sábado, 21 de noviembre de 2015

Camino de Santiago Primitivo, el Auténtico.

Iniciado por el rey Alfonso II, el Casto, monarca del reino de Asturias, primer peregrino de la historia, en el año 814.

El Camino de Santiago es en la actualidad un fenómeno de masas en constante expansión, tras haber experimentado una revitalización espectacular en las últimas décadas, pues a comienzos de los años 80 del siglo pasado había quedado reducido a un movimiento poco más que testimonial, con un número de peregrinos que no llegaba a los 3.000 al año frente a los 215.880 del año 2013, según datos de la oficina de acogida del peregrino de Santiago de Compostela.
La gran revitalización tuvo una causa meramente económica. Para contrarrestar el empuje de la Expo de Sevilla y las Olimpiadas de Barcelona, Galicia también quiso situarse en el mundo, potenciando el Camino y organizando en 1993 el Xacobeo con motivo del año Santo Compostelano, con tanto éxito que su estela todavía llega hasta nuestros días transformándose en un fenómeno cultural y económico.
El lema que todos los caminos conducen a Roma, es aplicable a Santiago, a la que se puede llegar por múltiples Caminos -Primitivo, del Norte, Francés, Inglés, Portugués, Mozárabe o cualquier otro-, tantos como las puntas de la rosa de los vientos.
Muy pocos ponen en duda la importancia que las peregrinaciones y el Camino de Santiago han tenido en toda la cultura y cristiandad occidental en sus más de 1200 años, ni la vigencia que aún mantienen en este siglo XXI, en el que cada año miles de peregrinos lo siguen recorriendo, movidos por quién sabe qué creencias o motivos, convirtiéndole en unos de los fenómenos vivos más importantes de la historia de la humanidad.
Sin embargo, en ocasiones, el devenir de los tiempos no es justo, y muy pocos peregrinos o caminantes son conocedores de la historia de aquello que realizan cargando su mochila de emociones varias, y en el que las dudas sobre la veracidad religiosa no afectan en absoluto al reto personal de realizarlo.

Alfonso II, el Casto, el primer peregrino de la historia, viaja hacia el Campo de Estrellas.
El Primitivo, es de acuerdo a las cifras oficiales, uno de los Caminos menos frecuentados con apenas un 4 % del total. Y aunque su crecimiento es constante y se espera que sea aún más con su reciente reconocimiento –7 de julio 2015- como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, aún es poco valorado, su papel histórico apenas reconocido y su indiscutible belleza disfrutada por los menos.
Bueno es recordar el papel fundamental y primigenio que tuvo el Principado de Asturias, a través de los reyes de la monarquía astur, no sólo en la proyección del Camino sino y lo que es menos conocido, en la supuesta invención de la relación del apóstol con España.
Historia o leyenda, el año 814 está marcado como el inicio de todo este movimiento. Todo comienza con un anacoreta en un rincón galaico, que observa los maravillosos fulgores que producían varias estrellas descendidas del cielo en un montículo, acudiendo raudo al obispo de la sede de Iria Flavia –actual Padrón-. Y este acompañado por prelados y fieles le sigue hasta la cueva, en cuyo interior descubre el arca de mármol que contenía teóricamente los restos del apóstol Santiago el Mayor, considerado santo en España ya desde la época visigoda.
El obispo Teodomiro envía de inmediato una comitiva a rendir cuenta del descubrimiento a la sede real sita en Oviedo, dónde el rey Alfonso II, monarca singularmente piadoso,  reunió a su corte y partió de inmediato a postrarse a los píes de los restos hallados en aquel Campo de Estrellas, convirtiéndose de esta forma en el primer peregrino de la historia.
Alfonso II -conocido como el Casto-, era el séptimo rey de una monarquía asturiana que abarcaba por el Norte todos los territorios desde Galicia hasta Álava y por el Sur desde Braga –en Portugal- a los límites que marca el río Duero. Certificó el hallazgo de la tumba, envió a una comunidad monástica para su  servicio y mandó construir la primera basílica para acoger dignamente las reliquias descubiertas y crear un lugar santo de culto.
En línea providencialista el descubrimiento fue todo un espaldarazo del proyecto político y religioso del reino de Asturias, en su lucha permanente contra el invasor musulmán. Tener en su territorio los restos de uno de los doce Apóstoles fue tomada como una señal enviada por el Cielo que tenía, ante todo, un significado conciliador, suponía un privilegio y una distinción religiosa cristiana de la que sólo gozaba Roma y Jerusalén.
Siendo también un punto de inflexión para el reino en sus relaciones con el emperador franco Carlomagno, considerado un precursor de la unidad europea y el monarca más relevante y poderoso de su tiempo. Documentadas están tres embajadas astures a Francia, uniendo lazos religiosos con los militares y políticos frente al enemigo común musulmán, y quizá fruto de lo mismos fue el relanzamiento realizado por el franco de la Marca Hispánica, territorio bajo su dependencia entre el sur de los Pirineos y Barcelona, y que libero en gran parte de la presión musulmana al reino astur.





