viernes, 21 de enero de 2011

Tierra Firme. Matilde Asensi.

En esta novela, Matilde Asensi recrea la atmósfera y la vida cotidiana de las pocas conocidas colonias españolas de las Indias a través de un personaje excepcional llamado Martín Ojo de Plata, que no es otro que la propia Carolina Solís.

TIERRA FIRME (La vida extraordinaria de Martín Ojo de Plata).
MATILDE ASENSI.
Editorial Planeta. Barcelona. 1º edición, noviembre 2007. 239 páginas.


CAPITULO I.
Catalina Solís con dieciséis años, natural de Toledo, hija huérfana y legítima de Pedro Solís y Jerónima Pascual, viaja en compañía de su hermano Martín -de catorce años- desde Sevilla a las colonias de Tierra Firme, en una galera de la flota de Los Galeones con destino a Cartagena de Indias al mando del General Sancho Pardo. Era el año de 1598 y su destino es entregarse a su esposo, un tal Domingo Rodríguez, hijo de Pedro Rodríguez, socio de su tío Hernando en una latonería en la isla de Margarita, con el cual se había casado recientemente por poderes.
Antes de arribar a su destino, la galera es atacada por los piratas ingleses sin ser ayudados por los militares españoles, en el ataque el ama Dorotea que acompañaba a ambos, la viste con las ropas de su hermano, rompe con una mesa de despacho una ventana y después de tirarla al mar le ordena lanzarse al agua. Antes de hacerlo tuvo tiempo de coger las espadas que llevaba como presente a su esposo, tío y suegro realizadas por su padre, espadero de profesión, la daga de su hermano, y un canutillo con los documentos de su boda; para su desgracia también tuvo tiempo de ver como un inglés con una enorme maza le rompía la cabeza a su hermano.
Sin saber nadar y montada encima de la mesa estuvo a merced de las aguas del océano durante tres días con sus noches hasta que las mareas y el viento la llevo a una isla desierta, desconociendo dónde se encontraba. Sus primeros días fueron de entrega al sueño y a la enfermedad, para ir poco a poco recuperándose, indagar por la isla y establecerse en ella, ubicándose en una cueva en lo más alto de la isla, una vez asegurada de que nadie más en la isla tenía su morada, sobreviviendo a base de la pesca, caza y agua dulce que había en la isla.
Una mañana escucho ruidos y voces humanas, comprobando con asombro el desembarco en la isla de una nao, cuyos tripulantes hablaban castellano. Estaba valorando las diferentes opciones que tenía cuando fue sorprendida por un par de hombres negros, que en seguida lo llevaron en presencia de su jefe. Este era Esteban Nevares, hijo de Gaspar Nevares procedente de las montañas de León, propietario del barco, un jabeque llamado La Chacona, comerciante entre las diferentes islas y con sede en la villa de Santa Marta.
Cuando la llevaron ante su presencia, vestido con las ropas de su hermano, no pudo engañar a este que enseguida supo que era una mujer. Mando en seguida ir a la cueva a por los signos que mostraran la procedencia e historia que le mencionaba y una vez comprobado, al conocer a su tío, suegro y marido, decidió sin más adoptarle como hijo bajo el nombre de Martín Nevares.
El motivo no era otro que la pena que le dio saber que se iba a entregar de por vida a un esposo con cuerpo de hombre y cabeza de niño, fruto de un accidente que había tenido de pequeño en el que había perdido un ojo y parte de la cabeza, y que el bien conocía. Su malvado padre con el vil consentimiento de su socio, acepto dar a su sobrina como esposa, para que le diera un hijo que heredara el negocio, y que nadie en la zona había aceptado, ninguna mujer, ni decente o indecente. Él los conocía perfectamente y por eso dio el paso, aunque deberían de tener prudencia y guardar el secreto, ya que en cualquier momento podía ser reclamada.
Ella le explicó que su padre había muerto en la cárcel de la Inquisición, de la que fue preso por hereje y encontrar en su casa libros que lo demostraban, tales como el Lazarillo de Tormes y otros más. Enfermo sin reconocer sus pecados y allí falleció. Su madre no pudo superar la noticia y se suicidio arrojándose al Tajo, no sin antes asegurar el futuro de sus hijos enviándolos a Tierra Firme con su cuñado y el ama. Con ella llevaba la espada y daga realizada por su padre y en un canutillo de metal guardaba la fe de matrimonio y carta de presentación. Acepto el trato propuesto y para su sorpresa cuando fue anunciado a la tripulación nadie realizo el menos de los reparos.
El jabeque había llegado a la isla para realizar tareas de mantenimiento y una vez acabadas las mismas emprendieron rumbo al resto de las islas donde comerciar las mercancías que llevaban.

