miércoles, 21 de agosto de 2013

Como agua para chocolate. Laura Esquivel.

Resumen del libro “Como agua para chocolate” de Laura Esquivel. Editado por Grijalbo Mondadori, S.A.

 
ÍNDICE.
I.- Enero: Tortas de Navidad.
II.- Febrero.
III.- Marzo.
IV.- Abril.
V.- Mayo.
VI.- Junio.
VII.- Julio.
VIII.- Agosto.
IX.- Septiembre.
X.- Octubre.
XI.- Noviembre.
XII.- Diciembre.
 
 
 

CAPÍTULO I: Enero. Tortas para Navidad.
Receta:
n      1 lata de sardinas.
n      ½ chorizo.
n      1 cebolla.
n      Orégano.
n      1 lata de chiles serranos
n      10 teleras.
Tita se encuentra cortando cebolla con Nacha y se describe el nacimiento de Tita, realizado por su madre en la cocina prematuramente mientras se picaba cebolla debido a los lloros que esta realizada siempre con la cebolla, incluso en el vientre de su madre. Este inusitado nacimiento determinó el hecho de que siempre sintiera un inmenso amor por la cocina y que la mayor parte de su vida la pasara en ella, prácticamente desde que nació, ya que a los dos días de su nacimiento su padre se murió de un infarto, a su madre se le fue la leche y fue sacada adelante con los tés que le preparaba Nacha.
Siempre lloraba cuando picaba cebolla, de tal manera que no diferenciaba las lágrimas de la risa de las del llanto y de igual forma confundía el gozo de vivir con el de comer. No era fácil para una persona que conoció la vida a través de la cocina entender el mundo exterior. Nunca pudo jugar con sus hermanas, desde que una vez le quemo las manos con el comal, sin querer, a su hermana Rosaura.
Preparando uno de sus platos preferidos, la torta de Navidad, en concreto el relleno pensaba en que los olores tienen la característica de reproducir tiempos pasados junto con sonidos y olores nunca igualados en el presente, a la vez que vivía de cerca la autoridad y la fuerte personalidad de su madre.
Una de las tardes, cuando ya tenía quince años, cunado ya su madre les había dado permiso para levantarse una vez acabadas las tareas, le dijo con voz temblorosa que Pedro Murquiz quería hablar con ella, y Mamá Elena ya le aviso de que si venía a pedir su mano perdía el tiempo, ya que sabía bien que al ser la más chica de las mujeres le correspondía cuidarla hasta el día de su muerte. Esta máxima nunca la llego a entender y se hizo mil preguntas sobre la misma, pero todos sus interrogantes pasaban inmediatamente a formar parte del archivo de preguntas sin respuestas, en la familia De la Garza se obedecía y punto.
Las continúas contestaciones de Tita no le gustaban a su madre, que la reprendía y pegaba, y que además casi nunca la llamaba Mami, como le gustaba que la llamasen, así que cuando comenzó a hacerlo pensó que ya estaba doblegando el carácter de su hija más pequeña.
A pesar de que mando un recado a Pedro para que no fuera a su casa, este se presento con su padre, Mamá Elena se comporto muy amable y les explicó la razón por la que Tita no se podía casar, poniendo a su consideración la posibilidad de hacerlo con Rosaura, dos años más mayor que Tita.
Cuando su madre les comunico que Pedro había aceptado el ofrecimiento, Tita sintió un frío estremecedor que nunca se le quito, ni tan siquiera cuando Nacha le comunico que había escuchado a Pedro decirle a su padre que sentía un inmenso e imperecedero amor por Tita, y que la única forma de estar cerca de ella era casándose con su hermana.
Un año más tarde, en Navidad, la familia de Pedro y los vecinos del rancho Paquita Lobo, fueron a cenar a su casa, y allí Tita pudo comprobar el poder de la mirada, poner distancia entre ella y su querido de nada servía, sentía la sangre correr abrasadoramente por sus venas, a pesar que para disimular no paraba de hablar con Paquita, e incluso le dio y explico la receta del licor que bebían, el Noyo. Al acabar la velada, se encontraron y él le manifestó su amor y le pidió respuesta, ella le dijo que sí y en su estómago sintió un huevo que no era de hambre, y a la noche sintió un frío que nunca logro controlar mientras vivió.
 
 
CAPÍTULO II. Febrero. Pastel Chabela.
Ingredientes:
n      175 gramos de azúcar granulada de primera.
n      300 gramos de harina de primera, tamizada tres veces.
n      17 huevos.
n      Raspadura de un limón.
Para el relleno:
n      150 gramos de pasta de chabacano.
n      150 gramos de azúcar granulada.
Para el fondant:
n      800 gramos de azúcar granulado.
n      60 gotas de limón y el agua suficiente para que remoje el azúcar.
Se explica la elaboración de este pastel y la manera de conservar los huevos frescos de las gallinas, mientras lo cocinan Tita y Nacha para la boda de Pedro y su hermana Rosaura, después de haber preparado los 20 platos que componían el banquete. A la petición de la mano Tita no acudió pretextando una jaqueta y por ello fue castigada a castrar los pollos para convertirlos en capones, lo que le costo un gran sacrificio y genero un enfrentamiento con su madre, que la abofeteo.
Al acabar los preparativos para el pastel estaba muerta de cansancio y descargo toda la tensión, por indicación de Nacha, llorando largamente, para evitar hacerlo el día siguiente, durante la celebración de una boda que no entendía, en la que su amado se iba a casar con una hermana con la que nunca se había llevado bien, a la que la aversión por los criterios diferentes sobre la cocina y la comida les hizo rivalizar, rivalidad culminada con la boda.
Mientras preparaban el relleno para el pastel, recordaba el día que venia de recoger los chabacanos y se encontró con Pedro que le pidió hablarle y como para rechazarle entro corriendo en la sala dónde sus hermanas bordaban le sábana nupcial, con un delicado bordado en un orificio en el centro, destinado a mostrar únicamente las partes nobles de la novia en los momentos íntimos del matrimonio, sábana elaborada en seda francesa adquirida suministrada por un chino que compraba billetes del ejército revolucionario del norte sin valor en el sur, y que se desplazaba al norte a comprar mercancía.
Preparando el turrón o fondant para el pastel, Tita volvió a llorar y fue enviada a la cama por Nacha, que temía que las lágrimas alteraran su sabor, hecho que constato probándolo, pero sin saber porqué le entro una gran nostalgia, recordando parte de las celebraciones que conoció en sus 85 años, incluida su frustrada boda por el rechazo de Mamá Elena, se acostó y lloró toda la noche y no tuvo ánimos para asistir a la boda el día siguiente.
El día de la boda Tita no sólo tuvo que acudir, sino también evitar que su rostro revelara la menor emoción, siendo consciente que más que su hermana ella sería el centro de atención de los invitados, que en gran parte querían regodearse con su sufrimiento. Para lograrlo hizo lo posible para que su mente estuviese ocupada en sus recuerdos, como el día que con nueve años se escapo a jugar con los niños del pueblo y los gano cruzando el río a nado, o como consiguió controlar con catorce años a los caballos desbocados por un cohete lanzado por unos niños.
Concluida la boda, tuvo que felicitar a su hermana y a Pedro, que le pidió su felicitación y a la hora de abrazarla le dijo que con la boda lograba lo que anhelaba, estar cerca de ella, la mujer que quiere. Sus palabras se reflejaron en su rostro, que no puedo evitar sus sentimientos, reflejando sus rostro un gran alivio y felicidad, que fue observado por su madre que la interrogo sobre las palabras de su amado, a la vez que la amenazaba si la volvía a ver cerca de él.
Aquellas palabras la habían aliviado y sólo deseaba que todos comieran su pastel para poder retirarse y correr al lado de Nacha para contárselo. Sus pensamientos la tenían tan ensimismada que no le permitieron observar que algo raro sucedía a su alrededor, y que una inmensa nostalgia se adueñaba de todos los presentes en cuanto le daban el primer bocado al pastel, que comenzaban a llorar, incluida Mamá Elena que no lo hacia desde la muerte de su esposo. Y eso no fue todo, el llanto fue el primer síntoma de una intoxicación rara que tenía algo que ver con una melancolía y frustración que hizo presa de todos los invitados y los hizo terminar en el patio, los corrales y los baños añorando cada uno al amor de su vida, participando todos en una vomitona colectiva, siendo Tita la única a la que no le acepto, y que nada más acabar su pastel se fue en busca de la que consideraba su verdadera madre las palabras de su cuñado. Rosaura intento controlar sus náuseas y arcadas, pero acabo vomitando ante su esposo y no hubo poder humano que le quitara de la mente que su hermana había mezclado algún elemento extraño en el pastel.
Los dolores y quejidos así como el miedo a deponer sobre las sábanas que tanto tardo en bordar, facilitaron que Pedro le sugiriera dejar para otro día la culminación de la noche de bodas, pasando meses antes de que él sintiese la obligación de hacerlo y ella le dijera que se sentía bien.
Tita jamás ni supo ni se imagino la tardanza en consumarse aquella boda, estaba más preocupada por salvar su pellejo que por otra cosa, la noche de la fiesta había recibido de manos de su madre una soberana paliza jamás recibida y por la que tuvo que pasar dos semanas en cama para reponerse de los golpes. El motivo era la seguridad de su madre que con el contubernio de Nacha le había echado algún vomitivo al pastel. La cocinera no pudo atestiguar a su favor, ya que al ir a verla la encontró muerta con los ojos abiertos y la foto de un antiguo novio en las manos.

