jueves, 23 de diciembre de 2010

Luna de Lobos. Julio Llamazares.

Luna de lobos. Julio Llamanzares. Editorial Seix Barral, S.A. 2007 Barcelona. 153 páginas.

Recién acabada la guerra civil, un pequeño grupo de combatientes republicanos huye de las fuerzas nacionales y de la Guardia Civil y se refugian en las cumbres heladas de las montañas.
Se dedican primero a la resistencia armada y luego al bandolerismo. Los años van pasando, pero el miedo, el instinto de supervivencia de quien se sientes siempre acosado, la soledad impuesta injustamente, la incontrolada violencia que nace a flor de piel permanecen. Solo queda la esperanza de que un golpe del destino les permita cruzar la frontera, acceder a una libertad que les arranque de su interior esta fría nieve que les recuerda día tras día que han perdido su lugar en el mundo.


PRIMERA PARTE. 1937.
Capítulo I.
Los huidos cruzan el puerto de Amarza, pasan la noche en un chozo de pastores de la majada del puerto, dónde dan muerte a un perro que tiene la pata rota y bajan a comer (cosa que no hacían en cinco días) y a dormir en un caserío cercano, pero ante las quejas de la mujer de la casa solo comen.

Capítulo II.
Caminan durante dos largas noches hasta divisar su pueblo, La LLávana, que ven desde los altos. Con los prismáticos Ramiro divisa a Juana, la hermana de Ángel, que lleva las vacas a uno de sus prados, y él a pesar del riesgo que trae decide bajar a verla, a dónde le da el recado de que en la noche bajarán, él para ver a su padre y Ramiro a ver a su madre, para lo que la tiene que avisar.
En el lugar de encuentro, el pajar de su casa, esta solo su hermana, a su padre lo han llevado los guardias al cuartel, y a la madre de su compañero no la pudo avisar por que por el día los guardias estuvieron todo el día por el pueblo registrando todo. También les dice que han matado a uno de sus conocidos, Benito el del carrero. Ángel decide esperar a que devuelvan a su padre, y Ramiro se va con sus dos compañeros que vigilaban fuera a la collada.
A las dos de la mañana suena la puerta de la casa y él una hora después se dirige hacía ella, dónde Bruna su fiel perra lo reconoce y no ladra. Dentro de la casa habla con su padre, que le da un fajo de billetes –los ahorros de su vida- y le manda marchar y guardarse en una mina abandonada en el monte Yormas que conocen los dos. Su hermana o él les subieran comida cada tres o cuatro días. Los guardias vigilan todos los caminos, saben que los huidos a Asturias están volviendo y ya han cogido a varios de sus compañeros. De ninguna manera se debían de entregar, ya que los fusilarían.

Capítulo III.
Se esconden y duermen en la mina, dónde Ángel tiene miedo de quedarse ciego, tranquilizándole Ramiro que trabajo durante doce años en una hasta que estalló la guerra. Ramiro y Gildo bajan a Candamo –el pueblo de este- a por comida y pilas.
Se dirigen a la majada que ahí detrás de la Peña Barga, por la que paso en su huída Gildo después de haber sido el único superviviente de los ocho que formaban la cuadrilla, en la batalla que mantuvieron durante los nueve primeros días de la guerra. Allí duermen en una cabaña con su pastor, al que cogen quesos, pieles y una oveja de su propiedad, al irse Ángel le da el dinero que le había dado su padre.
De nuevo vuelven a la mina, dónde dan muerte a la oveja, pero al salir al barranco a por agua y tirar despojos Juan ve que hay alguien fuera. Ven que es un chaval que se dirige hacía la mina, Ángel sale a su encuentro, es de Vegavieja y esta buscando una cabra preñada que se ha perdido. Al ver el caldero con las vísceras de la oveja, sale corriendo gritando que él la había robado y matado. Tenían que huir, el sitio ya no era seguro.
Se dirigen a una cueva en lo alto del monte Illarga, desde con la ayuda de los prismáticos controlan toda la zona. Como predijo Ramiro, los guardias llegados de Tejada toman la mina, y se introducen en ella llevando a dos prisioneros delante que les sirvan de escudo, al no encontrarlos se marchan pero antes fusilan a los prisioneros.