CAPITULO II.
La primera isla a la que arribaron fue Trinidad, dónde el señor Esteban presentó sus saludos a comerciantes y vecinos, y realizo trueque de sus mercancías por otras, sin apenas percibir monedas ni joyas, que con habitualidad estas se enviaban a España para sufragar los gastos de la guerra. Tras pasar por las deshabitadas islas de los Testigos, llegaron a Margarita, dónde no la dejaron bajar a tierra, por miedo a que pudiese ser reconocida por su tío y exigirle quedarse en la misma.
La jornada se le hizo muy larga, pero le valió para conocer a fondo La Chacona y sorprenderse de su capacidad. La llegada de la noche trajo consigo la vuelta de sus compañeros, allí también realizaron trueque de mercancías, aunque lo que más le sorprendía era la cantidad de impuestos que tenía que pagar su padre a la patria madre, entre el almojarifazgo, el diezmo y la alcalaba se le iban buena parte de la ganancia.
En Cubagua, tuvo ocasión de conocer a través de uno de los tripulantes, el indio Jayuheibo, como sacaban las perlas de los ostrales del mar, y también para su desgracia comprobar el pobre nivel de vida de la gente, a pesar de las enormes riquezas naturales de las islas. Desde Cubagua pasando por Cumaná, llegaron a La Borburata, después Coro, Curaçao y Bonaire. En Curaçao, Martín tuvo ocasión de ver por primera vez la honestidad e integridad de su padre, y como se ganaba el prestigio y el cariño entre sus empleados, con motivo del rechazo y crítica del comercio de negros.
Ya faltaba menos para llegar a casa y su padre le explico que no sabía como pero la señora María –su mujer, aunque no esposa- siempre se las ingeniaba para saber cuando llegaba y les preparaba un gran recibimiento. Pasaron cerca de Aruba, Maracaibo y Cabo de la Vela sin atracar hasta llegar a Río de la Hacha, en dónde si mercadearon con dinero y se fueron ya en dirección a casa.
Al acercarse su padre le enseño los sitios y nombres que rodeaban Santa Marta, se trataba de la isla del Morro, de la bahía de la Caldera y de las inmensas montañas de Sierra Nevada y del río Manzanares; también le explico que Santa Marta había sido el primer lugar dónde desembarcaron los conquistadores, en concreto Rodrigo de Bastidas, en el año 1525 y no en Cumaná como se decía.
En la playa como bien le había dicho ya estaba María con el resto de gente esperando su llegada, lo primero que hizo su padre fue presentarlo a la gente como su hijo, ante el asombro y el enfado de ella, al que no le hizo ninguna gracia la noticia. En público le contesto que era fruto de una relación que había tenido hacia quince años en San Juan de Puerto Rico con una india arawak, ella no lo creyó pero no se lo recrimino y quedaron en hablar en casa.
Desembarcaron y se fueron a la casa, la mejor junto la del cabildo, y de las pocas que había, al ser un pueblo que arrasaron los piratas en diferentes ocasiones. Una de las puertas de la casa era donde estaba el negocio de María, la mancebería más famosa del Caribe, lo que explicaba que dos barcos estuviesen amarrados en la playa. María había sido en su momento la manceba más famosa de Sevilla y ahora regentaba la mejor de las casas al otro lado del océano.
Ella les esperaba en su despacho, acompañado de un gracioso mono ya ciego por la edad, enseguida la interrogo y supo enseguida que se trataba de una muchacha a la vez que pedía explicaciones a su hombre. Este le explico toda la historia, y ella estuvo de acuerdo con que se quedara, pero debía de trabajar como el resto, e incluso le aclaro que por lo que contaba sin duda fue su ama Dorotea la que denuncio a su padre ante la Inquisición con la intención de darle un escarmiento por no ser creyente.
Los días transcurrían en la casa, tardando en hacerse valer antes las mancebas que lo querían conquistar pensando que era un chico, mientras repartía en aprender a leer y escribir –que era el trabajo que le había encomendado su padre- con el marinero de Murcia Lucas Urbina y en montar a las caballerías de la casa, Ventura y Alfama, y en aprender las artes de las armas del marinero Mateo Quesada, el de Granada. Uno de los días escucho con preocupación como la mujer le preguntaba a su padre si tenía preparado lo de Melchor, y a los dos días salieron de nuevo a la mar.
Al llegar a Cartagena de Indias no daba crédito a la cantidad de barcos allí fondeados, su padre le explico que era el puerto más importante y dónde más transacciones se realizaban de todo el continente. Al segundo día después de realizar todas las ventas su padre mando a los marineros incluido su hijo a la nao y les mando salir de la bahía, él se sumaría más tarde a ellos.
A Martín le podía la curiosidad de a quién y porque debía dinero su padre y decidió seguirle, al final de la ciudad estaba la casa a la que se dirigía, su padre la descubrió y le obligo a estar al margen de la conversación que tenia con un hombre que no se inmuto ante la presencia del padre y que entrego a este un papel a cambio del dinero por el entregado, para volver al barco sin hablar palabra con Esteban cabizbajo.
En el barco le pidió al marinero Rodrigo, que había trabajado en una casa de juegos de España y que sabía todas las trampas del mundo, que le cogiera del bolso el papel a su padre. Este le obedeció y le leyó a su petición el contenido del mismo, para posteriormente explicarle detenidamente quién era el personaje y el porqué de la deuda contraída que le ataba a él.
En su momento Esteban firmo un compromiso con Melchor de Osuna en el que le tenía que vender una serie de mercancías y si no cumplía el trato perdería todos sus bienes, que incluía el barco, la casa donde vivían y la mancebía de su madre. Al no poder cumplir el trato dado que no las mercancías no habían llegado con la flota española, lo perdió todo, pero Melchor simulando generosidad le ofreció como trato un usufructo de los bienes a cambio de cuatro pagos anuales de una importante cantidad de dinero de por vida.
Antes de llegar a Santa Marta, en la bahía de Taganga alguien en tierra les hacían señas con antorchas, podían ser los vecinos de Santa Marta o incluso piratas, pero estaba claro que querían que los viesen. El maestre mando a Lucas que les hablara en inglés, francés y flamenco, más contestaron en castellano, era el rey Bekos Biohó, rey de los cimarrones (esclavos negros que huían en busca de la libertad) que quería parlamentar con Esteban. Este dudando le pidió que fuera varios de sus hombres como garantía, este acepto mandándole a su hijo a cambio de que él enviase a Martín.
Bajaron a tierra y Esteban se dirigió al cimarrón como Domingo, nombre del rey cuando era esclavo, lo que no le gusto a este (antiguo rey en África) que siendo conocedor de la deuda con Osuna le ofrecía dinero a cambio de armas y pólvora con el que defender sus palenques (poblados de cimarrones), le estaba ofreciendo plata a cambio de que Esteban se hiciese contrabandista. Estaba claro que el riesgo que corrían eran altísimo y además con las armas matarían a los españoles que intentaran recuperar a los esclavos huidos, pero la deuda le ahogaba y acepto el trato. El acuerdo se rubrico con una gran fiesta en la playa ofrecida por el rey Benkos.