 
CAPÍTULO III. Marzo. Codornices en pétalos de rosa.
Ingredientes:
n      12 rosas, de preferencia rojas.
n      12 castañas.
n      Dos cucharadas de mantequilla.
n      Dos cucharadas de fécula de maíz.
n      Dos gotas de esencia de rosas.
n      Dos cucharadas de anís.
n      Dos cucharadas de miel.
n      Dos ajos.
n      6 codornices.
n      1 pithaya.
Mamá Elena conocedora del riesgo que había en el caso de estar juntos Pedro y Tita, se las había arreglado para que nunca pudiese tener lugar un encuentro, pero a la muerte de Nacha su hija era la más capacitada para ocupar el puesto vacante en la cocina, siendo nombrada entre el regocijo de los habitantes del rancho cocinera oficial y ahí escapaban de su riguroso control los sabores, los olores, las texturas y lo que éstas pudieran provocar.
La muerte de la cocinera la había dejado muy sola al considerarla su verdadera madre y se encontraba en un estado de depresión muy grande, obsequiándola Pedro con un ramo de rosas al cumplirse el aniversario de su nombramiento como cocinera. Rosaura, que esperaba su primer hijo, al observar la escena salió de la sala presa de un ataque de llanto y su madre la obligó a deshacerse de las rosas. Tita apretó con tal fuerza las rosas contra su pecho que se volvieron rojas con la sangre  y para nada deseaba tirarlas a la basura, escuchando la voz de Nacha dictándole al oído una receta prehistórica donde se utilizaban pétalos de rosa.
La receta se hacía con faisanes, pero lo único que había en el rancho era codornices, y en busca fue de ellas, matando a la primera con gran dificultad y hacerlo de manera decidida con las siguientes. Mientras preparaba la receta se acordó de la vez que su hermana para complacer a Pedro se puso a cocinar y la echo de la cocina, con un resultado nefasto, el arroz se le batió, la carne se le saló y el postre se le quemó, salvando la situación su madre que manifestó, con el consentimiento de todos, que para ser la primera vez no lo había hecho tan mal, pero que no le valió a Rosaura para intentarlo en otras ocasiones.
La receta preparada causó sensación en la mesa, Pedro la consideró un placer de dioses, a la madre le pareció salada y Rosaura pretextando náuseas y mareas no pudo comer más de tres bocados, ocurriéndole algo raro a Gertrudis.
Parecía que el alimento que estaba ingiriendo producía en ella un efecto afrodisíaco, pues empezó a sentir que un intenso calor le invadía las piernas, y un cosquilleo en el centro de su cuerpo no le dejaba estar correctamente sentada. Empezó a sudar y a imaginarse a lomos de un caballo con un villista que días antes había visto en el pueblo, intento buscar apoyo en Tita, pero esta estaba ausente, parecía que su cuerpo se había disuelto en la receta y penetraba en el cuerpo de Pedro ,voluptuosa, aromática, calurosa y completamente sensual.
Gertrudis era la encargada de lavar platos y trastes de la cocina, pero no era capaz de hacerlo y le pidió a su hermana que lo hiciese, estaba indispuesta y su cuerpo sudaba copiosamente, le brotaban gotas de color rosado y tenían un agradable y penetrante olor a rosas, sintiendo una necesidad imperiosa de bañarse, y corrió a prepararlo. En el patio había una regadera reglamentaria en un cuarto con tablas por el que se veía a la persona que estaba dentro. El olor a rosas que desprendía su cuerpo llego muy lejos, hasta las afueras de Piedras Negras, dónde revolucionarios y federales libraban una cruel batalla. El olor llego al villista Juan, el soldado que había visto semanas antes, y este abandono el campo de batalla a galope hacia el rancho, presa de una fuerza superior que controlaba sus actos, una necesidad de llegar lo más pronto posible al encuentro de algo desconocido en un lugar indefinido.
Le fue fácil dar con el objetivo, y llego al rancho cuando ella corría en medio del campo desnuda, parando en cuanto le vio realizando ambos un encuentro espectacular a lomos del caballo, siendo todo tan rápido que la escolta que seguía al capitán intentando interceptarlo nunca lo logró y el informe que llevaron era que había enloquecido durante la batalla.
Tita había observado todo  desde el patio, a pesar de que una nube de color rosado y las llamas del cuarto del baño le interferían la visión, a su lado Pedro también tuvo la suerte de completar el espectáculo, pues había salido a dar una vuelta en bicicleta, y como espectadores de una película se emocionaron hasta las lágrimas al ver a sus héroes realizar el amor que para ellos estaba prohibido. Él le cogió su mano y hubo un momento en que todo pudo cambiar, pero la llegada de Mamá Elena lo impidió, aunque ella tuvo tiempo para trasladarse a una situación distinta. El segundo grito de su madre la sacó de sus cavilaciones y no sabía como explicar la situación creada, por lo que se invento una versión de que los federales habían entrado a tropel, habían prendido fuego a los baños y habían raptado a Gertrudis. Su madre se creyó toda la historia y enfermó de la pena, pero estuvo a punto de morir cuando se enteró una semana después por boca del párroco del pueblo que su hija estaba trabajando un burdel de la frontera; prohibió mencionar el nombre de su hija y mandó quemar todas sus fotos y su acta de nacimiento.
Pero ni el fuego ni el paso de los años logró borrar el olor a rosas ni borrar las imágenes que la pareja observaron y les marco para siempre. Cada aniversario como ofrenda a la libertad de su hermana, Tita repetía la receta y se imaginaba la vida de su hermana, a la que relacionaba con una estrella a la que intentaba descubrir en el firmamento para que le transmitiera el calor que a ella le faltaba y a su hermana le sobraba.

