martes, 28 de agosto de 2012

La ciudad residencial de Perlora, bien merece un proyecto viable.

Un grupo de empresarios de Carreño, al que se le han sumado de otras zonas del Principado, presentan un plan viable para la recuperación de esta emblemática ciudad residencial.

Hablar de Perlora, es hablar de la única ciudad residencial conceptual y también del primer proyecto turístico global implantado en el Principado de Asturias. Su inauguración data de julio de  1954 y su iniciativa al Sindicato vertical, organización existente por aquél entonces. A uno de sus máximos responsables por aquellos tiempos, al asturiano de Piloña, Servando Sánchez Eguibar, se debe el proyecto, que permitió durante décadas a los trabajadores con menos recursos disfrutar de unas vacaciones en un marco idílico.
Las cuotas de los trabajadores y de los empresarios sirvieron para levantar un complejo que llegó a tener 273 chalés o villas, que se repartían entre diferentes empresas y entidades, destinados al uso y disfrute de sus empleados, previa solicitud, en turnos quincenales. La ciudad llego a tener en su momento cerca de 250 trabajadores, siendo la residencia Jacobo Campuzano, con sus más de 90 habitaciones y ubicada en la entrada del complejo, su buque insignia. Pero el complejo también contaba con dos comedores capaces de dar comer a los más de 1500 personas que quincenalmente abarrotaban Perlora, pequeño hospital, iglesia propia, amplias instalaciones deportivas, cine y todo tipo de empresas de servicio (bares, tiendas de ultramarinos, peluquerías, kioscos, puestos de helados, etc).
El que suscribe tuvo el placer de disfrutar de la misma, de unas vacaciones en su infancia –año 1969- en una de sus casas, propiedad de la empresa Unión Explosivos Río Tinto, titular de 4 casas en dos adosados, a la que mi padre (q.e.d) prestó sus servicios profesionales durante su vida laboral. A pesar de mi corta edad  -8 años- los recuerdos de aquella estancia están innatos en mi retina: las largas horas de baños y simulacros de pesca en las playas de la Isla, Carranques y Huelgues; los partidos con los mayores en el campo de futbol –inmenso para mi-; los paseos en bicicleta; las colas para las comidas y cenas en el comedor del edificio azul (había otro rojo), en el que cada familia tenía asignada su mesa con sus peculiares jarras de aguas, y en el que todo el mundo se conocía; los helados de media tarde y de después de la cena, son recuerdos de infancia que nunca se olvidan.
Pero si alguno permanece en mi retina es el madrugón que una buena parte de los veraneantes de Perlora, nos pegamos el 20 de julio de aquél año, para ver la llegada por primera vez del hombre a la luna. Aquel acontecimiento era algo que a mi edad, no le daba mayor importancia ni era consciente del hito que marcaban los astronautas Neil Armstrong, Edwin Adrin y Michael Collins. Mis recuerdos se ciñen a una hora muy temprana, en el que los mayores se agolpaban en el televisor a blanco y negro existente en el bar La Cabaña, en la playa de la Isla, gestionado por un hombre muy popular (de nombre Manolo) que también o después regento un bar en el puerto de Candás, y como no de la algarabía general por el éxito obtenido por los tripulantes del Apolo XI.
Muchas otras fueron las ocasiones, que con mis padres, tíos y amigos de ellos, acudimos a disfrutar –como otros muchísimos asturianos- de sus playas, inundando con los coches, mesas, sillas y demás artilugios los múltiples praos de la ciudad. Sería muy difícil cifrar cuantas personas se podían juntar un fin de semana en la misma, entre los residentes veraneantes y los que acudían a pasar el día, bien a través de vehículos particulares (y eso que cobraban entrada), de los muchos autobuses de excursiones y de los que lo hacían en el ferrocarril –el popular Carreño que unía Gijón con Candás-, pero sin duda se contaban por miles.
 
Chalet en el que nos hospedamos en julio de 1969. Foto sacada en agosto de 2010.
 