CAPITULO III.
Así comenzó una nueva vida, que aunque todo parecía igual saliendo cada mes y medio o dos meses en ruta de Santa Marta a Trinidad, la realidad era muy distinta y el riesgo muy alto, el objetivo era conocer con quién poder mantener tratos ilícitos y toda la tripulación se volcó en conseguir la mayor información en tabernas y lupanares. Cuando estaban en casa Esteban obligaba a su hijo a estudiar y recibir las lecciones que Lucas le impartía, así como a leer libros prohibidos por las autoridades pero que le reportaban conocimientos, al igual que la lucha con la espada y la daga se convirtió en una disciplina, así como el montar caballos y aprender los conocimientos de la navegación con Guacoa, que además le enseño todos sus conocimientos sobre las estrellas y constelaciones.
Al final supieron que los holandeses tenían una base en Punta Araya, un punto extremadamente árido, pero con una gran riqueza de sal, altamente demandada por los flamencos que venían en su búsqueda desesperados por el bloqueo al que les sometían la corona. Allí se dirigieron y negociaron con el aventurero y corsario Daniel de Moucheron, duro negociador que no acepto la plata por las armas, el pago debía de ser en tabaco y cuanto más, más armas. Así que tuvieron que aplicarse en la búsqueda de tabaco para poder realizar el intercambio.
Fueron años de constante trabajo, de contrabando, de peleas con los flamencos por las armas, de miedo a la ley y a la justicia, de encuentros clandestinos con Benkos, de mercadeo con los plantadores de tabaco. Tiempos muy felices para Martín, pero no así para su padre, que a pesar de ganar buenos caudales su humor se tornó agrio, su carácter duro y su porte el de un anciano cansado. No tenían problemas para pagar a Osuna a pesar de no nadar en la abundancia, y como dejaron de mercadear todos sabían que Nevares se había pasado al contrabando. Era cuestión de tiempo que fueran descubiertos.
Los piratas seguían haciendo sus incursiones y de ellos escaparon en alguna ocasión de puro milagro. Conocieron como los holandeses trabajaban las salinas robando lo que pertenecía a los españoles y consiguieron muy buenas armas para los cimarrones. Cerca de Santa Marta había un palenque regido por el hijo del rey, que acudía a menudo a visitarlo. Esteban y Benkos hicieron buenas amistades, ambos compartían el huir de la justicia.
Pero para Martín otro acontecimiento ocurrió aquél año que le emociono, un día su padre fue en su búsqueda con una carta en la mano, le pregunto si quería que se la leyese y cual sería su sorpresa al oír que la misma era una petición al Rey Felipe III para legitimar un hijo natural suyo de dieciséis años fruto de una relación con una india arawak de Puerto Rico y nombre Martín Nevares, al que nombraba su heredero, y para ello rubricaba la carta ante el escribano. Si se le concedía, podrían utilizar su nombre auténtico y este oficialmente según le conviniese.
Al cabo de un año tenía ya la doble identidad, no paraban de trabajar, pero los holandeses querían cada vez más tabaco por las mismas armas y amenazaron con denunciarles. Los viajes se hicieron más numerosos y la Chacona necesitaba reparación.
En uno de los viajes, hicieron una parada en la Borboruta para reparar la maltrecha embarcación, famosa por su mancebía y casas de tablaje. Uno de los días, después del duro trabajo Rodrigo invito a Martín a conocer un garito de juego, previo consentimiento de su padre. Observo con atención la partida que jugo su compañero en la que gano los dineros a sus contrincantes, entre ellos un capataz que estaba borracho y con el salario fresco en sus bolsillos. Este al verse sin su dinero maldicio a todos, y voceando su nombre y cargo de capataz de Melchor de Osuna se abalanzo sobre todos puñal en mano, pero rápidamente intervino el garitero que a golpes lo echo del lugar. Era la ocasión perfecta para conocer los negocios del acreedor de su padre
Lo recogieron de la calle y lo llevaron al puerto, y allí bajo amenaza de muerte le interrogaron sobre su amo. Contó una y mil intimidades, pero también lo que guardaba en sus almacenes, que contenían todo aquello que no traería la flota en su próximo viaje, lo que hacía que las ganancias obtenidas se multiplicarán. Sabía de antemano las mercancías de las que iba a carecer Tierra Firme, ahora bien este solo era un apadrinado, la información la tenía que conocer a través des sus primos, los Curvos ¿pero de dónde la obtenían estos?
El interrogatorio continuo y así pudieron conocer que siendo conocedor de que no llegarían mercancías firmaba contratos con mercaderes que sabía que no podían cumplir, lo que motivaba que se quedase con sus bienes, era conocedor de tres de ellos, pero estaba seguro de que había más, entre los primeros estaba el de Esteban Nevares de Santa Marta. No daban crédito a los que contaba aquél truhán, su padre obligado a proceder contra su conciencia convirtiéndose en contrabandista victima de una familia de rufianes tramposos.
Se aseguraron que el capataz no diría ni palabra y Rodrigo le dio una buena paliza que lo mantuviera en cama hasta que se fueran. De regreso el marinero le contó que solo se le ocurría que los Curvos obtuviesen la información a través de su tercero hermano Fernando que vivía en Sevilla, con buenos contactos en la Casa de Contratación y en el Consulado de Cargadores de Indias que es en realidad quién decide las cargas a enviar. Hicieron un pacto y nada dijeron a su padre.
Regresaron a Santa Marta durando la fiesta varios días. Uno de ellos fue llamada por su madre que junto a su padre revisaban las cuentas de la mancebía, les tenía que comentar algo importante: durante los últimos años había conseguido ahorrar el dinero que permitía saldar la deuda con el Osuna. Su padre no estaba por la labor Melchor jamás les vendería sus bienes y si lo hacía solicitaría una cantidad desorbitada, al pedirle la madre su opinión también manifestó lo mismo. María no se dio por vencida y recordó a su padre el nacimiento y muerte de su único hijo natural Alonso en aquella casa, y ante su insistencia Esteban se comprometió a intentar la compra. Martín no daba crédito a lo que había oído su padre había tenido un hijo que había fallecido sin salir de la infancia.