CAPÍTULO IV. Abril. Mole de guajolote con almendra y ajonjolí.
Ingredientes:
n      ¼ de chile mulato.
n      3 chiles pasilla.
n      3 chiles anchos.
n      Un puñado de almendras.
n      Un puño de ajonjolí.
n      Caldo de guajalote.
n      1/3 de la concha de un bizcocho.
n      Cacahuetes.
n      ½ cebolla.
n      Vino.
n      2 tablillas de chocolate.
n      Anís.
n      Manteca.
n      Clavo.
n      Canela.
n      Pimienta.
n      Azúcar.
n      Semilla de los chiles.
n      5 dientes de ajo.
Tita se aplico en cebar a los guajalotes apropiadamente, pues le interesaba quedar bien en la fiesta del bautizo de su sobrino Roberto, hijo de Pedro y Rosaura, acontecimiento que merecía una gran comida con mole y en la que se estrenaba una nueva vajilla con el nombre del niño, que acaparaba todas las atenciones, es especial de su tía que sentía un inmenso cariño por el niño sin tener en cuenta de que era el resultado de algo que no deseaba.
Los preparativos en la cocina desprendían olores que llamaron la atención de Pedro, que acudió a la cocina y encontró a su amada en los preparativos de una forma muy sensual y con su mirada consiguió transformar los senos de Tita, que siempre iba sin sujetador, de castos a voluptuosos, sin necesidad de tocarlos. La llegada de Chencha evito un desenlace que ambos deseaban.
La mirada de Pedro le había hecho recuperar la confianza en el amor que éste le profesaba, hacia tiempo que estaba envenenada con la idea de que bien Pedro le había mentido o que con el tiempo se había enamorado de su hermana. Esta inseguridad comenzó cuando él dejo de festejar sus platos, sin saber que Mamá Elena le había pedido a su cuñado que no hiciera comentario alguno, siendo de esa época de sufrimiento cuando nacieron sus mejores recetas.
Una mañana madrugo más de lo habitual para prepararle una maleta con ropa a su hermana Gertrudis sin que nadie lo supiese, para dárselo a Nicolás que salía de viaje a recoger ganado,  cuando escucho a su cuñado buscándola con desesperación, tenia que ir en busca del doctor, ya que su hermana había comenzado con los dolores de parto, y le pidió que la atendiera mientras volvía.
A Tita no le quedo otro remedio, ya que su madre y Chencha ya se habían ido al mercado. Lo que ella no imaginaba es que a Pedro lo capturaran los federales y que en el pueblo hubiera una batalla y se tuvieran que refugiar en casa de los Lobo, por lo que la única presente en el nacimiento de su sobrino era ella.
En las horas que pasó al lado de su hermana, que había engordado 30 kilos y que tenia hinchado el cuerpo, aprendió más que en todos los años de escuela. Había visto nacer algunos animales, pero esas experiencias de nada le servían ahora, sabía la teoría pero nada más y arrodillada ante su hermana pedía a Nacha que la iluminara en esos momentos.
El llanto del niño  invadió todos los espacios de su corazón  y ella supo que amaba nuevamente la vida, a ese niño, a Pedro e incluso a su hermana. Tomo al niño se lo acerco a Rosaura, y juntas lloraron un buen rato, realizando después todas las indicaciones que le realizaba Nacha al oído, realizando perfectamente los pasos aconsejables en estos casos. Cuando a la noche llegaron Mamá Elena, Chencha y los Lobo, se admiraron del trabajo profesional que había realizado. Pedro no llegó con el doctor Brown hasta el día siguiente, en el que lo dejaron en libertad. El doctor hizo ver lo peligroso que había sido el parto, en el que la vida de Rosaura estuvo en peligro, quedando gratamente sorprendido de la labor realizada, a la vez que se sorprendía la transformación de niña dientuda a mujer bellísima que había experimentado Tita.
La petición de la madre al doctor para que fuese cada dos veces al día a ver a su hija, le lleno de alegría, ya que podía ver a la única mujer que le había llamado la atención desde la muerte de su mujer, hacia cinco años al poco de dar a luz, pero de eso no se percato la madre que únicamente estaba preocupada de que su hija no tenia leche.
Se contrato a una nodriza del pueblo, pariente de Nacha, para amamantarlo, pero una mañana una bala cuando acudía a la casa una bala perdida acabo con ella y no fue posible encontrarle una sustituta. El bebe lloraba desesperado pese a los intentos de Tita de darle té, que lo rechazaba, desesperada ante los lloros abrió su blusa y ofreció al niño su pecho, segura de que estaba seco pero con la intención de mantenerlo entretenido mientras pensaba en una solución.
El niño succionó y succionó, con fuerza tan descomunal, que logró sacarle leche a Tita, que viéndole tan tranquilo y escuchándole deglutir sospecho que algo extraordinario estaba pasando, separo al niño del pecho y vio como le brotaba leche del pecho. No era posible que una mujer tuviera leche, se trataba de un hecho sobrenatural y sin explicación en esos tiempos. Estaba tan absorta en la contemplación del niño que no escucho entrar a Pedro, que no se sorprendió ni necesitó de ningún tipo de explicaciones, embelesado y sonriente se les acerco y le dio a Tita un beso en la frente. Ella le quito el pecho al niño satisfecho y él contemplo lo que había visto a través de la ropa, ayudándola a ajustarse la ropa antes de la llegada de Mamá Elena, que nada pudo ver pero si  oler algo en el ambiente que le hizo agudizar todos los sentidos, y que mostró su satisfacción cuando su hija le dijo que el niño había tomado té.
Rosaura seguía delicada por lo que nadie se extrañaba que su tía le diera de comer al niño, pero lo que nunca supieron era la forma en que lo hacia, ya que con la complejidad de Pedro tenia mucho cuidado de que nadie la viera. El niño, en lugar de ser motivo de separación entre ambos, terminó por unirlos más.
El día del bautizo su hermana sólo pudo estar en la iglesia, y ella tomo su lugar en el banquete, el doctor John Brown la miraba embelesado, había acudido solo para intentar hablar con ella a solas y acercándosele escucho como le decía que no podía tener hijos ni casarse al tener que cuidar a su madre, algo que el doctor no llegó a comprender dejándolo desconcertado, como estaba ella, que se superpuso al tener en sus brazos a Roberto, realmente ella ejercía de madre sin el título oficial, Pedro y Roberto le pertenecían y ella no necesitaba nada más en la vida.
Tita esta tan feliz que no se dio cuenta de que su madre y John no la perdían de vista. La comida fue un éxito y no paro de recibir felicitaciones. Entre todos los invitados ella era realmente la única molesta, pues curiosamente después de comer el mole, todos habían entrado en un estado de euforia que los hizo tener reacciones de alegría poco comunes.  La única que no perdió la compostura fue Mamá Elena, muy ocupado en buscar soluciones a su resquemor, y aprovechando un momento en que Tita estaba cerca, le comento al padre Ignacio la preocupación por su hija Rosaura, y por si necesitaba un médico en un momento dado, por lo que había decidido enviar al matrimonio y a su nieto a vivir a San Antonio, Texas, con su primo. Sus palabras resonaron como cañones en la cabeza de Tita, que no estaba dispuesto a permitir que ello ocurriera, aunque su madre ya había conseguir arruinar la fiesta, su primera fiesta.
 
 
CAPÍTULO V. Mayo. Chorizo norteño.
Ingredientes:
n      8 kilos de lomo de puerco.
n      2 kilos de retazo o cabeza de lomo.
n      1 kilo de chile ancho.
n      60 gramos de cominos.
n      60 gramos de orégano.
n      30 gramos de pimienta.
n      6 gramos de clavo.
n      2 tazas de ajos.
n      2 litros de vinagre de manzana.
n      ¼ kilo de sal.
Tita había perdido todo interés por la vida desde que Roberto, Pedro y Rosaura se habían ido a Texas, exceptuando el que le despertaba un indefenso pichón al que alimentaba de lombrices, y Chencha se aplicaba en elaborar el chorizo que hacían con el cerdo, uno de los pocos animales que se había salvado del expolio que fechas antes les habían realizado el ejército revolucionario. El día que llegaron había poca gente en la casa y Mamá Elena les hizo frente con la escopeta con una valentía inusual y amenazando al capitán consiguió que no entraran en la casa, aunque se llevaron buena parte de las provisiones y tal cantidad de palomas que pudieron alimentar a todo el batallón durante toda una semana. Al irse el capitán pregunto por sus hijas, a lo que le respondió que la mayor y la menor vivían en Estados Unidos y la otra había muerto, la madre nunca se enteró que ese capitán Juan Alejandrez meses antes se había llevado a su hija Gertrudis.
Al salir de su escondite lo primero que extraño a Tita fue el canturreo de las palomas y ese silencio le hizo que sintiera de golpe la soledad, subió al desván y lo único que encontró fue suciedad y plumas y un pequeño pichón recién nacido, a la vez que observa la polvareda de los caballos y por un momento deseo encontrar a su madre muerta. Desde ese día el pichón era su preocupación, sus pechos se habían secado de un día para otro, por la pena que le causó la separación de su sobrino y no paraba de pensar atormentada quién y cómo lo estaría alimentando y su único logro en ese tiempo fue quintuplicar el tamaño de la enorme colcha que llevaba años tejiendo.
Como su misión era atender a su madre hasta su muerte, una de sus funciones era preparar el ritual para el baño que era igual que una ceremonia y después bañarla, ceremonia que realizaban una vez a la semana, y de la que la madre nunca quedaba satisfecha del trabajo realizado por su hija, y en aquella época con la cabeza de Tita en otro sitio los errores se multiplicaron y tuvo que realizar trabajos complementarios que de otra manera no se producirían.
Mientras preparaban el chorizo no pudo de dejar de recordar cuando una noche de verano cuando todos salieron a dormir al patio, ella se levanto al baño y detrás de ella Pedro que se le abalanzo, la beso y la palpo , pero que no pudieron ir más allá por el acecho de Mamá Elena, que por unos días parecía haber olvidado el mandar al exilio a su hija, pero que con este hecho lo agilizó y en tres días logró que se fueran del rancho.
La llegada a la cocina de su madre y de Chencha llorando le ahuyentó sus recuerdos, el sirviente que había ido a interesarse por la salud de Roberto, vino con la noticia de que el niño se había muerto. Tita sintió en su cabeza un trastero cayéndose del golpe, su madre le recrimino que llorase y ella se le enfrento rompiendo el chorizo en cachos y fue golpeada con dureza con una cuchara de madera por su madre, pero ella se le volvió a enfrentar y la culpo de la muerte de Roberto, a la vez que cogiendo al pichón se subió al palomar.
Su madre mando quitar la escalera y dejarla pasar allí la noche, al día siguiente mando a Chencha bajarla, pero esta la encontró con el pichón muerto entre sus manos y con la mirada perdida, y le dijo a la madre que estaba como loca y que no quería abandonar el palomar. Su madre decidió enviarla al manicomio, al no haber sitio en la casa para dementes, y mando llamar al doctor Brown para que la llevara. Este la encontró desnuda, con la nariz rota y llena de suciedad de palomas por todo el cuerpo, nadie supo que le dijo el doctor durante las horas que pasó con ella, pero al atardecer bajó con Tita ya vestida, la subió a su carreta y se la llevó. Chencha corrió llorando a su lado y apenas le dio tiempo a ponerle encima la enorme colcha que siempre tejía
 
