martes, 4 de diciembre de 2018

La cascada del Cioyo, en el río Porcia. Castropol.

Ubicada en los aledaños de los pueblos de  Aguillón, Arco, Brañatuille y Villarin, en la parroquia de Balmonte, Castropol.

Castropol esta situado en el extremo occidental del Principado de Asturias, es el último de los concejos de su litoral, limita al norte con el mar Cantábrico, al oeste con la ría del Eo, al este con los concejos de Tapia de Casariego, El Franco y Boal y al sur con los de Vegadeo y Villanueva de Oscos.
Cuenta con una extensión de 125,77 kilómetros cuadrados, y un censo poblacional de 3510 habitantes –censo de 2017-, estando vertebrado en 9 parroquias: Balmonte, Barres, Castropol, Figueras, Moldes, Piñera, Presno, Seares y Tol.
A la de Balmonte, con una extensión de 24 kilómetros cuadrados y habitada por apenas 215 habitantes,  pertenecen un total 22 núcleos poblacionales entre los que se encuentran Aguillón, Arco, Brañatuille y Villarin, que conforman el entorno en el que se ubica la cascada del Cioyo –Fioyo para los nativos- que forma el río Porcia en sus primeros kilómetros de recorrido.
El acceso rodado para realizar la visita a la cascada es relativamente complicado por las continuas desviaciones que hay que coger a través de carreteras locales, a pesar de estar correctamente señalizada.
El más directo es ir hasta Vegadeo por la N-634 y recorrer desde allí los 16 kilómetros hasta llegar a destino. Primero 4 kilómetros por la AS-22 en dirección a Boal hasta Samagán, donde hay que girar a la derecha y después 12 kilómetros por la CP-4 en dirección a Añides y Penzol, accediendo al alto de Couselo y continuar de frente en dirección a Villarin, núcleo al que no hay que llegar, ya que el punto de salida de la excursión está a la altura de las abandonadas escuelas sitas a poco menos de 1 kilómetro del núcleo de Arco. 




El acceso a la cascada está perfectamente señalizado, 30 metros antes de las escuelas, estando habilitados aparcamientos tanto en las escuelas como en el lugar del inicio de la ruta, ubicado a una altitud de 455 metros.




Al inicio del estrecho camino se encuentran tres paneles informativos: uno con el tipo de recorrido, dificultad, distancia, duración y desnivel; otro con el tipo de arbolado y la fauna salvaje y otro con la leyenda existente en torno a la cascada.






El sendero es en sus inicios bastante cerrado en dirección norte, con vistas al núcleo de Brañatuille.





A 300 metros del inicio, y a una altitud de 435 metros, el sendero se introduce en un bosque comenzando un empinado descenso con amplias e incómodas piedras, dónde una maroma a mano derecha permite una bajada, que sin ella sería dificultosa y más si se encuentra el terreno mojado.






Un falso llano permite visualizar ya el río que surcando el terreno desciende en dirección norte, estando marcado un claro ramal que desciende hasta él. Pero la ruta señalizada continua de frente unos metros más.






El llano acaba con un nueva señalización, dónde el camino gira formando un ángulo de 45 grados para volver descender en busca del río, que cuenta con una nueva maroma, esta vez situada a mano izquierda.






Para llegar a la altura del río, en la zona denominada “as Culmías”, situada a 600 metros del punto de salida y a 350 metros de altitud.




A escasos metros una nueva señalización indica que el camino sigue a la vera del río, aunque un camino en sentido ascendente puede generar alguna duda.
Para ya seguidamente darse de bruces con la espectacular cascada y la poza que le sirve de base, ubicada a 350 metros de altitud y distante 900 metros del punto de salida.





El Cioyo o Fioyo, es un precioso salto de agua en forma de cola de caballo, de cerca de 20 metros de altura, que no deja a nadie indiferente, tanto por su belleza y ubicación como por el atronador sonido del agua en su caída.





Esta es la cascada más espectacular de la cerca de una decena que forma el río Porcia, desde su nacimiento en la cercana sierra de la Bobia, perteneciente al concejo de Castropol, y la playa a la que le da nombre, la playa Porcia, sita en el concejo de El Franco, después de recorrer 31 kilómetros y recibir las aguas de los ríos del Mazo, Cabo, Valle, Gaudal y Arco.