CAPITULO IV.
Salieron hacía Cartagena de Indias, en dónde hacían paradas cada vez más cortas desde que se dedicaban al contrabando, y en dónde a través de un carpintero y sus emisarios hacían llegar los mensajes al rey Benkos, una vez que cargaban la mercancía se iban de la ciudad, era peligrosa su permanencia en ella. Aquél viaje deberían de cargar mercancía y Esteban intentar saldar la deuda con Osuna.
Su padre se entretuvo mucho en la hacienda y llego ante ellos en un estado que preocupo a Martín, jamás le había visto así, le confeso que el estafador le había dicho que rezaba todos los días por su muerte, que no contaba que iba a vivir tanto y que jamás le vendería el contrato firmado, solo quería sus bienes. Su padre estaba destrozado y él encolerizado, lo llevo al puerto para que lo llevasen al navío, fue en búsqueda de sus compadres y en compañía de Rodrigo fue a visitar a los amigos de su padre, el mercader Juan de Cuba y el tendero Cristóbal Aguilera, y por ellos y por otros supieron que los Corvos realizaban los mismos negocios que su primo, que este solo les imitaba. Estos eran los verdaderos fulleros que contaban con la colaboración de su hermano en Sevilla que era el que facilitaba las cosas. Martín debía de obrar rápido o su anciano padre no viviría mucho.
Le pidió al joven grumete Juanillo que fuese a la carpintería con un mensaje pidiendo al rey Benkos un favor, debería ayudarle con sus hombres a saber todo lo que pudiese de los Corvos.
El regreso a casa fue triste, su madre se desanimó mucho al conocer las nuevas sobre las propiedades. Unos días después el cimarrón que hacía de mensajero al rey, le despertó, debería de acudir al río al encuentro para recibir el encargo realizado. Pidió permiso a su madre para ir a pasear y allí se fue.
En el sitio indicado estaba Sando con un joven negro asustadizo, bien educado y gallardo de porte y maneras, con buenas ropas, pero marcado con el hierro en la mejilla izquierda como esclavo. Se trataba de Francisco, mozo de cámara de Arias Curvo hasta hacía una semana que lo habían liberado, había nacido en la casa, siempre ocupo buenos puestos y jamás había pisado la selva. Martín le pidió toda la información, pero esta era mucha y solo le iba a contar la fechoría más reciente, que de ser conocida le trastocaría un gran negocio.
Les contó la historia y detalle de los Curvo, estos realmente eran cinco hermanos, los tres conocidos y dos hermanas. Procedían de una familia sevillana de buena posición, Fernando tenía casa de comercio en Sevilla y era cargador para las Indias y se había casado con Belisa de Cabra, hija del más rico y poderoso banquero de la ciudad. Juana Curvo se casó con Luján de Coa, prior del Consulado de Sevilla. Arias Curvo vino a Nueva España casándose con Marcela López de Pinedo, hija de una acaudalada familia de comerciantes y se estableció como factor de su hermano Fernando. Isabel Curvo se casó con Jerónimo de Moncada, juez oficial y contador mayor de la Casa de Contratación de Sevilla. A través de los lazos familiares, los tres hermanos ubicados en Sevilla reunían más poder efectivo que cualquier ministro del rey, pero eso en Tierra Firme no se sabía. Aún quedaba por casar el hermano pequeño, Diego, que vivía con su hermano en Cartagena.
Y aquí era lo que le interesaba conocer a Martín, Diego era el prometido secreto de una bella joven que de casarse con ella llevaría a la familia aún a cimas más altas. La joven era hija del difunto conde de Riaza y la boda dependía de la decisión de la madre de esta que exigía ante la Real Audiencia de Santa Fe del Nuevo Reino de Granada una Ejecutoria de Hidalguía y Limpieza de Sangre, para que una vez casada su hija tuviese opción al mayorazgo y título.
Martín no entendía nada, pero Francisco le explico que los Corvos ni eran hidalgos, ni tampoco cristianos viejos, sino que también tenían antepasados judíos, por lo que habían contratado los servicios de un célebre genealogista para falsificar el linaje y poder llevar a cabo la boda. No conocía sus planes, pero si había escuchado a su amo decir que esa boda era como unos de esos cañones que los piratas esconden en las islas desiertas.
Al ver la cara que ponían sus oyentes, y con Martín recordando el día que arribó a tierra, les contó que los piratas utilizaban sus viejos cañones para esconder sus botines en muchas islas desiertas que hay en la zona. Ahora entendía ella porque estaban tan extrañamente emplazados aquellos falcones en la gruta dónde se cobijó.
Tenían que marchar, pero había obtenido mucha y valiosa información, y para su sorpresa Francisco le dijo que era hijo de Arias Curvo. A su regreso María estaba despierta, no pudo engañarla y le contó absolutamente todo lo que hasta la fecha conocía de los ladrones españoles.

