anclado en la roca sobre los ríos Sella y Santagustia, con alguna de sus viviendas asentadas al borde del cortado, transmite la impresión de ser el vigía del desfiladero.





Dividido en los barrios de Bores -más inferior- y Canisqueso, superior, distante unos 300 metros y en franco deterioro,  sus viviendas y construcciones apenas llegan a las tres decenas, algunas auténticas reliquias etnográficas, verdaderos ejemplos de la arquitectura rural de montaña del oriente del Principado.






En su ladera opuesta, en la vertiente derecha de descenso del río Sella en busca del mar Cantábrico, se encuentra la angosta canal y pico de la Redonda, dónde se ubica el abandonado caserío de Rubriellos.





Al igual que el resto de los pueblos denominados beyuscos, como Biamón, Casielles o Viboli, o los deshabitados de la Caviella, Canisqueso, Rubriellos o Tolivia, tienen en común su peculiar emplazamiento topográfico, difícil de entender en el siglo veintiuno, que obligó a levantar las construcciones de forma escalonada en la roca, muchas de ellas colgadas literalmente al borde de las masas rocosas sobre las que se asientan. Núcleos de difícil acceso, que hace entendible el masivo despoblamiento y abandono de los más, siendo San Ignacio –posiblemente- su mejor ejemplo.




Pueblos con la gran peculiaridad etnográfica, y uno de sus elementos de unión, los hórreos beyuscos, auténticas joyas, que pasan por ser los más primitivos y menos evolucionados de los existentes en el Principado de Asturias, considerados por algunos como el vestigio de los graneros imperantes y antecedentes directos del patrón más extendido.





En San Ignacio, aún se conserva uno de estos ejemplares, caracterizados pos sus cajas rectangulares de menor tamaño, sus cubiertas a dos aguas con cobertura de teja curva del país, puertas emparejadas, pegollos y muelas irregulares adaptadas al terreno dónde se asientan y la carencia de corredores y escudos.



Siendo su pequeña capilla rural del siglo XVIII, su otro reclamo, que bajo la advocación de San Ignacio forma parte junto a su vecina de San Juan de Casielles del inventario de Patrimonio Arquitectónico del Principado de Asturias.







Construida en mampostería, cubierta a dos vertientes, de nave única rectangular y cabecera cuadrada alineada en planta, en su parte sur tiene adosada una pequeña sacristía y casa rectoral de dos plantas.





Estando su fachada precedida por un pórtico de cubierta, apoyado en muro de cantería y rematada con espadaña de doble hueco, aunque en la actualidad cuenta con una sola campana. 






Estando ubicado en la parte superior del pueblo, el cementerio parroquial.




Núcleo rural que fue finalista de “Pueblo ejemplar” en el año 2001 de los Premios de la por entonces Fundación Príncipe de Asturias, que impacta al viajero por su ubicación  en un paraje sin igual, de gran belleza natural y paisajística, trasladándolo a tiempos pretéritos, que lucha por su pervivencia adaptado a los nuevos tiempos sin renunciar a su pasado, conservando sus señas de identidad y su riquezas etnográficas que hacen únicos a los prácticamente desaparecidos pueblos beyuscos. 









"Nel Beyu les gallines ñacen con güeveru pa que nun rueden los güeves pa baxo". Dicho popular.

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