martes, 11 de septiembre de 2012

El Descenso folklórico del Nalón, celebro su XLV edición.

Pola de Laviana, vivió un nuevo Descenso folklórico, fiesta que goza de la distinción de “Fiesta de interés turístico nacional”. Descripción, fotos y video del mismo.

Lejos queda agosto de 1981, cuando en compañía de mi entrañable amigo de fatigas juveniles estivales, Alfredo Sancho, nos fuimos desde Gijón de acampada a la Chalana, a vivir de cerca las fiestas patronales de la Virgen del Otero en Pola de Laviana, su jira y el Descenso folklórico del Nalón. Lejos queda la fecha y muchas las ganas de volver a vivir en primera persona, una de las fiestas de las que mejor recuerdo tengo de las muchas vividas en mi juventud.  
Por unos motivos u otros, no había surgido de nuevo la oportunidad de volver a las queridas tierras del alto Nalón, y cuando en esta edición surgió la oportunidad acudimos a disfrutar de esta peculiar fiesta. Una llamada de los buenos amigos Luis Riera y Pili Gómez, facilito sumarnos a la fiesta, aunque no a la comida, en la que como toda buena fiesta en las cuencas mineras, no podía faltar el “cordero a la estaca” preparado por Flores, en la finca de Bernardo y Carmen en la Chalana, a pie del puente a dónde al atardecer llegarían los intrépidos que desafiaron al río y bajaron en todo tipo de artilugios flotantes.
 
Flores, de la Rebollada en Laviana, ante el asado, del que es un auténtico especialista.
Este Descenso -como todas las cosas- tiene su propia historia, que según me comentó Falo Díaz-Faes, se remonta a 1968. En ese año, con motivo del día de la jira, los miembros del “Eros Club” surgido del movimiento juvenil que lideraba el coadjutor parroquial D. Bernando, decidieron bajar el río corriendo en competición desde el Puente Arco a la zona de baños de la Coaña, un poco más abajo del puente la Chalana. A este grupo, desde el inicio se unieron otros grupos, como el “Club Náutico Campurra”, formado por Ovidio Sánchez (sí, el dirigente del PP asturiano), Costa, Galván, José Luis Blanco y Faes, a los que se pronto se sumaron otros amigos como Amalio, Carlos Cuesta o Lisardo Lombardia; o el “Cuelebre”, formado entre otros por Armandín del llagar, Gaspar Arrieta, José Calleja o Placídin.
Al realizar solos el Descenso en el año 1973, los miembros del Club Náutico Campurra  consiguieron días antes de celebrarse la VII edición ser entrevistados en Panorama Regional (el telediario regional de entonces). Lo hicieron vestidos de romanos, en su calidad de ingenieros del Olimpo, que se encontraban inspeccionando las obras del embalse de Tanes, contaron su peculiar historia del Descenso y acabaron animando a todos a participar en el mismo. Se consiguió el objetivo de tener repercusión publicitaria, y con ella atraer a la Pola a un gran número de personas, superando en esa edición los 150 participantes. Esta edición supuso sin duda un punto de inflexión en el mismo, que desde esa edición pasa a llamarse Descenso Folklórico del Nalón, tener unas bases de obligado cumplimiento, contando con Chemari de Josepin, como pregonero oficial, y sumando participantes año a año. Sería injusto no nombrar a otras personas, grupos de amigos y amigas, sin cuyo trabajo el Descenso no hubiese llegado a las cotas actuales, pero no es motivo del presente.
Con Falo Faes, a mi derecha, y Carlos Cuesta, en una reciente visita a Tanes.
La XLV edición comenzó –como parece ser habitual- no respetando el horario previsto (15,30 horas), lo que no fue óbice para el disfrute de participantes y espectadores, convirtiendo la calle la Libertad y la carretera general AS-17 hasta Puente de Arco, lugar de salida, en todo un espectáculo de colorido e imaginación. Y es que los más de 2.000 participantes disfrazados –según datos de la organización- pusieron todo su ingenio, trabajo y atrevimiento para justificar un año más, el prestigio ganado año por año, por este peculiar Descenso.
Desde nuestra privilegiada posición en las cercanías del puente, pudimos disfrutar del paso de las 31 embarcaciones oficialmente inscritas y de otros artilugios flotantes, que lucharon por llevar la emblemática  “Soperona” a sus vitrinas, el prestigioso premio que reconoce en cada edición a la más original de las embarcaciones, que además debe de flotar y cubrir el trayecto de poco más de un kilómetro, que separan los puentes de Arco y de la Chalana. Embarcaciones que tiradas por cuerdas y otros métodos por sus tripulantes,  lucieron esplendorosos en una tarde estival de agosto como pocas se recuerdan, y que hizo muy llevadera y casi necesaria el agua que los participantes solicitaban a los vecinos asomados a las ventanas, entre el jolgorio general de una juventud (y otros no tan jóvenes) volcados en disfrutar de la que sin duda es la fiesta por excelencia en el valle del Nalón.
Curiosa es también la historia de la “Soperona” y que se debe a que al tener escasos recursos económicos la organización, estos tiraron de ingenio y a propuesta de Fernando Galván que tenia ferretería decidieron dar una sopera, en línea con la ensaladera que se entrega en la Copa Davis. En sus inicios no había premios económicos, que surgieron en ediciones anteriores.
 Pili y Estela, observando el paso de la embarcación “La Guitarra”.
Esta es una fiesta contagiosa, en la que si uno acude seguro que repite y corre la voz entre sus amigos, y de esta manera no es extraño que año a año se incremente el número de participantes, de embarcaciones –auténticas carrozas por otro lado- y de espectadores. Lo suyo es ir y disfrutar del ingenio de las peñas de la localidad y de los pueblos del entorno, que luciendo sus mejores galas y con esfuerzos titánicos por  cruzar el puente de la Chalana en condiciones dignas, transmiten la fiesta a los espectadores, que disfrutan de un espectáculo, en el que muchos tienen a familiares, amigos y conocidos, ante el regocijo general. Si además, como en esta ocasión, no ocurre ningún incidente ni accidente reseñable, y se suma que la labor de limpieza del río parece ser que fue efectiva por parte de los operarios municipales y por los pescadores, nada más se puede pedir a la fiesta.
El lavianés, Luis Riera, con unos amigos de juventud..
La peña “los Barettini” de Pola de Laviana, fueron los vencedores de esta edición, repitiendo el triunfo de la XLIII, volviendo a levantar la “Soperona”, y recibiendo el importe económico del premio. Su embarcación, hecha en forespan, recreaba de una manera excelente una enorme máquina de tren de vapor -“Barrettini expres”- ambientada en el cómic de los Lucky Luke y los hermanos Daltón, cuyas figuras a bordo de la máquina sobresalían vistosos, entres el séquito de vaqueros y bailarinas al más puro estilo del oeste americano.
 