Estatua de Alfonso II, a píe de la Catedral de Oviedo.






“Quien va a Santiago y no va a San Salvador sirve al criado y deja al Señor”.
Asturias y su reino, se convirtió desde el año 735 en la guardiana del cristianismo en España y de sus reliquias. La Cámara Santa de la Santa Iglesia Basílica Catedral Metropolitana de San Salvador de Oviedo, goza del prestigio de ser la guardiana del Arca Santa - con el Santo Sudario y el libro de los Testamentos-  llegadas desde tierra santa y traídas a territorio astur para alejarlas de la invasión árabe. Oviedo, como ciudad relicario, fue un importante centro de peregrinación, sobradamente documentado y con un reconocimiento anterior al del sepulcro en Santiago, cuyo descubrimiento le supuso un importante añadido de capitalidad.
El Camino seguido por el rey Casto funcionó hasta principios del X como único y principal entre la sede real y apostólica. Con el traslado a León de la corte asturiana, Oviedo pierde influencia y poder de decisión en todos los ámbitos, incluido el del Camino, que resultó fagocitado por él aún en ciernes Camino Francés, que comienza a ser transitado por importantes personajes eclesiásticos y nobles, con el fin de visitar la nueva corte, además de proseguir la peregrinación por terrenos más cómodos y menos peligrosos.
La competencia entre ambos Caminos en esta época debió de ser notable y queda reflejada en el dicho sabiamente codificado  de “Quién va a Santiago y no a San Salvador, sirve al criado y deja al Señor” otorgando a Oviedo un papel principal en la ruta del peregrinaje. Desde la alta Edad Media las relaciones entre Santiago y Oviedo han sido  muy íntimas, son destinos complementarios y  doble meta de muchos peregrinos.

Un trayecto utilizado ya por los romanos.
El trayecto seguido por Alfonso II y su comitiva real desde Oviedo es, con toda propiedad, el más primitivo de los Caminos, y su origen se remonta a tiempos pretéritos.  Con ligeras variantes, era el mismo que desde tiempos del Imperio Romano unía Lucus Asturum - junto a la actual Lugo de Llanera a unos 10 kilómetros de Oviedo- con Lucus Augusti - actual Lugo - y continuaba hasta Iria Flavia, a la que pertenecía Compostela.
El itinerario sigue una orientación Suroeste, lo que tenía una justificación evidente, dado que los caminos eran escasos y malos, lo lógico era buscar los pocos buenos  existentes y salvar la cordillera por el Sur hasta la ciudad que los romanos fortificaron en el siglo III, para proseguir hasta el lugar del descubrimiento.

