viernes, 24 de julio de 2015

Jerez de los Caballeros. Badajoz.

Ciudad noble y señorial, fue declarada conjunto artístico-monumental en 1966.


Jerez de los Caballeros, ubicada en el suroccidente de la provincia de Badajoz, es el municipio cabecera de la comarca de la Sierra Suroeste, su extensión es de 740,50 kilómetros cuadrados y su población de 9.623 habitantes –censo de 2014- lo que lo sitúa como el décimo de la provincia.
El dolmen de Toriñuelo da fe de estar habitada desde la prehistoria y monumentos, iglesias, conventos  y otros elementos muestran el paso por estas tierras de todas las civilizaciones que hubo pasaron por la península ibérica, constituyendo un punto de encuentro de culturas, un enclave de historias. A los fenicios les debe su nombre; de la época romana pervive una villa con un mosaico; el templo de Santa María de la Encarnación fue levantada por los visigodos; la primera muralla y la Alcazaba son las huellas dejadas por los árabes, convirtiéndose en el siglo XIII con la toma de la villa por la Orden del Temple –a las órdenes del rey Alfonso IX- en referencia provincial, haciendo de ella la capital del Bayliato de Xerez, época de la que datan gran parte de su riqueza monumental, pasando en 1370 a formar parte de la jurisdicción de la Orden de Santiago, gozando de título de ciudad desde 1525 por concesión de Carlos I.
Asentada sobre una prominencia del terreno con una altura media de 500 metros sobre el nivel del mar, domina la amplia y extensa vega del río Ardila, afluente del Guadiana, de peculiar configuración urbanística, de calles empedradas, tortuosas y laberínticas, con casas y edificios encaladas, guarda joyas artísticas de diferentes siglos y estilos arquitectónicos, construcciones militares, civiles y religiosas que conforman un magnífico conjunto, que le valió el reconocimiento y la declaración de conjunto artístico-monumental en 1966.











En su zona alta se encuentra uno de sus grandes atractivos y el mayor ejemplo de la arquitectura militar, la fortaleza templaría, que protegía la ciudad. Enclave defensivo construida por los caballeros de la Orden del Temple en el siglo XIII sobre la primitiva alcazaba árabe, de la que aún quedan restos visibles en su interior, con posteriores modificaciones de la Orden de Santiago, está organizada en torno a un gran patio central rodeada de torreones defensivos unidos por murallas y representa el legado templario a la ciudad.












Murallas que abarcan un perímetro de 1700 metros, construidas en mampostería, piedras pequeñas y mampostería, disponía originalmente de seis puertas de acceso, de las que se conservan solamente las conocidas como de la Villa y de Burgos.












Cuenta con cinco torreones defensivos – de Armas, del Carbón, del Reloj, de la Veleta y del Homenaje-, siendo esta última la más importante y que aglutina mayor historia y dónde perdieron la vida los últimos caballeros templarios jerezanos, siendo por ello también conocida como “sangrienta”.











El interior de la fortaleza acoge en la actualidad el edificio consistorial y dependencias municipales desde 1992, estando el primitivo en la céntrica plaza España.












Su privilegiada situación dominando toda la ciudad, permite disfrutar de una amplia panorámica de la ciudad, en la que destacan esbeltas las torres de sus iglesias de San Bartolomé, San Miguel, Santa Catalina y Santa María, referencias visuales de la misma.

















Teniendo a sus pies en el extremo sur, el templo de Santa María de la Encarnación y la torre de Santa María, el más antiguo de la ciudad.












Reconstruido en el siglo XV, con posteriores ampliaciones en el XVI, sobre otro visigodo consagrado en el año 556, considerado uno de los templos católicos más antiguos de España. Edificio de planta rectangular con tres naves, con planta en forma de cruz latina, que sufrió un incendio en 1965, que entre otros desperfectos destruyó el retablo barroco del altar mayor de la Virgen de la Encarnación. Su torre, levantada a sus pies en estilo neoclásico, cuadrangular de cuatro cuerpos y aspecto robusto, quedó sin terminar al llegar al arquitrabe del primer cuerpo.













En el barrio Bajo, se ubica la iglesia de Santa Catalina, edificación de estilo gótico del siglo XV construido sobre otro de origen medieval y ampliado en el XVI. Su fachada es de estilo barroco, se complementa con la esbelta torre  de aires clasicistas del siglo XVIII, tiene forma de planta rectangular con nave cubierta de bóveda de crucería, destacando en su interior el retablo mayor de Santa Catalina Mártir, barroco construido en madera policromada.










En el centro de la ciudad, presidiendo la plaza España, se encuentra la iglesia de San Miguel Arcángel, construida en los siglos XIV y XV, todo un compendio de diferentes estilos. Construida a raíz del establecimiento de la Orden de Santiago en estilo gótico, sus tres esbeltas naves le dan un aire catedralicio, contando con importantes añadidos y modificaciones posteriores del siglo XVIII, época de la que datan el crucero, cúpula, presbiterio, capilla mayor y la portada del Perdón, contando con tres puertas de acceso diferentes, datadas en diferentes períodos y estilos, una gótica, otra plateresca y otra renacentista.