Si bien ellos fueron los ganadores por méritos propios, otras embarcaciones para nada les desmerecieron, y así los del pueblo de Villoria, desfilaron con una preciosa réplica de su “romería de San Antonio”, con santo viviente incluido. Los de Barredos, con una escenificación de un enorme Mariano Rajoy cortando con unas tijeras un casquillete minero. Los de Llorio, desfilaron y llegaron a la Chalana con su “Don Quijote y Sancho Pancha pol descenso de parranda” intacto. Tiraña con su “El retorno de la Tiraña medieval” o Tolivia con su “Fort Cow”, fuerte del oeste americano y su caseta de indios, o los del Condado, con “El torreón del Condado” fueron otras vistosas carrozas de los grupos de pueblos lavianeses fieles al evento.
 
Importante también fue el trabajo realizado por diferentes peñas, como la Otero Team con su “Homenaje para un equipo de leyenda” réplica del Titanic, en honor del equipo de fútbol  local,  el Real Titánico de Laviana que este año cumple su 100 aniversario; o los de “Las aventuras de Tintin: objetivo Laviana”, con un Tintin a pie de su famoso cohete enarbolando una enorme bandera de Asturias. Otra peña tiraba de la embarcación “La guitarra”, con un enorme John Travolta giratorio; otra  lucía una espectacular carroza bajo el nombre de “Misión Jurassic park” con dinosaurios y una perfecta réplica de un coche; los “Carrascales 20” con su “El Titanic sin carbón nun baxa pel Nalón” buen trasatlántico rodante o los del “Secreto de las tortugas” que pasearon su peculiar tortuga, rodeada de sus miembros.
 
 
Otros grupos lucían carrozas menos llamativas, pero que sumaban y de que manera, como las de la “oficina del Inem”, “Lagrimica” “Tronistas” “El burro” con su asno de cartón, “los Mosquestenssion”, “los enfermeros” “la tribu de indios” y alguna más que sin duda me dejo en el tintero. A todos ellos hay que sumar pequeños grupos, amigos, parejas e incluso solitarios, que también aportaron su grano de arena para la vistosidad de un desfile que bien merece ser visto,  en el que no se olvidaron de la crisis y de las medidas que está tomando el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, que fue escenificado por tres o cuatro grupos.
 
Todos ellos siguieron hasta Puente de Arco, a cuyos pies del puente medieval se lanzaron por la rampa habilitada por la organización para acceder al río Nalón, que bajaba con un buen caudal gracias a la apertura del embalse de Rioseco, para llegar como buenamente pudieron al puente de la Chalana, no sin antes entonar todos el himno del Descenso “El Chalaneru” –cuya canción sirve de fondo musical al video que se acompaña-. La llegada al emblemático puente se hizo esperar, llegando alguna de las embarcaciones bien entrada la tarde, aunque anteriormente ya lo habían hecho intrépidos participantes en los más inimaginables elementos flotantes.
 
Nuestra jornada se alargó hasta bien entrada la noche, gracias a la gentileza de Carmen y Bernardo, con la cena y sobremesa en compañía de estos, sus amigos y Pili y Luis. Preciosa tarde-noche la vivida en Pola de Laviana, en el que he vuelto a revivir recuerdos de juventud.
 
Bernardo, nuestro anfitrión, de pie charlando con Luis.
MÁS INFORMACIÓN.
Video del desfile.
 
“Gracias al ingenio nos divertimos, mas sólo gracias al corazón no nos aburrimos”. Madame de Swetchine (1752-1857) escritora francesa.

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