CAPITULO V.
A mediados de septiembre se emprenden en un nuevo viaje en el que todo les sale mal, había varias plagas que asolaban los puertos, la cosecha había sido mala y Moucheron se quedo con el tabaco sin apenas facilitar armas. La bodega esta vacía, pero tenían dinero para aguantar hasta la próxima cosecha, le preocupaba más Benkos y los cimarrones que no tendrían con que defenderse, había que avisarlos cuanto antes y si lo hacía a través de Sando tardarían varios días, por lo que decidieron coger la chacona e ir hasta Cartagena y Esteban pagaría el tercio de Navidad a Melchor. Esa misma noche Martín le escribió una carta al rey.
Al llegar saludaron a sus amigos, que entre otras novedades les comunicaron la firma de la paz de España con Inglaterra, Juanillo llevo la carta a la carpintería de costumbre y él y otros hombres acompañaron al padre a la mansión del acreedor hasta un sitio de dónde no los dejo seguir, quedando allí esperándolo.
Ante la tardanza en volver acudieron a la casa dónde no fueron bien recibidos y Martín se enfrento a Melchor recordándole las palabras que le había dicho a su padre en la anterior visita y culpándole de su desaparición. Este los echo de su casa, Mateo les hizo frente y comenzó una pelea con resultado desastroso para ellos, que acabaron molidos a palos en un campo cercano. Sus compañeros al ver que no regresaban fueron en su busca encontrándolos en semejante estado y regresando con ellos a la nao. En ella intentaron quitar la ropa a Martín para curarlo, a lo que se negó y lo hizo solo en el camarote de su padre, gracias a que Rodrigo intercedió por él exigiendo que le dejasen en paz. Sin duda este era conocedor de su doble condición.
Al día siguiente mal herido y renqueante acudió a la plaza de Cartagena dónde fue interrogado por parte de los comerciantes amigos de su padre. La desaparición de su padre y sus terribles heridas movieron sus corazones y levantaron sus iras, y escoltado por todos ellos acudieron al cabildo y residencia del gobernador, con la intención de ver al alcalde.
Le costo que lo recibiese el alcalde Alfonso de Mendoza que lo interrogo en presencia de sus escribanos, cuando comunico su deseo de denunciar a Melchor de Osuna, le hicieron ver que no lo podría hacer sin testigos ni probanzas al ser un respetado comerciante y hombre de bien. Al decir que disponía de ellos, el alcalde le sugirió que le contase los motivos y que luego él decidiría.
Este le contó con todo detalle lo acontecido, el alcalde estaba pasando un mal trago, su puesto estaba en peligro, pero no podía rechazar la demanda, el escándalo podía llegar muy lejos, y si Esteban no aparecía vivo o muerto el asunto podía llevarse ante la Real Audiencia de Santa Fe de Bogotá, que era lo mismo que llevarla ante el rey en persona.
Al final el alcalde le admitió la demanda que redactaron los escribanos y ante la insistencia del demandante ordeno la búsqueda del desaparecido por Cartagena y que se inspeccionase la casa del comerciante, sin dejar de advertirle de que iban a avisar al de Osuna de su insistencia. Martín bajo a informar a los comerciantes y estos comenzaron a organizarse para localizar a su padre. A media tarde toda la ciudad buscaba al desaparecido excepto las fuerzas del orden y los pudientes.
Organizo turnos de vigilancia en la nao, al no fiarse del acreedor, y descanso más de lo que se imaginaba. Guacoa lo despertó como nuevo maestre, cosa que no le gusto, soldados y comerciantes estaban fuera esperándole. Los soldados le comunicaron que en la inspección a la casa nada encontraron y que como marca la ley Melchor de Osuna había sido hecho prisionero y se encontraba en uno de los calabozos. Por su parte los comerciantes amigos Juan de Cuba, Francisco Cerdán y Cristóbal Aguilera le comunicaron que a pesar de lo mucho buscando tampoco lo habían encontrado.
Al cabo de una semana sin aparecer mando misiva a su madre con las malas nuevas, solicitándole que no se presentase en Cartagena y que le enviase dinero. Los comerciantes les ayudaron en las guardias y el prisionero fue enviado a su casa con vigilancia soldadesca.
Por fin el 29 de noviembre fue llamado a prestar declaración ante el acusado y su licenciado y un buen número de curiosos. Durante la mañana relató punto por punto lo dicho el primer día y por la tarde fue el de Osuna quién se defendió diciendo que todo era mentira, que entro como un loco en su casa y que sus hombres solo se defendieron del ataque de los visitantes. Al día siguiente declararon Mateo y Lucas, y más tarde llamaron al capataz que se interpuso a su llegada a la casa, el negro Manuel Angola.
Era extraño que esto sucediera siendo esclavo, pero era el único testigo que aportaba Melchor para sorpresa de todos, en muestra de su seguridad. Al ser interrogado sobre la salida de Esteban Nevares de la casa dijo que no, que nunca había salido, ante el nerviosismo de su dueño, alcalde y licenciado, manifestó que lo vio entrar, pero no salir y que desconocía donde se hallaba. Manifestó que su declaración era por ser buen cristiano y que lo había consultado con su confesor, que no lo hacía por hacer daño a su amo, aunque si oyó voces fuertes de su amo y lo que siguiente supo del asunto fue la llegada de su hijo y sus hombres a la casa.
El griterío fue ensordecedor y el alcalde tuvo que dejar la declaración de Rodrigo para el día siguiente. Toda Cartagena quería celebrar la declaración del esclavo, pero ellos se fueron a la nao, no es que no quisiesen festejar con el pueblo el triunfo, aún quedaban días de juicio y el final era incierto. Martín se encerró en su habitación a escribir una carta que le ocuparía toda la noche.
Al día siguiente volvieron al palacio, dónde tendría que declarar Rodrigo, y para sorpresa de los presentes el lugar de cabecera era ocupado por don Jerónimo de Zuazo, gobernador y capitán general, al que acompañaban dos capitanes al mando de un buen número de soldados. Este explico su presencia allí por el gran interés que el caso había despertado y por si le solicitaba el virrey un informe.
Rodrigo realizo su declaración sin la presencia de Melchor, su calidad de persona principal había descendido a la de reo de prisión. Mientras su compadre declaraba, un negro se acerco a Martín y le dio un sobre, este lo abrió y leyó, se giro hacia Juanillo que arduo abandono el lugar y Martín sonrió a Rodrigo.
La ciudad estaba a la espera de la resolución del alcalde, cuando el cuatro de diciembre un gran griterío llegó a la Chalana desde el puerto, una gran muchedumbre agitaba los brazos y lanzaba sombreros al aire, y varias embarcaciones se dirigían hacia ellos. En una iba el maestre, Esteban Nevares, que les saludaba feliz, estaba sano y salvo. Su estado era calamitoso y temió por su salud, pero cuando se fundieron en un feliz abrazo comprendió que estaba bien.
Luego subió a bordo Juan de Cuba y el alguacil mayor de Cartagena, que le explico que su padre había sido hecho cautivo por el peligroso cimarrón Domingo Biohó, el peor malhechor de Tierra Firme y al que buscaban desde hacía seis años. No lo asesinaron por que fue utilizado para hacerle llegar un mensaje al gobernador, del que pronto sería conocedor. Si le dijo como fue hallado por unos indios en un camino, que lo llevaron al hospital y que después de pasar por palacio fue cuando lo llevaron ante él, que Melchor de Osuna había quedado en libertad y que se cree que el secuestrador había sido Manuel Angola, que después de declarar había desaparecido. También le comunico que el gobernador había organizado unos saraos para el pueblo por la buena disposición mostrada por el mismo ante su padre.
Al marchar las risas de padre e hijo fueron tremendas, el plan diseñado había salido a la perfección e incluso el gobernador quería premiarle por el comportamiento que había tenido. Los comerciantes le interrogaron sobre el mensaje que había entregado, pero no entrego ninguno ya que los cimarrones le obligaron a decirlo de memoria, como así hizo ante el gobernador.
Los cimarrones querían hacer la paz, los soldados nunca llegaron a vencerles y sufrían muchas bajas, por ello exigían que dejasen en libertad a los presos, que los palenques fuesen reconocidos y que el fuese reconocido como un rey africano, vestirse como los españoles y poder llevar espada. A cambió no secuestraría más gente ni admitiría más esclavos en los palenques, a la vez que todos cumplirían la ley. Los comerciantes que se indignaban por momentos acabaron convencidos por Martín de que sería un buen trato y contentos volvieron a la ciudad, mientras padre e hijo disfrutaban del éxito del plan diseñado y del mensaje que el mismo Martín había escrito.