A píe de esta última destaca la esbelta torre barroca, construida con sillares de granito, ladrillo, barro cocido y cerámica, de rica decoración levantada en el siglo XVIII.











En el lateral de la iglesia destaca el azulejo conmemorativo del LXXV aniversario de la proclamación en 1926 por el Papa Pio XI de Nuestra Señora de Aguasantas como patrona de la ciudad, cuya imagen se ubica en su interior.












A escasos metros de San Miguel, en la calle Tetuán, se encuentra la antigua ermita del Cristo de la Vera Cruz del siglo XVII, auxiliar de la primera, vendida por la iglesia en 1941 y reconvertida en la actualidad en un establecimiento hostelero.















Otra referencia del amplío patrimonio religioso jerezano es la iglesia de San Bartolomé, dedicada al patrón de la ciudad, ubicada en el barrio de mismo nombre. Construida sobre la ermita visigoda de San Bartolomé de la Jara a mediados del siglo XV en estilo gótico, fue ampliada en los siglos XVI y XVII quedando el estilo barroco bien definido en su estructura.   De fachada de marcado estilo sevillista, se accede a su interior por la portada de corte neoclásico a través de una escalera de dos brazos de inspiración barroca, teniendo adosada la esbelta torre levantada en 1759 sobre la anterior venida abajo durante el terremoto de Lisboa de 1755.










En su interior de tres naves, destaca el retablo mayor dedicado al martirio de San Bartolomé, el órgano barroco situado en el coro y la interesante colección de piezas de orfebrería.










Teniendo especial relevancia la capilla de los Comendadores que aloja el sepulcro de construido en 1535 de Vasco Núñez de Balboa y su esposa Beatriz Bravo, el ilustre hijo de la ciudad descubridor del Océano Pacífico, y cuya casa natal en la calle la Oliva, alberga en la actualidad el Museo dedicado al mismo.










El calado religioso jerezano se complementa con un buen número de conventos y más de una docena de ermitas, al que añadir el museo de Arte Sacro, que alberga buena parte de la gran riqueza custodiada durante siglos en los diferentes templos, y que se ubica en el palacio de la Vicaría, antigua residencia del Vicario general de la Orden de Santiago. Palacio que forma parte del rico patrimonio civil, arquitectura favorecida por el asentamiento de familias nobles en el siglo XIV que edificaron palacios y casas solariegas y por la pujanza económica de la comarca en los siglos XV y XVI que motivo la construcción de edificaciones públicas y administrativas; constituyendo los palacios  del marqués de Rianzuela, el del bachiller Juan Martínez de Logroño, el de las Cigüeñas, el de la casa del Sol, el de Guzmán o el de los marqueses de San Fernando, claro ejemplo de este rico patrimonio.










Calado que se manifiesta en toda su plenitud en la celebración de la Semana Santa, declarada de interés turístico regional en 1987, por la belleza y singularidad de las imágenes que procesionan –un total de 15 pasos- como por el entorno y calles por las que transcurren. Auténtico reclamo turístico de una ciudad que cuenta en la actualidad con ocho Cofradías y Hermandades: Santo Domingo de Guzmán, Vera Cruz, Jesús orando en el huerto, Ecce Homo, Santísimo Sacramento, Coronado de Espinas, Jesús del Gran Amor y Jesús Nazareno, siendo la de Santo Domingo de Guzmán la más antigua datada en 1513.




Paso de la "Última cena" de la Cofradía de Jesús Nazareno, con sede en la iglesia de San Bartolomé.




Delante de la puerta plateresca de la iglesia parroquial de San Miguel, en la plaza España, se encuentra la “Escultura homenaje a la Semana Santa”, obra del escultor Juan Encina en marzo de 2007, en la que un costalero descansa sentado en un banco, con la que la ciudad quiso rendir a uno homenaje a una de sus referencias exteriores.








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Sin duda la otra gran referencia jerezana exteriormente es la celebración de su “Salón del jamón ibérico”. Creado en 1989 como punto específico de encuentro entre los elaboradores y los productores, constituye una muestra monográfica dónde el único protagonista es el jamón de bellota, el gran producto estrella gastronómico regional y nacional. Salón que se celebra cada segunda semana de mayo en un recinto ferial de más de 45.000 metros cuadrados, unificando todo el potencial industrial y comercial de una comarca que reúne los microclimas propios ideales para la cura de los productos derivados del cerdo en general y del jamón en particular.
Historia; patrimonio civil, militar y religioso; espiritualidad; naturaleza y gastronomía, forman los cuatro pilares que convierten a Jerez de los Caballeros en uno de los destinos turísticos más importantes de Extremadura y del interior de España, atractivos alicientes merecedores de una pausada visita.



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“Un viajero sin capacidad de observación es como un pájaro sin alas”. Moslih Eddin Saadi (1210-91) poeta persa

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