Por todo ello, es por lo que siempre he procurado seguir las noticias y las vicisitudes por la que pasaba Perlora y lo que en ella acaecía. Con la entrada de la democracia, en 1975, la propiedad paso primero a depender del Ministerio de Trabajo y posteriormente del Principado de Asturias, aunque durante años la oferta partía de los sindicatos, comenzando un declive, que se materializo en el año 2005 con el derribo del edificio principal, por problemas de aluminosis según la versión oficial.
La orden partía del gobierno del Principado de Asturias, cuyo presidente en aquellos momentos –Vicente Álvarez Areces- saltó a la fama política por ser de los militantes que en la convención del PCE de 1979 -celebrada precisamente en ese edificio- se salía del mismo porque éste daba un giro a la derecha, siendo él defensor de la línea trosquista (vivir para ver). El mismo gobierno en el año 2006 favoreció un intento de cambio de titularidad, con el rechazo de los trabajadores, cerró todo las edificaciones y en octubre del 2007 adjudicó la gestión de la ciudad residencial a un consorcio de empresas asturianas, por un período de 50 años, que prometían una inversión cercana a los 100 millones de euros, bajo la premisa de convertirla en un complejo turístico de referencia nacional.
Ese proyecto que no llego a buen puerto, estaba liderado por dos empresas constructoras consideradas en su momento modélicas, que se favorecieron del boom de la construcción para dejar a buen recaudo sus pingües beneficios y sus excedentes de tesorería en el sector turístico, basados en parte en pagar a sus proveedores (muchos, pequeños autónomos) a una media de 180 días. En la actualidad, esas ejemplares empresas se encuentran en concurso de acreedores, con sus beneficios y patrimonio a buen recaudo, y dejando a un buen número de empresas al borde del cierre;  los políticos que propiciaron el acuerdo –muchos de ellos en el gobierno actual- sin pronunciarse y lo que es peor, la ciudad residencial en un abandono total desde hace siete años y en un lamentable estado.
En agosto de 2010 fue la última vez que me acerque a este querido lugar, dónde pude comprobar in situ el abandono generalizado de todo el complejo, abandono por dejadez de nuestro gobierno del Principado, siendo muchos los usuarios que pude observar a pesar de ello, que no dudan de disfrutar de este remanso de paz y belleza.
Ahora leo con satisfacción, que un grupo de empresarios de Carreño al que se han sumado otros de diferentes puntos del Principado, proponen al Principado un plan que pretende reflotar Perlora. El mismo consiste en  rehabilitar los chalets y convertirlos en  casas rurales para su alquiler, a la vez que fomentar la creación de negocios de prestación de negocios para los visitantes, con el objetivo de dar un vuelco a la situación actual e intentar llenar de nuevo la ciudad, con el consiguiente efecto económico que tiene sobre el municipio en general, y en Candás en particular. Y es que la cifra de pernoctaciones en la ciudad eran espectaculares para este pequeño concejo, siendo en el verano de su cierre, en el año 2006, de 80.000 pernoctaciones.
Según un estudio de 2007 de la Dirección general de Patrimonio del Principado, de los 221 chalets que hay en la actualidad, sólo 11 se encuentran en estado de ruina, mientras que 64 necesitan de reformas y 146 están totalmente operativos. Y es que la mayor parte de los mismos fueron reformados poco antes de la fecha del cierre del complejo por un taller de empleo del concejo.
El plan pasa por una concesión administrativa –con su correspondiente canon- por un período de 10 años, en el que la inversión media por chalet se sitúa en torno a los 10.000 euros, y en el que parece que está involucrada una entidad financiera, encargada de la financiación necesaria.
De momento no leo nada de solicitar subvenciones, ni otro tipo de beneficios (como en el caso de la adjudicación anterior), sino que se trata de un plan únicamente empresarial, que de llevarse a cabo seguro tendrá su clara repercusión en un concejo industrial, que siempre tuvo en Perlora su referente turístico. Bien haría el Principado en estudiar el proyecto planteado, que el mismo se ajuste a ley, beneficiarse de la aplicación del correspondiente canon, no dar más subvenciones  y evitar especulaciones y fines no previstos (como el uso particular de los chalets) y facilite no sólo el buen fin del proyecto, sino la recuperación de un entorno privilegiado para el disfrute de los ciudadanos, de lo que se beneficiará Perlora y Candás en particular y el Principado en general.
“La verdad es que en España, hay siete clases de españoles, si como los siete pecados capitales, a saber: los que no saben; los que no quieren saber; los que odian el saber; los que sufren por no saber; los que aparentan no saber; los que triunfan sin saber y los que viven gracias a que los demás no saben. Estos últimos se llaman a sí mismos “políticos” y a veces “intelectuales”.  Pío Baroja (1872-1956) novelista español.

2 comentarios:

  1. Realmente bien descrita la realidad de Perlora, yo también he pasado unos veranos (3) en una de sus casas, y aunque lo hice en mi juventud (18-19 y 20 años) mis recuerdos coinciden con los tuyos. Igualmente deseo una pronta solución y que deje de una vez su estado decadente.

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  2. Te agradezco esta entrada, yo pasaba dias de playa, tortilla y bocata en mi niñez en sus praos en los 80 y no sabia como estaba el tema ahora...he sentido nostalgia desde madrid

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