Catorce etapas y 335 kilómetros de peregrinaje.
La distancia kilométrica entre Oviedo y Santiago de Compostela siguiendo el Camino Primitivo es de 335 kilómetros, que se suelen realizar en catorce etapas si se hace caminando, aunque cada peregrino es conocedor de sus fuerzas y capacidad y es el que marca sus límites y forma de realizarlo.
La primera etapa pasa por Las Regueras y concluye en Grao, con obligada visita a la Sancta Ovetensis  y buscar la bendición ante la talla polícromada de San Salvador, serena de mirada y majestuosa de gesto. Buen aperitivo de 21 kilómetros, con paso por bonitos núcleos rurales, remansados valles y cómodos caminos jaleados de iglesias, capillas y palacios de los siglos VIII y IX, primeros testigos mudos de la historia de este Camino.




Escultura policromada, del siglo XIII, de San Salvador, ubicada en la Catedral de Oviedo.




Grao dista 20 kilómetros de Salas, objetivo de la segunda etapa, con paso por Cornellana, capital salmonera asturiana regada por el río Narcea. Joyas del patrimonio asturiano como el santuario del Fresno, el monasterio de San Salvador de Cornellana, la colegiata de Santa María la Mayor de Salas; palacios, puentes medievales, capillas o el tranquilo transitar por bosques autóctonos no dejan a los peregrinos indiferentes.
20 kilómetros de cierta dureza separan Salas de Tineo, salvando los 400 metros de desnivel que hay hasta el alto de la Espina, límite con el  municipio que lidera la producción nacional láctea y muy ligado a la monarquía asturiana y al Camino. Tineo es lugar de descanso entre históricos palacios y un museo sacro digno de visitar, en el que hay que decidir la ruta a seguir.





Hórreo en Bodenaya (Salas), que forma parte de las instalaciones del albergue de peregrinos.





La primera alternativa es continuar hasta Borres y continuar hasta la Pola de Allande, o bien tomar el duro y  conocido como de los Hospitales – salvando 961 metros de desnivel - y concluir en Berducedo, localidades ambas de Allande. Dilema en el que las fuerzas de cada uno y la climatología tienen mucho que decir. Larga distancia, importante desnivel y terreno de media montaña aconsejan una sabia decisión.





Peculiar señalización subiendo el puerto del Palo.




Etapa/s de dura soledad, en las que se recorren más de 40 kilómetros, en las que el peregrino asciende puertos; disfruta de altos miradores con divisorias del lejano mar Cantábrico; camina por bosques encantados y suaves praderías; observan las heridas dejadas por la ingeniería minera romana con sus extracciones auríferas mediante el método “ruina montium” de la que dan fe los múltiples tópominos de la zona; y se embebe de historia con los hospitales de Fonfaraón y Valdeparaíso, del siglo XIII ubicados a 1200 metros de altura, o de monasterios como el de Obona, importante centro económico,  cultural y jacobeo levantado en el 780 y al que el monarca Alfonso IX le dio el privilegio de obligado paso en el peregrinaje a Santiago.




Monasterio de Santa María la Real, de Obona.




Con Oviedo ya a 110 kilómetros, se emprenden las dos últimas etapas por territorio actual del Principado de Asturias. Pequeños núcleos poblaciones, humildes capillas y ermitas con muestras y emblemas jacobeas; salvar el costoso salto del río Navia, con una importante bajada en búsqueda del río hasta el faraónico embalse, levantado en la década de los cuarenta del siglo pasado, y la remontada posterior hasta Grandas de Salime, hacen la etapa larga y dura. En Grandas destaca la basílica del siglo XII dedicado a San Salvador y su museo etnográfico, icono de los existentes en el Principado.




Embalse de Grandas de Salime.




22 kilómetros separan Grandas, en el Principado y Fonsagrada, en Galicia, aunque hasta principios del siglo pasado esos territorios gallegos aún pertenecieron al primero, como históricamente.
En el primer tercio del recorrido, se encuentra el Castros o Chao de San Martín, auténtica referencia de los muchos asentamientos celtas existentes en Asturias,  cuyo origen se remonta a ochocientos antes de Cristo y que estuvo habitado durante diez siglos, incluidos los romanos, hasta finales del siglo II en el que un terremoto obligó a sus habitantes a abandonarlo precipitadamente.  Una visita a su centro de interpretación acercara al peregrino al pasado celta de estos territorios astur-galaicos.