 
CAPÍTULO VI. Junio. Masa para hacer fósforos.
Ingredientes:
n      1 onza de nitro en polvo.
n      ½ onza de minio.
n      ½ onza de goma arábiga en polvo.
n      1 dracma de fósforo.
n      Azafrán.
n      Cartón.
El doctor Brown en lugar de llevarla a un manicomio la llevo a vivir con él, ella se sentaba junto a la ventana de un pequeño laboratorio que él tenia en la parte de trasera del patio de su casa y allí le veía realizar sus preparados, entre ellos la masa para fósforos. Su frío crónico no le permitía calentarse, a pesar de estar cubierta con su pesada manta de lana.
El doctor con sus manos, graves y amorosas, le quito la ropa y la baño, luego con cuidado le había desprendido toda la suciedad de las palomas, dejándola limpia y perfumada, le había cepillado el cabello y acostado en una cama con sábanas almidonadas. Esas manos le había rescatado del horror y nunca lo olvidaría, algún se lo haría saber, pero ahora prefería el silencio.
Tenia muchas cosas que ordenar en su mente y no encontraba palabras para expresar lo que estaba cocinando en su interior desde que dejó el rancho y no le apetecía hablar ni con John, ni del pequeño Alex ni de Caty su cuidadora y cocinera. No paraba de mirarse sus manos, al verlas libres de las órdenes de su madre no sabía que pedirles que hicieran, nunca lo había decidido por sí misma. Se asomaba a la ventana y alargaba sus manos al viento con el deseo de volar.
Una mañana descubrió un olor que provenia de un pequeño cuarto al fondo del patio, era el olor que desprendía una comida bien cocinada, sin conocer a la cocinera sentía reconocerse en esa persona, bajo en su búsqueda y se encontró con una agradable mujer de unos 80 años parecida a Nacha, que hervía té en un cazo de barro, la invito con la vista a sentarse y le dio una taza de té, la tomo y permaneció un buen rato a su lado, no hablaron pero no era necesario, entre ellas había una comunicación que iba más allá de las palabras.
Ella la visita todos los días, y poco a poco aparecía también el doctor, la única diferencia era que el sí hablaba y en lugar de cocinar se dedicaba a poner a prueba sus teorías de manera científica. Esta experiencia por experimentar la había heredado de su abuela, una india kikapú a la que su abuelo había raptado y llevado a vivir con él lejos de la tribu. Con todo y que se casó con ella, la orgullosa y netamente americana familia del abuelo le había construido este cuarto al fondo de la casa, donde ella podía pasar la mayor parte del día dedicándose a la actividad que más le interesaba: investigar las propiedades curativas de las plantas, al mismo tiempo que le servía de refugio en contra de la agresiones de su familia.
El reconocimiento de “Luz de luna”, que era su verdadero nombre, vino cuando su suegro Peter estaba a punto de morir de un mal de bronquios, y las sanguijuelas implantados por su esposa Mary, hija de médico, no funcionaron, ella al oír los gritos pidió intervenir para parar el sangrado de las heridas, cosa que consiguió nada más poner sus manos encima, luego pidió quedar a solas con el enfermo, y nadie se atrevió a decir nada después de lo visto. Se paso toda la tarde al lado de su suegro aplicándole sus remedios, hasta muy entrada la noche en la que salio acompañada del enfermo completamente restablecido, convirtiéndose en el médico de la familia y plenamente reconocida como curandera milagrosa entre la comunidad norteamericana.
El abuelo quiso ampliar el local del laboratorio, pero ella no quiso, allí John paso la mayor parte de su infancia, y allí pasaba ahora gran parte de su tiempo, intentando lograr comprobar científicamente todas las curaciones milagrosas que “Luz de amanecer” había realizado.
Tita gozaba enormemente al verlo trabajar, con él siempre había cosas que aprender y descubrir, como ahora, que mientras preparaba los cerillos le estaba dando toda una cátedra sobre el fósforo y sus propiedades, que había sido descubierto por el químico alemán Brandt en 1669 buscando la piedra filosofal. También le mostró un experimento con él, ya que aunque el fósforo no hace combustión con el oxígeno a temperatura ordinaria, si es susceptible de hacer a temperatura elevada, como le demostró.
Con el experimento el doctor le filosofeo sobre la relación de los cerillos con los sentimientos y que cada persona tiene que descubrir los detonadores para poder vivir, ya que ellos son los que nutren de energía el alma, y sino descubrimos los detonadores, los cerillos se humedecen y no se pueden encender el fósforo, aunque también le dijo que había muchas maneras de poner a secar una caja de cerillos y poder buscar de nuevo los detonadores.
También le explico los juegos que hacía con su abuela, en la que ella escribía en la pared una frase con una sustancia invisible y él en la noche adivinaba lo que había descubierto, y le dio un lienzo y un pedazo de fósforo para que ella pusiese las razones por las que no hablaba. Tita que no sabía que una de las propiedades del fósforo era la de brillar por la noche, escribió en la pared: “Porque no quiero” y con esas tres palabras había dado el primer paso para la libertad.
Pensó en todo lo que le explico el doctor, tenía que encontrar a alguien que lograra encender el anhelo de vivir, no sabía si podía ser el doctor, pero de lo que estaba segura era que no quería volver al rancho, no quería vivir cerca de Mamá Elena nunca más.
 
 
CAPÍTULO VII. Julio. Caldo de colita de res.
Ingredientes:
n      2 colitas de res.
n      1 cebolla.
n      2 dientes de ajo.
n      4 jitomates.
n      ¼ kilo de ejotes.
n      2 papas.
n      4 chiles moritas.
Los caldos pueden curar cualquier enfermedad física o mental, o ésa era al menos la creencia de Chencha y Tita, que por mucho tiempo no le había dado el crédito suficiente. Ahora después de tres meses que probó el caldo que le había hecho Chencha, había recobrado toda su cordura, y no podía menos que aceptarla como cierta.
Esperaba con ansiedad la acostumbrada visita de John, su único enlace con el mundo, deseaba decirle lo importante que era para ella su presencia, deseaba jugar con su hijo Alex como si fuera suyo, deseaba poder recordar cocinar, y lo consiguió después de que Chencha le llevar el caldo de colito de res. Aquél día lloró como no lo hizo desde el día en que nació y pronunció sus primeras palabras en seis meses. Lágrimas que se convirtieron en risas cunado la sirviente le contó chismes e infortunios, el doctor pudo escuchar como Mamá Elena tenía prohibido realizarle visitas, en la familia De la Garza se podían perdonar algunas cosas, pero nunca la desobediencia ni cuestionar las actitudes de los padres, y no le perdonaría jamás que la hubiese culpado de la muerte de su nieto.
Chencha también le dio una carta de Gertrudis, en efecto trabajaba en un burdel y había recibido su ropa, su capitán la había dejado al ir agotando sus fuerzas sin lograr apagar su fuego interior y ahora después de que una infinidad de hombres hubiesen pasado por ella sentía una gran alivio. Al despedirse le comunicó su decisión de no regresar nunca más al rancho y le pidió que se lo hiciese saber a su madre.
Tita estaba realmente bien y bellísima, el doctor le había regalado un vestido bellísimo y le había pedido matrimonio. Francamente estaba recuperada y decidida a iniciar una nueva vida al lado de John y con un tierno beso en los labios sellaron su compromiso. No sintió lo mismo que cuando Pedro la había besado, pero esperaba que su alma por tanto tiempo enmohecida lograra poco a poco encenderse con la cercanía de ese hombre tan maravilloso.
Chencha de camino no paro de pensar en que mentira contar a su señora, decidiendo decirle que la había encontrada en una calle tirada pidiendo limosna y que había declinado la invitación para volver a casa. Pensaba cubrirse de gloria con su mentira, pero no lo pudo conseguir, aquella noche un grupo de bandoleros ataco el rancho, a ella la violaron y a Mamá Elena, a tratar de defender su honor, recibió un fuerte golpe en la espalda que le provocó una paraplegia que la paralizó de la cintura para abajo, en aquellas condiciones no se podía dar la noticia.
La mentira de nada hubiese valido cuando su madre vio a su hija tan bella y con tanta energía, por primera vez su hija le sostuvo firmemente la mirada y ella retiro la suya después de recibirla en silencio, sin palabras se hicieron mutuos reproches y se rompió el fuerte lazo de sangre y de obediencia que las unía y nunca se restablecería.
Le preparo con todo cariño a su madre un caldo de colita de res, pero está lo rechazo con la escusa de estar asquerosamente amargo, y ella se sintió verdaderamente estúpida, nunca tenia que haber regresado, pero los remordimientos se lo impidieron, sólo se libraría de su madre con su muerte y esa estaba aún lejos.
La llegada de John a visitar a su madre y su abrazo le salvó de la congelación y le reconforto el alma, su madre no paraba de protestar y le dijo al doctor que creía que su hija algo le estaba dando con la comida y que por eso no comía. Cuando el doctor le dijo que eso no era posible que su hija era una excepcional cocinera y que cualquier día le iba a pedir su mano, ella le contesto furiosa que ya sabía que ella no se podía casar. John no insistió por irritarla, aunque tenía la seguridad de que se casarían cuando ella cumpliera los 18 años con su autorización o sin ella. La petición del doctor le abrió los ojos, seguro que entre ellos había surgido una relación amorosa y no tuvo la menor duda que su hija la estaba envenenando poco a poco para casarse con el doctor.
Tita delegó el cuidado de su madre en Chencha y se dedicó a bordar las sábanas para su ajuar de bodas, ya que había decidido casarse con John cuando su madre estuviese mejor.
Un día que la visito el doctor ella preparo la comida, pero se la llevo Chencha, su madre lo detecto y la echo de su casa por burlarse de ella. Se contrato a una cocinera, pero duró tres días y luego a otra y a otra, hasta que nadie del pueblo quiso ir a trabajar, no le quedando otro remedio que comer la comida de Tita, pero tomando sus medidas, haciéndole antes probarla a ella y tomando medicinas y vomitivos. Al mes su madre murió presa de unos dolores espantosos acompañados de espantos y convulsiones internas. Su muerte sorprendió a la pareja, y el doctor cuando descubrió el frasco oculto que tenia de vino de hipecacuana saco en conclusión que lo tomaba a escondidas y ello le causo la muerte.
Tita no podía quitarle la vista al rostro de su madre durante el velatorio, pero no sentía dolor alguno. Al vestirla para el velorio, le quito de la cintura el enorme llavero que como una cadena le había acompañado desde que ella recordaba, y es que en la casa todo estaba bajo llave y estricto control. Entre ellas había una pequeña llave que le llamó la atención, y recordando un castigo que había recibido de pequeña por jugar en el ropero de su madre entre las sábanas en el que había un cofre, supo de donde era. Se fue a por él y lo abrió con morbosa curiosidad, contenía un pequeño paquete de cartas de un tal José Treviño y un diario. Las cartas estaban dirigidas a su madre, ella las ordenó por fechas y se enteró de la verdadera historia de amor de su madre, el de su vida y con el que no le permitieron casarse púes tenía en sus venas sangre negra y le obligaron a casarse con Juan de la Garza. Ello no impidió que aún estando casados siguieran manteniendo correspondencia secreta y relaciones intimas, ya que según las cartas Gertrudis era hija de José y no de Juan.
Su madre había intentado huir con su amado al enterarse de este embarazo, pero la noche que lo esperaba escondida presenció como un hombre desconocido protegiéndose entre las sombras, elimino a José de este mundo. Ella se resigno a vivir al lado de su legítimo marido, mientras él ignoraba la historia, hasta el día del nacimiento de Tita, cuando festejando con unos amigos su nacimiento, una lengua venenosa le había soltado la información y le provocó un infarto del que falleció.
Tita no supo que hacer con las cartas, decidiendo dejarlas tal cual las encontró. El día del entierro lloro por su madre, pero no por la con la que había vivido, sino por la que había vivido un amor frustrado y juró ante su tumba que ella nunca renunciaría al amor, estando convencida en ese momento que ese era John, pero cuando llego su hermana y cuñado ya no estuvo tan segura de sus sentimientos.
Su hermana estaba de nuevo embarazada y cuando Pedro la abrazo tembló como una gelatina, bendijo la muerte para poder verlo, pero también se dijo que él no la merecía. John la tomo de la mano al regreso al rancho y ella a él, quería provocar a su cuñado los mismos dolores que ella sentía al verlo con su hermana. Y bien que lo consiguió ya que aquella familiaridad no le gusto nada, ella le pertenecía y no iba a permitir que se la quitasen, y más ahora que había desaparecido el mayor impedimento para su unión.
 