Cascada que cuenta con su propia leyenda, transmitida de generación a generación por los vecinos del entorno.
La misma cuenta que al lugar bajaba a dormir en las tardes de verano un mozo del pueblo de Villarin, dónde el frescor del agua y el tenue ruido le proporcionaba una estupenda siesta. De tanto verle dormir, una Xana que espiaba sus sueños, se enamoró de él. Hasta que una tarde de tormenta el caudal del río creció de repente por las lluvias llevándose al mozo aguas abajo. La Xana que lo vigilaba vio que el mozo se despeñaría matándose en el fondo de la cascada del Cioyo, por lo que rápidamente hizo un encanto creando la pequeña laguna o poza que hoy se ve en la base, el mozo acabó remojado y tal fue el susto al despertarse en las aguas que nunca más volvió  por allí. Cuentan que si nadas en las aguas bajo la cascada del Cioyo, todavía puedes escuchar el llanto de la enamorada.





Después de disfrutar del entorno, no queda otra alternativa que retroceder sobre nuestros pasos para continuar el camino, habiendo dos alternativas posibles, marcadas sobre todo por el nivel del agua y la situación del terreno. La primera sería retroceder todo el camino de bajada. Y la segunda, de espectacular belleza, es hacer un recorrido semicircular.
Para la segunda opción, hay que tomar la clara bifurcación que sale a la izquierda, mencionada anteriormente, sita a unos 100 metros de la cascada. 





El sendero, corto pero con un considerable desnivel, tiene un firme vegetal especialmente incómodo y peligroso en condiciones meteorológicas adversas, ya que no dispone de maroma de apoyo como el anterior, y que concluye en una pequeña horcada, siendo necesario descender unos metros para encontrar un escondido y paradisiaco lugar que forma el río.




Es la parte alta de la cascada del Cioyo, lugar a dónde llega el río Porcia en su peculiar discurrir y dónde toma el impulso para formar el salto de agua del que se había disfrutado momentos antes.





La poza previa al salto, alimentada por pequeños saltos, que incita al baño y dónde la leyenda del mozo de Villarin y la Xana toma sentido.






Un estrecho camino a la vera del río incita a seguirlo y a disfrutar del prodigioso entorno, culminando en una nueva cascada notablemente inferior –unos cinco metros- que cae por un canalizo y forma una poza cuyo diámetro es superior a la del Cioyo. Sorprendente e idílico lugar que invita a disfrutar del mismo.








Pudiendo superar la misma, a través de un estrecho y sinuoso sendero, que en su bajada permite el disfrute visual de una nueva mini cascada, deslizándose caprichosamente el agua por grandes lascas de granito.








Salvar este nuevo salto es el paso más complicado de la ruta, ya que apenas hay sitio entre la vegetación para continuarla, debiendo pisar parte de la pedrería por la que discurre el Porcia, por lo que en fechas dónde el caudal es abundante esto no es posible.







Si se consigue salvar a unos cincuenta metros, una vereda se interna en el bosque para acceder en apenas otros cincuenta metros al punto llano situado entre los dos tramos de maroma del camino utilizado en la bajada.







Llegado al mismo, sólo queda girar a la izquierda, salvar el desnivel de ascenso con la ayuda de la maroma y continuar por el falso llano hasta el punto de salida, donde concluye la espectacular ruta.





Ruta que apenas llega a los dos kilómetros -1,98 kms- con un desnivel de descenso acumulado de 143 metros y de 155 de ascenso, en el que se invierte poco más de dos horas, y se disfruta de un paraje de excepcional belleza y exuberante naturaleza, formado por el caprichoso discurrir del río Porcia y dónde la imaginación tiene permiso para desbordarse.
La ruta de la cascada del Cioyo, de dificultad baja en cuando a distancia recorrida y desnivel a salvar pero de alta dificultad en condiciones meteorológicas adversas, es sin duda merecedora de una visita.



MÁS INFORMACIÓN. Pinchar en enlaces.




“La imaginación tiene sobre nosotros mucho más imperio que la realidad”. Jean de la Fontaine (1621-95), fabulista francés.

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