EPILOGO.
Todo el plan surgió cuando le dio el vahído de cabeza a Esteban a la vuelta de casa de Melchor, ella se hizo el juramento de devolver las posesiones a su padre y la única manera de acabar con el de Osuna era interviniendo la justicia y que sus poderosos primos no pudieran salvarle.
Se aseguro de que nadie sabía el quehacer de los Curvo en sus negocios, y cuando su madre le obligo a hablar y le animo a seguir adelante se dio cuenta de la necesidad de elaborar un plan que acorralara a los adinerados sin que estos le pudiesen hacerles daño. Diseño el plan con la ayuda de su madre, y aunque cuando se lo comunico a su padre esté se negó y la tacho de loca, al intervenir su madre acepto el plan.
Martín escribió a Benkos explicándole que su padre iba a ir a su palenque, y que era bueno que fuesen en su búsqueda, que era lo que más le preocupaba, a la vez que le explicaba todo el plan y la necesidad de que algún esclavo declarase contra Melchor, y conociendo su voluntad de parlamentar encontró una justificación que obligara al gobernador a negociar con él e incluso le envió el pliego con las demandas y la oferta, aunque luego el rey las amplió.
Todos en Santa Marta conocían la situación y así se despidieron sabiendo que iban a tardar en volver. La misiva al rey fue lo primero que enviaron, los que debían de acompañar a Esteban debían de ser españoles, que sería a los que podría prestar atención el alcalde, que así lo hicieron y luego jugaron el papel establecido, se enfrentaron a Melchor y probablemente hubiesen evitado la paliza si Rodrigo no desenvaina la espada. Al día siguiente bajo al puerto para ser vista, necesitaba el escudo de la gente para enfrentarse a los Curvo y ser escuchado por el alcalde.
Una vez recibido tenía que ir contra Melchor, de tal manera que sus primos no se sintieran amenazados y lo dejaran a su suerte, y por eso entro en temas personales, contando con la declaración del esclavo. No se fiaba del de Osuna y de su posible venganza por lo que organizo los turnos de vigilancia. Escribió a su madre para contarle entre letras que todo iba según lo planeado. En las declaraciones paso miedo al ver que el esclavo que iba a declarar era el capataz que les freno en la entrada, pero luego fue feliz al ver al de Osuna con toda su mezquindad y codicia caer a sus pies, era el momento de escribir la carta que tenía en mente.
Mientras el pueblo festeja la victoria, el escribía a los Curvo, explicándoles todo el conocimiento que tenía sobre su primo, todos los contratos que había firmado, y como llego a la conclusión de que detrás estaban ellos, siendo conocedor de los buenos matrimonios realizados por sus hermanas con personas influyentes en Sevilla. Igualmente le comunico su conocimiento sobre la falsedad de linaje que estaban preparando para su hermano Diego. A cambio de su silencio les pedía que antes de la declaración de Rodrigo en el juicio, le enviasen un nuevo contrato en el que las posesiones de su padre volvían a él y dado que ellos los iban a dejar en paz, pedían para ellos el mismo trato y les dejasen hacer la misma vida que hasta ahora realizaban. Sino lo hacían sacarían a la luz todos los trapos sucios de toda la familia.
La carta fue entregada en personal por Juanillo a Arias Curvo con mucho trabajo y todo lo demás ya es conocido. La Navidad en Santa Marta fue tranquila y feliz, los ataques a los palenques cesaron y por Benkos supo que Melchor había sido enviado a España por sus primos, que desconocían todos los sórdidos negocios que tenía, quitándole todo menos la vida, a la vez que avisaban a su hermano de que se asegurase de que no volvería jamás.
Aún había más el rey Benkos a los pocos meses les volvió a pedir armas, desconfiaba de la paz del gobernador, y él solicito a su padre volver a la isla dónde la había encontrado, contándole la historia que había escuchado y lo que él había visto en la cueva. Su padre le dijo que ese sería su último viaje como maestre, y que deberían de ayudar al rey con las armas, de ahora en adelante él seria el maestre, aunque se enfado mucho cuando le contesto que no podía olvidar de que realmente ella era Catalina Solís y que nunca una mujer había gobernado una nao, su padre lo acepto y le dio nombres de mujeres que si las habían gobernado.
Zarparon a la semana siguiente y en tres más habían arribado a la isla, y acompañada de Jayuheibo dio con los cuatro falcones en el que todo su contenido eran piezas de oro de gran valor. Maestre o almiranta iba a ser muy rica el resto de sus días, ya que su padre se había encargado de dejar claro a la tripulación que todo lo que encontraran era solo de ella.
La felicidad era inmensa en la chacona y todos deseaban llegar a algún puerto para gastarse los doblones. En Margarita no se bajo por miedo a ser reconocida por su tío, pero una buena nueva aún le esperaba, su padre vino a darle la noticia ¡Domingo Rodríguez había muerto! ¡Era una viuda!. No solo había muerto su desgraciado marido, sino también el padre de él y su tío. Era heredera de todas sus propiedades, desde septiembre la latonería era suya.
Tenía ante sí una difícil situación, valoro pros y contras, y decidió usar su doble personalidad como le había aconsejado su padre cuando le reconoció. De vuelta a casa pasaron por Punta Araya sin ser consciente de que sería la última vez que verían a los holandeses, que poco después fueron atacados y expulsados de allí, y su cabecilla ejecutado. Este quiso denunciarles cuando supo que no le llevaban tabaco, aunque cedió cuando le dieron las joyas, llevaron las armas al rey, pero fue su hijo quién acudió a la cita, su padre estaba reunido con el gobernador en un lugar secreto, iba a ver paz, cedían a todo excepto a darle el tratamiento de rey, solo puede haber uno y aquellas tierras ya tenían al de España.
El 18 de julio de 1605 Beiohó entro libremente en Cartagena de Indias para firmar el acuerdo de paz, que entre otras cosas legalizaba los palenques, otorgaba libertad a los esclavos huidos y le permitía vestir a él como noble español.
Tras reposo, cavilaciones y conversaciones con sus padres siguió con la decisión tomada en Margarita: sería Martín y sería Catalina, ambos dos. Reclamaría la propiedad de la latonería diciendo que había pasado muchos años en una isla desierta de la que fue rescatada por un mercader, se instalaría en la casa de su tío, y sería una joven viuda de veintitrés años. Cuando visitara Santa Marta o mareara con la Chacona sería Martín Nevares, un muchacho despierto cercano a los veinte.
Había suficientes motivos, el primero el deseo de su padre de conservar el noble linaje con sus queridas propiedades y amplía familia, la segunda su deseo se recuperarse a sí misma y sentirse mujer. Necesitaba la libertad de Martín y la esencia de Catalina.