 
CAPÍTULO VIII. Agosto. Champandongo.
Ingredientes:
n      ¼ de carne molida de res.
n      ¼ de carne mólida de puerco.
n      200 gramos de nueces.
n      200 gramos de almendras.
n      1 cebolla.
n      1 acitrón.
n      2 jitomates.
n      Azúcar.
n      ¼ de crema.
n      ¼ de queso manchego.
n      ¼ de mole.
n      Comino.
n      Caldo de pollo.
n      Tortillas de maíz.
n      Aceite.
A Tita no le gustaba cocinar con premura, y como siempre lloraba cada vez que picaba cebolla, el principal motivo de su retraso era su adorable sobrina, que había nacido tres meses antes, al igual que ella de manera prematura, y su madre casi pierde la vida y quedo imposibilitada para tener más hijos, pero aquél día iba John a pedirle su mano y tenía que preparar una buena cena en solo media hora.
Su sobrina se llamo a su petición Esperanza, a pesar que Pedro quería que se llamase como ella,  pero con ella  no quiso adoptar el papel de nodriza, tras el demoledor golpe recibido y le aplico la alimentación que a ella le suministro Nacha: atoles y tés, y una serie de coincidencias asociaban a esta niña con un destino parecido a su tía, por ejemplo la necesidad de pasar la mayor parte del día en la cocina, al no poder atenderla su madre, a pesar de que ello no le gustaba a su progenitora.
La niña lloraba cuando se quedaba con su madre, y ese fue el motivo del retraso de su tía en su pedida, ya que ese día no paro de llorar y con tanta llevar la comida de un lado a otro, Tita tropezó y se callo la olla con el mole para el champandongo y con ello cuatro horas de trabajo.
Durante la limpieza Pedro se le acerco con la intención de convencerla que no se casara con John, ella le rebatió, le echo en cara su proceder al casarse con su madre y le suplico que no la volviera a molestar. Este proceder le causo un gran enojo, al igual que la perdida de la comida y el recordar como Rosaura días antes le había dicho a Alex, el niño de John cuando dijo que él también se quería casar con la pequeña niña igual que su padre, y ella le había dicho que no se podía casar porque la tenía que cuidar a ella hasta que se muriese.
Aunque realmente no sabía porque estaba de tan mal humor, quizá se lo hubiese contagiado Pedro que siempre lo estaba desde que se entero que su cuñada se iba a casar. Por un motivo desconocido parecía que la ira dominaba los pensamientos y las acciones de todos en casa, Tita literalmente estaba “como agua para chocolate” se sentía de lo más irritable.
Su salvación fue que por sorpresa llego al rancho Chencha, que no había vuelto desde su expulsión por su madre, y lo hacia con su marido, su novio de siempre con el que no le dejaron casarse y ahora volvían ambos para trabajar en el rancho, y a ella la dejo encargada de concluir la comida.
Tita tranquila se fue a preparar, primeramente iba a tomar un relajado baño, pero cuando lo estaba haciendo sentía el agua más caliente y temiendo que volviera a arder el cuarto como con su hermana Gertrudis, abrió sus ojos y vio a Pedro que al otro lado de los tablones la observaba detenidamente. Maldiciéndole con apuro llego a la habitación y se encerró, casi justo cuando le anunciaron la llegada de John. No fue de inmediato, ya que le faltaba aún poner la mesa, y sin ruido mientras lo hacía escuchaba la conversación entre Rosaura, John y Pedro, pero al oír voces de discusión política salió con ellos.
Todos reunidos John dio paso a la petición de su mano, y Pedro, como hombre de la casa, dio su aprobación de una manera hosca. Pero cuando comenzaron con los preparativos y la fecha, su futuro esposo pidió posponerla un poco para poder viajar al norte de Estados Unidos para traer a la ceremonia a su única tía que le quedaba, lo que representaba un grave problema para ella que deseaba irse lo más rápido del rancho y de la cercanía de Pedro.
El compromiso quedó formalizado cuando el doctor le entrego un hermoso anillo de brillantes; su hermana se enterneció al ver los ojos de ella con lágrimas, que interpretó de felicidad y se sintió aliviada de la culpa que le atormentaba después de haberse casado con su novia, pero el momento lo rompió Pedro que al brindar con champagne, lo hizo con tanta fuerza rompió la copa y el líquido les salpico el rostro y la ropa.
Despidió a su futuro marido con un beso, ya que pensaba salir de viaje al día siguiente, y después de mandar a Chencha y a su marido para el cuarto que iban a habitar, se dedico a poner su mente en claro, y que mejor que hacerlo en la cocina, limpiando y colocando los trastes. En uno de los viajes al trastero, antiguo cuarto en el que se duchaba su madre, Pedro fue tras ella y echo la tranca a la puerta. Se acercó a ella, apagó la luz, la tiro sobre una vieja cama y la hizo perder la virginidad y conocer el verdadero amor.
Rosaura que intentaba dormir a su hija, vio desde la ventana salir un resplandor extraño del cuarto oscuro, hacia el cielo se elevaban luces de bengalas. Por más gritos que dio a su marido y hermana, la única que la escucho fue Chencha, que enmudeció de la sorpresa y dijo ser el fantasma de Mamá Elena y hasta Esperanza dejo de llorar, jurando ambas mujeres no volver a entrar en aquél cuarto.
 
