Ubicada en la calle Joaquín Blume, enfrente del Palacio de Deportes, desde 1975.
Oviedo, tercera
capital del reino de Asturias, y por tanto en su momento de España, ostenta la
capitalidad del Principado de Asturias, estando ubicado en el centro neurálgico
del mismo. Vertebrado en 30 parroquias, su extensión es de 186,15 kilómetros
cuadrados, se encuentra a una altitud de 227 metros sobre el nivel del mar,
resguardado por el monte Naranco al norte, y la sierra del Aramo al sur, y su
censo poblacional es de 223.968 habitantes –censo de 2025-.
Oviedo es una ciudad repleta de magia, la
vieja dama del norte de España renueva cada día su encanto. Si algo la define
es el exquisito cuidado de todos sus rincones. Visitarla y recorrerla es una
aventura apasionante, la alta peatonalización de sus calles –tanto del centro
como de barrios- permite al visitante el disfrute de parques, edificios,
plazas, esculturas, fuentes, rincones y sobre todo gentes, y todo ello
enmarcado en una máxima limpieza que le ha valido para ser galardonada en
diferentes ocasiones como la ciudad más limpia de España.
Moderna y vital, pero repleta de historia,
sus doce siglos de historia le permiten atesorar un patrimonio artístico como
pocas ciudades españolas. Sus íconos monumentos del arte prerrománico,
declarados Patrimonio de la Humanidad, se complementan con múltiples edificios
civiles y religiosos, como la Catedral, componiendo un paisaje urbano al que
complementan monumentos conmemorativos y esculturas.
Paisaje que se ha visto incrementado
notablemente en las dos últimas décadas, debido al auge de esculturas que
proliferan por todos sus rincones. Más de ciento cincuenta esculturas y
monumentos, muchas en tamaño natural a píe de calle, la convierten en un
museo abierto e interactivo las veinticuatro horas, símbolos inmortales y
representativos de la ciudad, susceptibles de ser tocadas, abrazadas y
fotografiadas.
En el barrio de Ventanielles, con motivo
de la inauguración del Palacio de Deportes de Oviedo diseñado por Ildefonso
Sánchez del Río y considerado en su momento uno de los más modernos de Europa,
ubicada en la calle Joaquín Blume enfrente del equipamiento municipal, luce
desde el 22 de septiembre de 1975 la escultura LLAMA OLIMPICA.
Considera la primera abstracta del rico
abanico de esculturas de lo que es el auténtico Museo al Aire Libre que es
Oviedo, fue realizada por el escultor César Montaña (1928-2000), nacido en
Vegadeo y fallecido en Madrid.
Realizada en bronce, con unas medidas de 3 x 3,50 x 3 metros, que simboliza una ondulante pieza de bronce que partiendo de un pedestal de hormigón, se divide en sucesivas manos que semejan llamas de fuego al viento. En el que el artista se inspiró en una suya anterior de menor formato denominada “Garabato de fuego”.
“Los
seres más sensibles no son siempre los seres más sensatos”. Honoré de Balzac (1799-1850)
novelista y dramaturgo francés.






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