PROTAGONISTAS.
 Catalina Solís o Martín Nevares. Protagonista principal y que relata en primera persona.
 Esteban Nevares. Padre adoptivo de Carolina y que le da el nombre.
 María Chacón. Mujer de Esteban Nevares.
 Rodrigo, marinero de Soria, fiel a la familia Nevares.
 Lucas Urbina, marinero de Murcia, maestro de Martín en los ratos libres.
 Guacoa, nativo, conductor de la nao.
 Mateo Quesada de Granada, Negro Tomé, Antón Mulato, Jayuheibo, Miguel (cocinero) y los grumetes Juanillo y Nicolasito resto de la tripulación de la Chacona.
 Melchor de Osuna. Comerciante de Cartagena que engaño a Esteban quedándose con todos sus bienes. Primo de los Curvos.
 Diego y Arias Curvo, mercaderes más potentes de Tierra Firme.
 Rey Benkos Biohó, esclavo africano, autollamado rey de los cimarrones, que se convirtió en buen amigo de la familia Nevares.
 Sando, hijo del rey Benkos y gran amigo de Martín.
 Moucheron. Jefe de los holandeses con los que intercambiaban tabaco por armas.
 Juan de Cuba y Cristóbal Aguilera, amigos de Esteban, mercader y tendero respectivamente de Cartagena de Indias.