 
CAPÍTULO IX. Septiembre. Chocolate y rosca de Reyes.
Ingredientes:
n      2 libras de cacao Soconusco.
n      2 libras de cacao Maracaibo.
n      2 libras de cacao Caracas.
n      Azúcar entre 4 y 6 libras según el gusto.
Tita preparaba la pomada para sus labios que se partían en invierno, ya que aquella noche vendrían nvitados a tomar la rosca de Reyes, lo hacía por vanidad, no porque pensara reírse mucho, quería tener los labios suaves y brillantes durante la velada, la sospecha de estar embarazada no le hacía sentirse como para tener la risa a flor de labio, aún no se lo había dicho a su amado, pensaba hacerlo aquella noche, pero no sabía como.
Añoraba con tristeza los días de Reyes de su infancia, sin tener problemas serios, su mayor preocupación por aquellas fechas era que nunca le traían lo que pedía, ya que su madre siempre decidía lo más adecuado para ella y hasta hacia unos años no se había enterado que él único año en que lo había recibido fue porque Nacha se paso algún tiempo ahorrando de su salario para comprarle el cinito pedido. Qué enorme alegría y como recordaba las tardes en que ella y sus hermanas gozaban y se divertían viendo las imágenes que venían dibujadas en tiras de cristal. Qué lejos le parecían aquellos días de felicidad cuando Nacha estaba a su lado, siempre que recordaba algo agradable Nacha siempre ocupaba un lugar preferente.
Ese día también se acordó de su hermana Gertrudis, de la que no volvió a saber más desde la carta que le trajo Nicolás, y le llenaba de tristeza pensar que no la volvería a ver más.
Rosaura por su parte estaba enormemente gorda, sufría graves problemas digestivos, sufría de flato y mal aliento, por lo que tomo la decisión de dormir en otro cuarto que su marido, todos sus males le estaban acarreando infinidad de problemas, pero el más grave era que Pedro se estaba distanciando cada día más de ella.
Ese día su hermana se le acerco en la cocina, venia a pedirle ayuda para la dieta que John le había recetado, era la primera vez que trataba su problema con ella, incluso le confesó que no lo hizo antes por los celos que le tenía, pensaba que entre su marido y ella había una relación amorosa latente, escondida bajo las apariencias, pero ahora al ver lo enamorada que estaba del doctor se había dado cuenta de lo absurdo de sus pensamientos, y entre lágrimas le pidió que no le tuviese rencor por haberse casado con Pedro, y le pidió consejo para recuperarlo, que no solo la rehuía, lo que no le preocupaba al no ser él muy dado a los excesos sexuales, pero le dolía que la rechazaba claramente como persona, y recordaba perfectamente desde que momento, aquél en el que apareció el fantasma de Mamá Elena por primera vez. Lo único que exalto a Tita fue escuchar de nuevo el destino que la madre le tenía previsto para Esperanza, pero prefirió no decirle nada y romper aquél estupendo momento.
La conversación le afecto, estaba destruida ¿cómo resarcir el daño a Rosaura, a Pedro, a ella misma y a John? No sabía como recibir a su comprometido, con que cara mirarlo cuando regresara del viaje, a la persona a quién sólo tenia que agradecer, la que la había vuelto a la cordura, el que le había mostrado el camino de la libertad, John, la paz, la serenidad, la razón.
Estando con la receta se le apareció su madre, que la recrimino su relación con Pedro y la maldijo a ella y a su hijo, sólo la entrada de Chencha pudo frenar a su madre que se fue al momento.
A la llegada de los invitados le pidió ayuda a Pedro para llevar el pastel y le dijo que tenía que hablar con él. Él se mostró dispuesto y le pregunto porque no iba al cuarto obscuro dónde nadie les molestaba y llevaba días esperando que fuese, a lo que ella le contesto que sobre eso era lo que quería decirle. A la llegada al comedor estaba su madre parada a la puerta, ella se paralizó y el Pulque empezó a ladrarle ya que caminaba amenazante hacia su hija, el perro tenía el pelo del lomo erizado por el miedo caminaba hacia atrás por lo que tiro varias cosas. Tita estaba a punto del desmayo, Paquita López la paro para interesarse por su salud y le manifestó que de no saber que era una muchacha decente juraría que estaba embarazada.
El Pulque volvió a llamar la atención de todos con sus ladridos, pero además se oía el galope de varios caballos, y al abrir vieron que el perro le hacía fiestas  a la persona que venía al frente de una compañía de revolucionarios ¡era su hermana Gertrudis! y a su lado cabalgaba el capitán Juan Alejandrez, el mismo que la había robado años atrás.
Su hermana después de abrazarla, como si el tiempo no hubiese pasado, les dijo que sabiendo que era el día de partir la rosca de Reyes había venido a tomar una buena taza de chocolate. Sintió mucha pena cuando Tita le comento el fallecimiento de su madre, había regresado con la intención de demostrarle que había triunfado en la vida y para pedirle perdón por su huida, era generala del ejército revolucionario, se lo había ganado a pulso en el campo de batalla y ahora regresaba felizmente casada con Juan.
Gertrudis pronto se convirtió en el centro de atención, fumando, contando historias de batallas y bailando con donaire levantándose con liviandad las faldas hasta las rodillas las interpretaciones que Juan realizaba magistralmente en el acordeón. Rosaura le comento al oído a Tita lo extrañada que estaba del ritmo de su hermana, a su madre no le gustaba bailar y decían que su padre lo hacía muy mal, pero Tita que lo sabía bien se encogió de hombros.
Ese era un secreto que pensaba llevárselo a la tumba, pero un año más tarde Gertrudis dio a luz a un niño mulato, Juan enfureció y amenazó con dejarla, no le perdonaba que hubiese vuelto a las andadas. Entonces ella para salvar el matrimonio lo confesó todo, mostrando el negro pasado de su madre para demostrar la inocencia de su hermana, fue un golpe difícil de asimilar, pero al menos no se separaron y vivieron siempre juntos.
 
 
CAPÍTULO X. Octubre. Torrejas de nata.
Ingredientes:
n      Una taza de natas.
n      6 huevos.
n      Canela.
n      Almíbar.
Gertrudis llevaba una semana en el rancho, y su hermana se puso a preparar su postre preferido, llevaba mucho tiempo sin comerlo y quería hacerlo antes de dejar el rancho el día siguiente. La estancia de la tropa en la casa, en lugar de agobiarle, le había proporcionado una enorme paz, y con tanta gente era imposible hablar con Pedro y menos verse en el cuarto obscuro.
Sabía que sólo le quedaba ese día para contarle su problema, y aunque se moría de ganas de hacerlo, tenía ciertos resquemores sobre la actitud que tomaría.
Gertrudis se dio cuenta de que su hermana tenía la mirada perdida y le pregunto afirmativamente si era por Pedro, y como si aún lo quería se iba a casar con John. Tita se abrazo a su hermana, le dijo que no se iba a casar, que no podía hacerlo y le contó todos sus problemas, recibiendo el consejo de decir la verdad a Rosaura y a su marido, y viendo que su cuñado entraba en la cocina, pero no Tita, con su experiencia en la guerra midió estratégicamente el tiempo en que Pedro estuviese cerca para oírle y le dijo que era bueno que se enterara de que esperaba un hijo suyo.
Él al oírlo deja caer lo que traía entre sus manos y ella le vio emocionado hasta las lágrimas, se moría de amor por Tita, Gertrudis les invito a ir a hablar a la huerta, mientras ella acababa la receta. Él no sólo aceptaba al hijo, sino que le proponía irse muy lejos del rancho, pero ella le hizo ver que había que pensar también en Rosaura y en Esperanza, y decidieron dejar la conversación para otro momento por la cantidad de gente que había alrededor y las voces que Gertrudis daba al sargento Treviño.
Era incapaz de hacer el almíbar para acabar con la receta y le había pedido a su fiel escudero que lo acabase, pero este era incapaz y eso la saco de quicio. Estaba enamorado de ella y era la primer que le fallaba, ella aún recordaba cómo él consiguió acabar con un infiltrado en el ejército yendo de burdel en burdel pagando a las fulanas, hasta que dio con él y uno sólo lo mato sino que luego le corto los testículos, se ensaño tanto con él porque hacia tiempo un hombre con un lunar rojo en forma de araña en la entrepierna había violado a su hermana y a su madre.
Descansando en la cama escuchó a Pedro cantar bajo su ventana una canción de amor, estaba borrachísimo y a su lado Juan le acompañaba con la guitarra. Su madre entró furiosa en la habitación y le dijo que sino se iba la sangre iba a correr, ella le hizo frente, le dijo que como ella iba a tener a su hijo ilícitamente y le grito que la dejara de una vez por todas, que no la soportaba y que la odiaba. Tras sus palabras la impotente imagen de su madre empezó a empequeñecer hasta convertirse en una diminuta luz. Conforme el fantasma se desvanecía, el alivio crecía dentro de su cuerpo, la inflamación del vientre y el dolor de los senos empezaron a ceder, sus músculos interiores se relajaron dando paso a la impetuosa salida de su menstruación. Respiro profunda y tranquila, no estaba embarazada.
Pero con ello no terminaron sus penas, la pequeña luz de la imagen de Mamá Elena empezó a girar rápidamente, atravesó la ventana, Pedro en su borrachera cantando con los revolucionarios no se percato del peligro y el quinqué más cercano de los que los iluminaban, le estalló en mil pedazos, y el petróleo esparció las llamas con rapidez sobre la cara y el cuerpo de Pedro.
Gertrudis se abalanzó con su falda sobre él para apagar las llamas, Tita bajo a una velocidad de vértigo y Rosaura salió de su habitación al oír los ruidos. Al subirlo a la habitación, él no separaba la mano de Tita y le pedía que no lo abandonase, mientras ella le decía que no lo haría cruzo una mirada retadora con Rosaura, y esta comprobó que allí no hacia nada y se encerró en su habitación, de dónde no salió en una semana.
Tita le aplicó claras de huevo batidas con aceite y papas crudas machacadas para combatir las quemaduras y escucho a Nacha decirle que “luz de amanecer” le había dicho que lo mejor para no quedar cicatrices era aplicar corteza de árbol de tepezcohutie y mando a Nicolás ir en busca del mejor brujo a por dichas cortezas.
Al amanecer Pedro se había quedado dormido y ella aprovecho para despedirse de Gertrudis, hablaron largo tiempo, tenía que partir para atacar Zacatecas, pero antes le aconsejo que no dejara de luchar por su amado y le dio una receta que las soldaderas usaban para no quedarse embarazadas: después de cada relación se hacían un lavado con agua hervida y unas gotas de vinagre. Tita lloraba de tristeza por la despedida y Chencha de felicidad, por fin se iban y podía descansar.
Ya en casa, escucharon caballos cerca, no podía ser que regresarán, era la carreta de John. Ya estaba de regreso y ella confundida no sabía que hacer ni que decir, por un lado le daba un gusto tremendo verlo y por otro se sentía muy mal al tener que cancelar el compromiso adquirido. Él llego con un gran ramo de flores, la abrazó emocionado y al besarla se dio cuenta que algo había cambiado dentro de ella.
 
