domingo, 26 de noviembre de 2017

Villar de Vildas, en Somiedo.

Parroquia y pueblo ejemplar 2004, por la Fundación Príncipe de Asturias.


Somiedo es un concejo del sur occidente del Principado de Asturias, cuya superficie es de 291,38 kilómetros cuadrados y su censo poblacional –en 2016- de 1.190 habitantes,  lo que lo convierte en el segundo con menos densidad de población de los 78 municipios que conforman la Comunidad Autónoma. Todo su territorio está integrado en el Parque Natural de Somiedo, desde su creación en el año 1988, y cuenta desde el año 2000 con la declaración de Reserva de la Biosfera.






Vertebrado en 15 parroquias, una de ellas es Villar de Vildas, lindante con León y Cangas del Narcea, cuya extensión es de 35,54 kilómetros cuadrados y su censo poblacional de 110 habitantes –censo 2016-, que dista 25 kilómetros de Pola de Somiedo, capital municipal.









El acceso rodado a Villar de Vildas desde Oviedo, se realiza por las carreteras A-63 y la AS-15 hasta San Martín de Lodón, dónde se debe de tomar la AS-227 hasta Aguasmestas, de dónde sale la carretera local que concluye en Villar, después de recorrer 11 kilómetros y de surcar el valle del río Pigüeña pasando por los pueblos de Santullano, Pigüences, Rebollada, Robledo, Pigüeña y Cores.









Río que nace en la fuente de la Paradona, en el valle de Cereizales, a 1700 metros de altitud, perteneciente a la parroquia de Villar. Que en Aguasmestas recibe las aguas del río Somiedo, su principal afluente, entregando las suyas al río Narcea, en la localidad de San Martín de Lodón, perteneciente al vecino concejo de Belmonte de Miranda, después de realizar un recorrido total de 46 kilómetros.








Ubicado en la comarca vaqueira, el pueblo de mismo nombre, ubicado a 870 metros de altitud, era una braña que con el tiempo evolucionó a asentamiento permanente, utilizándose desde entonces como brañas, las de la Pornacal y la Vieya o de los Cuartos, situadas en la zona alta del valle y de las más emblemáticas de las cerca de las cuarenta brañas con las que cuenta el concejo.










El topónimo Vildas deriva del término céltico betu, latinizado como betule, que significa abedul. Sin embargo, la leyenda lo identifica como Villar de Viudas, en castellano, remontándose a la invasión morisca, cuando sus habitantes se enfrentaron a los invasores, siendo derrotados y muertos, quedando solamente vivas las mujeres.










Valle más occidental de los somedanos, de origen glaciar, tiene forma de hoz con abundantes morrenas en sus costados, y bosques de considerable importancia.








Desde el siglo XVII hasta el siglo XIX la parroquia perteneció al monasterio de Santa María de Lapedo, en Belmonte, propietario por entonces de todo el valle del río Pigüeña.









La parroquia, que cuenta con cerca de una decena de casas y cuadras, fue reconocido en el año 2004 como Pueblo Ejemplar de Asturias, por la Fundación Príncipe de Asturias, por “Su voluntad y determinación en mantener y preservar el entorno y las tradiciones de una comunidad agraria y de montaña, y por hacer posible una forma de vida viable y con futuro, en armonía con la naturaleza y abierta a la modernidad”. Como reza en la placa ubicada en la antigua escuela y actual centro vecinal, desde  el 23 de octubre de 2004, en el que Su Alteza Real el Príncipe Felipe de Borbón visitó la localidad y descubrió la misma.









Su economía está basada fundamentalmente en la agricultura y sobre todo la ganadería, contando en la actualidad –noviembre de 2017- con cuatro ganaderías: casa Toribio, Juanito, Laureano y Manuel Queipo.









Y desde su nombramiento como pueblo ejemplar, la misma se ha visto enriquecida con el sector servicios basado en el turismo rural y de montaña, con la apertura de diferentes establecimientos hosteleros y de restauración, como la Corte y la Pornacal, estando cerrado a la fecha el complejo Torrevillar.








La localidad, que celebra la festividad de el Carmen, tiene en su iglesia parroquial de San Miguel, edificada a finales del siglo XIX, a su referente patrimonial.







Contando con diferentes construcciones de gran interés etnográfico –hórreos, paneras y cortes-, aunque muchas de ellas su estado de conservación no es el más idóneo.










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“Las montañas ayudan a los hombres a despertar sueños dormidos”. Haroun Tazieff (1914-98) vulcanólogo y geólogo francés.

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