Chao de San Martín.




Coquetas capillas relacionadas con hospitales, marcan el discurrir en permanente subida hasta el puerto del Acebo, poco más allá de la divisoria actual de las Comunidades, señalada simbólicamente con un mojón piramidal de piedras, y una línea de piedras atravesada a 1195 metros de altitud.




Indicación en el Camino del linde de las Comunidades.





Tierras gallegas que reciben al peregrino con muchos cambios respecto a lo transitado. Cambia el paisaje; las señalizaciones datando capillas, iglesias, puentes y otras referencias patrimoniales desaparecen; los mojones indican la distancia a Santiago, pero es el cambio de señalización lo que más sorprende. La unión de la típica concha, estrella o vieira que junto a las flechas amarillas lo guiaba desde Oviedo, señalización que se utiliza únicamente en el Principado de Asturias, cambia por el que señalan las puntas de las aristas o las estrellas, como en el resto de los territorios por los que discurren Caminos.








La visita a Santa María de Fonsagrada y la charla con el padre Mondelo, uno de los artífices de la recuperación actual de este Camino, recarga las pilas para los 56 kilómetros que la separan de Lugo, con parada previa en O Cádavo.
Es un trayecto por la Galicia profunda, con continuos cruzeiros, que pasa por el alto de Montouto y la su capilla y hospital, la dura cuesta del Sapo y el legendario campo de la matanza, donde dicen combatió Alfonso II, en la primera etapa. La imponente iglesia de Santa María en Vilabade y su palacio –hoy hotel rural-; la poblada Castroverde y el espectacular tramo de “as barandas” entre Villar de Cas y Soutomerille, son la antesala de la llegada a Lugo, que se penetra a través de la puerta de San Pedro –una de las cinco entradas al recinto amurallado por los romanos en el siglo III- emulando a la realizada por el rey Casto en 1814, cómo reza en un pedrusco allí ubicado.










Lugo, dista al igual que Sarria, 100 kilómetros de Santiago. Mínima distancia exigida para obtener la Compostela, certificado en formato peregrino, versión actualizada de las cartas probatorias que a partir del siglo XIII se emitían para demostrar la llegada hasta la tumba del Apóstol, por lo que el fluyo de peregrinos se incrementa sustancialmente.
Antes de abandonar Lugo por la puerta de Santiago, su Catedral –con reminiscencias románicas y neoclásicas - bien merece una detallada visita. El entorno rural de salida  por San Bartolomé do Burgo y su continuación por aldeas de casas de piedra, grandes prados y arbolado autóctono, sorprende por su relación intrínseca con el Camino y lo marcado que ha quedado el territorio por su pasado romano y sobre todo celta, con las iglesias de San Pedro de Mera y Santa Eulalia de Bóveda como principales referencias.




                                         





San Román de Retorta, a 19 kilómetros de Lugo, es un buen sitio de parada y encaminar una nueva etapa. Guntin de Pallarés, Friol y Caldas de Rei son los municipios lucenses que se recorren, para pasar por el hospital de Seixas y acceder por la sierra de Careón a la provincia de A Coruña. Y alcanzar Melide después de recorrer 26 kilómetros con subidas y bajadas rompe piernas, en las que las esbeltas y calizas iglesias y sus cementerios anexos muestran la inequívoca de la religiosidad del pueblo gallego.
Melide, esta considerada centro geográfico de Galicia, y es la encrucijada entre el Camino Primitivo –aquí llamado de Oviedo- y el Francés, lo que ha marcado su intensa identidad histórica jacobea, escenificada en el museo de la Terra de Melide, antiguo hospital de peregrinos del año 1502.