 
CAPÍTULO XI. Noviembre. Frijoles gordos con chile a la tezcucana.
Ingredientes:
n      Frijoles gordos.
n      Carne de puerco.
n      Chicharrón.
n      Chile ancho.
n      Cebolla.
n      Queso rallado.
n      Lechuga.
n      Aguacate.
n      Rábanos.
n      Chiles tonachiles.
n      Aceitunas.
La visita oficial de Mary, la tía de John, se retraso una semana dadas las condiciones de salud de Pedro, ella estaba ansiosa por conocer a la pretendida de su sobrino preferido y a Tita le angustiaba mucho no poder cancelar la presentación ya que tenía 80 años y había venido de muy lejos con la esperanza de conocerla. A ello se unía que la visita del ejército de su hermana había dejado limpia la despensa y no tenía nada digno que prepararla a la anciana, aparte de la noticia de que no se casaría con su sobrino.
Pedro con el tratamiento aplicado, aprobado por John, se encontraba ya bastante restablecido y aparte de las deliciosas comidas las pláticas que tenia con ella a diario después de las comidas influyeron en su restablecimiento milagroso.
Ese día ella no estuvo tanto tiempo con él para preparar la comida y atacado de celos la animo a decirle la verdad al doctor; al decirle ella que no le iba a decir nada, primero por que sería muy injusto y se merecía el mayor de los respetos y segundo porque no estaba embarazada, había sido un desarreglo, quedando estupefacta al oírle decir que él que ahora entendía todo al estar dudando si casarse o quedarse con un pobre enfermo. Ella lo achaco a que el accidente le había alterado la mente, pero al irse él le grito que no quería que le volviese a subir la comida, que lo hiciese Chencha para que ella pudiera estar con John.
Indignada se fue a desayunar a la cocina y allí recibió la visita de Rosaura, se sorprendió, estaba igual de delgada que cuando era soltera, en una semana sin comer había adelgazado 30 kilos. Entró altiva y se sentó a su lado, y le dijo que tenían pendiente una conversación, comenzaron con el asunto de la boda y cómo le quito el novio, y luego le dijo que ella y Pedro podían hacer lo que quisieran, pero jamás delante de gente ya que sino se arrepentirían y concluyó diciéndole que en adelante jamás le volvería a dar de comer a su hija, a la que podía manchar de lodo, Tita le reprobó el destino que tenía previsto para su hija pero no sólo no le hizo caso sino que la amenazo con echarla de la casa que su madre le había dejado en herencia.
Rosaura sabía lastimarla de verdad, su sobrina era una de las cosas más importantes de este mundo para ella, y deseo que a su hermana se la tragara la tierra, a la vez que no podía dejar de pensar en Esperanza y dudaba de que su madre la supiera educar y sacar adelante. Tita pensó que lo mejor era dejar el rancho, Pedro la había desilusionado, Rosaura sin ella en casa podía rehacer su vida y Esperanza crecería sin ella, en cambio John le ofrecía crear una familia que nadie le quitaría.
Los invitados llegaron para la comida, tía Mary era tal cuál se la había imaginado, una fina y agradable señora de edad con un arreglo personal impecable, Tita disculpo la presencia de su hermana, por encontrarse indispuesta y recibió los elogios de la anciana por la comida que había preparado, haciendo ver a su sobrino que de ahora en adelante iba a engordar.
John la encontró extraña y le pregunto el motivo, podían hablar su tía estaba sorda y sólo entendía lo que leía en los labios de la gente cuando le hablaban en inglés. Él insistió y ella le dijo que durante el tiempo que estuvo fuera tuvo relaciones con otro hombre del que siempre había estado enamorada, había perdido su virginidad y por eso ya no se podía casarse con él. Le pregunto de cuál de los dos estaba enamorada, y ante sus palabras de duda, le dijo que no importaba lo que hubiese hecho y si pensaba que le deseaba a él más que a Pedro se casarían en unos días, sino felicitaría a Pedro y le pediría que le diese el lugar que se merecía.
Tita se tuvo que levantar de la mesa, no le sorprendió sus palabras, eran congruentes con su personalidad, sino que supiera perfectamente que su rival era Pedro, no había contado con su gran intuición. Cuando volvió sirvió el postre: sorbete de jazmín que enloqueció a la anciana. Al despedirse John le hizo ver que no la presionaba, sino que quería asegurarse que a su lado sería feliz.
 