CONTRAPORTADA.
Nada podía hacer sospechar a Carolina Solís cuando embarco en la flota española de Los Galeones con destino al Caribe, que al otro lado del océano encontraría un Nuevo Mundo plagado de peligros y desafíos. Tras escapar de un abordaje pirata y sobrevivir en una isla desierta durante dos años, emprenderá una nueva vida bajo el nombre de Martín Nevares. Así, junto con su padre adoptivo y los marineros de la Chacona, se convertirá en uno de los muchos contrabandistas que surcaban los mares a principios del siglo XVII.
En esta novela, Matilde Asensi recrea la atmósfera y la vida cotidiana de las pocas conocidas colonias españolas de las Indias a través de un personaje excepcional llamado Martín Ojo de Plata, que no es otro que la propia Carolina Solís.
“Tierra Firme” es la primera aventura de “La vida extraordinaria de Martín Ojo de Plata”.

DATOS DEL AUTOR.
Matilde Asensi nació en Alicante. En 1999 publicó su primera novela “El Salón de Ámbar”. Con su siguiente novela “Iacobus” (2000), se situó en los primeros puestos de las listas de libros más vendidos. “El último Catón” (2001) la conformó como la autora de su generación de mayor éxito de la crítica y público y con “El origen perdido” (2004) Matilde Asensi reinventó la novela de aventuras. En “Peregrinatio” (2005) recupera a los protagonistas de “Iacobus” para realizar un viaje por el Camino de Santiago. Su última novela es “Todo bajo el cielo” (2006) situada en la China del Gran Emperador. Sus obras han sido traducidas a más de diez idiomas. Ha sido finalista de los premios literarios Ciudad de San Sebastián (1995) y Gabriel Miró (1996) y ha obtenido el primer premio de cuentos en el XV Certamen Literario Juan Ortiz del Barco (1996) de Cádiz y el XVI Premio de Novela Corta Felipe Trigo (1997) de Badajoz.

"He dormido en cien islas en donde los libros erán árboles". Lawrence Ferlinghetti (1919) poeta estadounidense.





1 comentario:

  1. No tendras un resumen de Iacobus por casualidad? Te lo agradeceria mucho si me lo enviaras a mi correo...
    felipe_malva@hotmail.com
    Gracias de antemano, un saludo!

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