                                        




Santiago, a 53 kilómetros, se hace más cercano con el incremento de peregrinos por la unión de los Caminos, siendo la quesera Arzúa la próxima parada a realizar, pasando antes por Boente, Castañeda, Ribadiso y la aldea de Compostela, única en todo el Camino con ese nombre e histórico lugar de enterramiento romano.
34 kilómetros de largo caminar en cortas subidas y bajadas, por un recorrido sin grandes connotaciones paisajísticas ni arquitectónicas ni históricas, lleva al monte do Gozo,  dónde la emoción por la cercanía del objetivo y los cinco recuerdos señalados a peregrinos fallecidos en su intento por lograrlo, se sobrepone al cansancio acumulado.



                                                   



El monte do Gozo es una colina desde la que se divisaban las torres de la Catedral de Santiago, con la humilde capilla de San Marcos, edificada en el siglo XIX sobre la de Santa Cruz del año 1105 y el monumento que conmemora la visita a Santiago del papa Juan Pablo II en 1982. Hito en la historia de la peregrinación, al ser el primer Papa que pisaba Santiago y ser su discurso europeísta un espaldarazo al Camino.
Los 5 kilómetros que distan hasta la Catedral son íntegros urbanos, antes de llegar a la rúa de San Pedro, Lugar dónde según el clérigo francés Aymeric Picaud -autor del  Código Calixtinus- se encontraba la puerta do Camiño, para transitar hasta la emblemática y cercana plaza do Obradoiro, fin del trayecto.
Monumental como pocas, hermosa y tan variada que engloba en perfecta armonía cinco dispares y espléndidos monumentos –pazos Xelmirez, Raxoi y San Xerome, y el actual hostal de los Reyes Católicos- presidida por la románica y barroca Catedral, celestial sinfonía en piedra.
Al peregrino solo le queda  entrar en la Catedral, por su parte principal, acceder a su interior a través del Pórtico de la Gloria, abrazar la estatua del Apóstol que preside la Basílica desde el Altar Mayor y visitar su  Sepulcro y tumba, ubicada debajo del altar en una urna de plata, junto con las de sus discípulos San Atanasio y San Teodoro. El objetivo se ha cumplido.









Experiencia única, digna de ser vivida.
Desde la experiencia de haberlo recorrido, sólo me cabe a animar a realizarlo. No es sólo hacer senderismo, es estar en contacto con una historia viva que se ha ido desarrollando paralelo a la de Europa y del mundo.
Hacer el Camino Primitivo es recorrer un itinerario centenario, en contacto con una geografía sagrada y un patrimonio que se ha ido forjando a lo largo de los siglos. Cargado de belleza que permite reconocer el poso de la historia con jalones imponentes; asomarse a joyas artísticas; conocer pequeñas ermitas y capillas que dan fe de una historia muy presente; ascender considerables puertos; bajar laderas interminables; disfrutar de parajes únicos; pasar por pequeños pueblos muy vivos u otros tan fantasmales como bellos; descansar en villas placenteras o ciudades encantadoras. Es toda una experiencia humana, espiritual, íntima, vital y personal muy satisfactoria, que cubre cualquier pequeña mala experiencia que a uno le puede suceder en su discurrir, en el que se despejan nieblas y facilita reencuentros interiores, como bien le pudo pasar a Alfonso II, el rey Casto, el primer peregrino del Camino de Santiago de la historia.



OBSERVACIONES.
Artículo elaborado para la revista profesional,  nº 14, de la Federación Española de Tintorerías y Lavanderías, correspondiente al tercer trimestre de 2015.













MÁS INFORMACIÓN. Pinchar en enlaces.



"Pode ser que Santiago, o fillo de Zebedeo, non estivera nunca en Galicia nin en España, nin vivo nin morto, ... pero, en calquera caso, ¡o Camiño de Santiago existe! e nel atópase a maxia, o espíritu e a semente dun mundo novo, máis humano, millor e diferente" . Anónimo. 

1 comentario:

  1. Buen artículo, con reseñas históricas que hacen falta recordar. El Camino nace en Asturias, el rey astur fue el primer peregrino y las autoridades del Principado de Asturias siguen sin enterarse. Lo dicho, hay que recordar.

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