 
CAPÍTULO XII. Diciembre. Chiles en nogada.
Ingredientes:
n      25 chiles poblanos.
n      8 granadas.
n      100 nueces de Castilla.
n      100 gramos de queso fresco añejo.
n      1 kilo de carne de res molida.
n      100 gramos de pasas.
n      ¼ kilo de almendras.
n      ¼ kilo de nueces.
n      ½ kilo de jitomate.
n      2 cebollas medianas.
n      2 acitrones.
n      1 durazno.
n      1 manzana.
n      Comino.
n      Pimienta blanca.
n      Sal.
n      Azúcar.
Tita y Chencha estaban en plena faena de pelar mil nueces para la elaboración de los chiles en nogada, plato principal de la boda del día siguiente, en la que estaban invitados 80 personas entre parientes y amigos de los más íntimos, y en la que Tita quería dar un banquete de 20 platos, y no podía faltar este plato a pesar del trabajo tan intenso. Esa boda bien valía un sacrificio por su significado y también para John, y fue uno de sus más entusiastas colaboradores, la día siguiente estaría más cerca de Tita y eso le satisfacía enormemente, la boda estaba programada para las 12 del mediodía y ante si tenía toda la ropa perfectamente lista.
En cambio Pedro no podía conciliar el sueño, unos celos infernales le corroían las entrañas, no le agradaba nada tener que asistir a la boda y soportar la imagen de su amada con el doctor. A ese no le entendía su actitud, sabía muy bien lo que existía entre él y Tita y seguía actuando como si nada.
Tita mientras acababa de pelar las nueces pensaba en su hermana Rosaura, había muerto hacia un año y por ello se había dejado pasar todo ese tiempo para celebrar la boda. Su muerte había sido de lo más extraña, había cenado como de costumbre y se había retirado a su habitación, ella y su sobrina se quedaron hablando en el comedor y Pedro subió a despedirse antes de ir a su cuarto. A su marido le causó extrañeza escuchar, aún con la puerta cerrada, las ventosidades de su mujer, al cabo de un rato fue a verla, y al abrir se encontró con una Rosaura de labios morados, cuerpo desinflado, ojos desencajados y mirada perdida, que daba su último suspiro. El diagnóstico de John fue una congestión estomacal aguda. Su entierro estuvo poco concurrido, pues con la muerte se intensificó el desagradable olor que desprendía su cuerpo, y por ello fueron pocas las personas que se animaron a asistir.
La llegada a la boda de Gertrudis llamó la atención de todos, llego con un coupé Ford T de los primeros que sacaron con velocidades y venia preciosa, al igual que Juan, el hijo mayor de ambos se había convertido en un mulato escultural, sus facciones eran muy finas y el color obscuro de su piel contrastaba con el azul agua de sus ojos, que había heredado de Mamá Elena. Tras ellos venía el sargento Treviño, que una vez terminada la revolución había sido contratado como guardaespaldas personal de Gertrudis.
En la entrada del rancho Nicolás y Rosalío, en traje de gala, recogían las invitaciones a las personas que aún seguían llegando. Se trataba de unas invitaciones bellísimas que Alex y Esperanza habían elaborado personalmente, todo hecho en casa, siguiendo la costumbre y las recetas de la familia De la Garza. Cada una era una obra de arte.
Pedro y Tita deslizaban donaire bailando el vals “Ojos de juventud”, los 22 años que habían transcurrido desde la boda de Pedro y Rosaura parecían no haberla ni rozado, a sus 39 años seguía fresca y preciosa. Los ojos de John los seguían mientras bailaban y denotaban ternura con un destello de resignación.
Mientras bailaban Pedro recordaba que la primera vez que bailaron ese vals no había dormido pensando en pedir su mano, no sabía que tendría que dejar pasar 22 años para volver a preguntar si quería ser su esposa, no quería morir sin lograrlo, le dijo que siempre había soñado entrar con ella en una iglesia llena de flores blancas y ella entre ellas como la más bella de todas. Se casarían de blanco, nada se lo impedían, y además quería tener un hijo con ella, ahora que Esperanza les iba a dejar iban a necesitar compañía. A Pedro no le preocupaba lo que pensara su hija ni nadie, habían pasado mucho tiempo cuidándose del que dirán, y a ella tampoco le importaba lo que dijeses al hacer pública la relación amorosa que existía entre ellos.
Por veinte años había respetado el pacto que ambos habían establecido con Rosaura y ya estaba cansada. Ya que para su hermana era vital aparentar que su matrimonio funcionaba de cara al exterior y que su hija creciera dentro de una familia unida, ellos se habían comprometido a ser de lo más discreto en sus encuentros y a mantener oculto su amor, para ello Tita debía renunciar a tener un hijo ilícito y para compensarla estaba dispuesta a compartir a Esperanza, ella se encargaría de su alimentación y su madre de su educación. Rosaura por su parte quedaba obligada a vivir con ellos de una manera amistosa, evitando celos y reclamos.
En general todos habían respetado el convenio, menos en la educación de la niña, ella le deseaba una educación muy diferente a la prevista por su madre, y aprovecha los momentos en los que estaba con ella para inculcarle principios diferentes, momentos que eran los más en el día ya que la niña tenia en la cocina su lugar preferido y Tita su mejor confidente y amiga.
Fue en una de esas tardes cuando se enteró de que Alex, el hijo de John, pretendía a Esperanza. Ella fue la primera en saberlo, se habían vuelto a ver después de muchos años en una fiesta dónde ella estudiaba, mientras que él estaba acabando su carrera de médico. Desde el primer momento se habían atraído y cuando ella le dijo a su tía que al recibir su mirada sobre su cuerpo había sentido como la masa de un buñuelo entrando al aceite hirviendo, supo que Esperanza y Alex se unirían irremediablemente.
Rosaura intentó por todos los medios evitarlo, se opuso franca y terminantemente, mientras Pedro y Tita intercedieron a su favor, iniciándose una guerra a muerte, ella exigía sus derechos, ellos estaban rompiendo el pacto y no era justo. Pero esta no fue la primera discusión entre ellos por la niña, su madre se empeñaba en que no fuera a la escuela, lo consideraba una pérdida de tiempo, su única misión en la vida era cuidarla, y era preferible que estudiara piano, canto y baile. Haciendo una gran labor la consiguieron convencer, aceptando a regañadientes dejarla ir a la mejor escuela, dónde se codearía con la crema y nata de Piedras Negras.
Con respecto a la boda Rosaura no cedió nada y rompió el pacto lanzando maldiciones contra la pareja, aparte de echarles en cara todos los sufrimientos que le habían ocasionado, convirtiendo la casa en un campo de batalla. Afortunadamente aquello no se prolongo por mucho tiempo, al poco tiempo Rosaura murió.
El haber logrado la boda entre Alex y Esperanza era el mayor triunfo de Tita. Qué orgullosa se sentía de ver a su sobrina tan segura de sí misma, tan inteligente, tan preparada, tan feliz, tan capaz y al mismo tiempo tan femenina y tan mujer en el más amplio sentido de la palabra.
Los invitados al probar los chiles en nogada, en lugar de sentir una gran nostalgia y frustración como en la boda de Pedro y Rosaura, todos experimentaron una sensación parecida a Gertrudis cuando comió las codornices con pétalos de rosa. Y para variar ella fue la que comenzó a sentir los síntomas, reconoció el calor entre sus piernas y decidió retirarse con Juan antes de que las cosas fueran a mayores. Ella inició la desbandada, todos los invitados, con un pretexto u otro y con miradas libidinosas, se disculparon y se fueron. Los interiormente lo agradecieron, podían hacer las maletas e irse lo más pronto posible, Alex debía de incorporarse a la Universidad de Harvard, dónde tenia una beca para hacer el doctorado.
Cuando Tita y Pedro se dieron cuenta, sólo quedaban en el rancho John, Chencha y ellos dos. Ellos hacían poderosos esfuerzos por no dar rienda suelta a sus impulsos sexuales, John se dio cuenta, se despidió y se fue. A Tita le dio pena verle ir solo, se debía haberse casado con alguien cuando ella se negó a ser su esposa, pero nunca lo hizo.
Chencha también pidió permiso para irse al pueblo, si ellos hubiesen planeado quedarse solos de luna de miel no lo hubieran logrado con menos esfuerzo. Por primera vez en la vida podían amarse libremente, ya no era necesario tomar precauciones para que no los viesen ni para que ella gritara de placer cuando estaban uno dentro del otro.
Sin necesidad de palabras se tomaron de las manos y se dirigieron al cuarto obscuro, él la tomo en brazos y al abrir lentamente la puerta vieron el cuarto totalmente transformado, con sábanas de seda, una alfombra de flores y 250 cirios iluminando el habitáculo. Tita se emociono pensando en el trabajo que su amado habría pasado para adornarlo de aquella manera y él lo mismo, pensando como se la había imaginado ella para hacerlo a escondidas. Estaban tan absortos que no vieron a Nacha encender el último cirio y evaporarse.
Haciendo el amor emitieron tales sonidos que los animales aplicando su sexto sentido huyeron del rancho, Tita no podía darse cuenta de nada, sentía que estaba llegando al clímax de una manera tan intensa que sus ojos cerrados se iluminaron y ante ella apareció un brillante túnel. Recordó las palabras que le había dicho John hacía muchos años, sobre el encendido de todos los cerillos y como provocaban el aparecer un gran túnel, en el que se metía el alma, reintegrándose al lugar de dónde proviene, dejando el cuerpo inerte. Tita contuvo su emoción.
No quería morir, deseaba experimentar esa explosión de emociones muchas veces más, ese era sólo el inicio. Trato de normalizar su respiración, y solo escuchaba los latidos poderosos de ambos, hasta que el golpeteo de Pedro se detuvo abruptamente, tardando poco tiempo en darse cuenta de que había muerto.
Seguramente su amado había muerto en el momento del éxtasis al penetrar en el túnel luminoso y se arrepintió de no haberlo hecho ella también. Tenía que encontrar una manera, aunque fuera artificial, de provocar un fuego tal que pudiera alumbrar ese camino de regreso a su origen y a Pedro.
Pero primero necesitaba calmar el frío congelante que sentía, corrió a por la enorme colcha que había tejido noche tras noche de soledad e insomnio y se la echo encima, cubriendo las tres hectáreas que componían el rancho en su totalidad. Saco su caja de cerillos, y los fue masticando, logrando lo que se proponía, ya que cada fósforo que masticaba hacía contacto con la luminosa imagen que evocaba. Poco a poco su visión se fue aclarando hasta que ante sus ojos apareció nuevamente el túnel. Allí a la entrada, estaba la luminosa figura de Pedro esperándola, no lo dudo, se dejo ir a su encuentro y ambos se fundieron en un largo abrazo y experimentando un nuevamente un clímax amoroso partieron juntos hacia el edén perdido. Ya nunca más se separarían.
Sus cuerpos ardientes empezaron a lanzar chispas, éstas encendieron la colcha que a su vez incendió todo el rancho, el cuarto obscuro se convirtió en un volcán  voluptuoso que lanzaba piedras y cenizas, que cuando alcanzaban altura estallaban convirtiéndose en luces de todos los colores, que se observaban a varios kilómetros de distancia, creyendo los habitantes que eran fuegos artificiales de la boda de Alex y Esperanza, sin embargo cuando vieron que duraban una semana se acercaron con curiosidad.
Una capa de ceniza de varios metros de altura cubría todo el rancho. Cuando Esperanza, mi madre, regresó de su viaje de bodas, sólo encontró bajo los restos de lo que fue su rancho este libro de cocina que me heredó al morir y que narra en cada una de sus recetas esta historia de amor enterrada.
Dicen que bajo las cenizas floreció todo tipo de vida, convirtiéndolo en el más fértil de la región. Durante mi niñez yo tuve la fortuna de gozar de sus deliciosas frutas y verduras. Con el tiempo, mi mamá mandó construir en ese terreno un pequeño edificio de departamentos, en uno de ellos aún mi padre Alex. Hoy viene a casa a celebrar mi cumpleaños, por eso estoy preparando tortas de Navidad, mi plato preferido, el que me preparaba mi mamá cada año.

PROTAGONISTAS.
** Tita, Josefita De la Garza: protagonista principal, la menor de tres hermanas.
** Pedro Murquiz: del que está enamorada Tita y marido de Rosaura, hermana de Tita.
** Mamá Elena: la madre de Tita.
** Juan De la Garza, padre de Tita que falleció a su nacimiento.
** Gertrudis: hermana mayor de Tita.
** Rosaura: hermana de Tita.
** Roberto: sobrino de Tita, hijo de Pedro y Rosaura.
** Esperanza: sobrina de Tita, hija de Pedro y Rosaura.
** Nacha: Cocinera, confidente y verdadera madre de Tita.
** Chencha: sirviente de la casa.
** Nicolás: capataz del rancho.
** Paquita López, amiga de la familia.
** Doctor John Brown, doctor de la familia, con el que vivió Tita y que estuvo muy cerca de casarse con ella.
** Alex, hijo del doctor John Brown.
** Juan Alejandrez: capitán del ejército revolucionario y marido de Gertrudis.
** Alex Brown, hijo del doctor John Brown.
** Pulque, el perro de la familia De la Garza.
** Tía Mary, la única tía de John Brown.
 
 
 
 
CONTRAPARTIDA.
Tita y Pedro se aman. Pero ella está condenada a permanecer soltera, cuidando a su madre hasta que está muera. Y Pedro, para estar más cerca de Tita, se casa con la hermana de ella, Rosaura. Las recetas de cocina que Tita elabora puntean el paso de las estaciones de su vida, siempre marcada por la presente ausencia de Pedro. Y la acompañan en su apoteosis y en su tránsito a una sabrosa, muy sabrosa, eternidad.
Como agua para chocolate, “novela de entregas mensuales, con recetas, amores y remedios caseros” es una agridulce comedia de amores y desencuentros. Bajo una deliberada forma de lo que podía llamarse “folletín gastronómico” se encierra una obra chispeante, tierna y llena de talento de la mejor ley. Por todo ello, esta novela se ha convertido en una auténtica revelación y en un éxito extraordinario, “el más fulminante de la literatura iberoamericana desde Cien años de Soledad”. Sergio Vila-San Juan.
 
 
“El hombre que no ha amado apasionantemente ignora la mitad más hermosa de la vida”. Salvador Dalí (1904-89) pintor español.

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