Capítulo IV.
Han habilitado la cueva desde que ven su pueblo y el cuartel de Cereceda, que ahora esta irreconocible y segura, pero solo es apta la supervivencia de alimañas. Uno de los días Ramiro ve que han llegado dos camiones al cuartel, y ante el riesgo de que vengan en su búsqueda salen de entre la niebla, pero era una falsa alarma.
Juan decide bajar al pueblo a por comida, era el único que no había bajado y no acepta la compañía de su hermano. Ramiro se preocupa a medianoche al no haber vuelto su hermano, pero al día siguiente la tranquilidad del cuartel le anima. Bajan a la noche al pueblo, al molino dónde Tomás su dueño oye la radio, se sorprende de que estén en el monte, y ante la petición de Ramiro va a ver a la madre de este, pero Juan no ha ido ni esta noche ni la anterior, a no ser que le haya mentido. Desolados inician la vuelta a la cueva acompañados por las primeras nieves.
A la salida del pueblo, a campo abierto, cuatro guardias les esperan y comienzan a dispararles, ellos igualmente disparan y Ramiro les lanza dos granadas a la vez que huyen monte arriba, en la huida a Ángel le dan en una rodilla, pero los guardias ya no se atreven a seguirlos. Sus compañeros lo suben por la nieve hasta su refugio, en el que Ramiro esperaba encontrar a Juan, pero este no esta.


SEGUNDA PARTE. 1939.
Capitulo V.
Los soldados asaltan cubiertos con pasamontañas el coche de línea que une León y Ferreras en el alto del puerto, es día de mercado y va lleno, y les sacan el dinero a los viajeros, excepto a aquellos que por su aspecto están como ellos o a las mujeres con hijos, después los mandan continuar camino.
En casa de Ángel el mandil de cuadros, aunque seco, sigue colgado en el cerezo del huerto, es la señal de que los guardias vigilan la casa. Este pasa dos días en casa de María, su novia del pueblo, una mujer condenada para siempre a esperar a una sombra, a un fantasma. Cuando la señal desaparece acude en la noche a la casa de su padre, allí se encuentra a su hermana Juana herida en la cama, había sido vilmente golpeada por los guardias en la cuadra; él quiere que algún vecino baje a avisar al medico a Cereceda, pero su padre le dirá que como en otras ocasiones no subirá.
Deciden ir al pueblo de la Llera, pero en lugar de cruzar el río, lo hacen subiendo por Peña Negra, tienen que rodear más, pero es más seguro y les sobra el tiempo. En este pueblo era dónde ejercía de maestro Ángel cuando estalló la guerra y nunca más volvió a ella.
Allí van a visitar a uno de sus vecinos del bando enemigo, Guillermo, que encabezo su búsqueda durante los primeros días y ahora palidece al verlo al creer que va a matarlo, simplemente va para que baje a Cereceda a decírselo al sargento, quiere que este sepa de lo que pueden ser capaces si siguen haciendo daño a su familia.

Capítulo VI.
Gildo pesca truchas en el arroyo de las Loberas junto a Ángel, mientras Ramiro bajo a escuchar la radio a casa de Julio, el caminero de Ancebos. Las noticias no son buenas las fronteras están cerradas y los caminos vigilados, no queda otro remedio que esperar. Por desgracia no es ninguna novedad.
Se encaminan a las majadas de verano de sus pueblos, el puerto de la Láncara, allí se encuentra el pastor que todos los veranos trae a sus ovejas merinas en el tren a pastar allí, en el camino saludan a leñadores del aserradero de Valselada. El pastor los recibe con cariño, aunque dudaba de que aún estuviesen vivos, reponen fuerzas, duermen y se van con una oveja, antes Ramiro y Gildo aprovechan como todos los años para afeitarse con las tijeras de esquilar las ovejas.
De allí se dirigen a Pontedo a ejecutar el golpe previsto, el asalto a la tienda del Zurdo. Ramiro se queda en el monte con la oveja y los otros bajan a ejecutarlo. Allí se encuentran con lo previsto, están echando la partida el dueño la tienda, Emilio el guarda del río, Falvia el herrero y Pedro el Secretario del Ayuntamiento. Este borracho como de costumbre les hace frente y ante la amenaza de sacar su pistola, Ángel le mata. En la huída Gildo se lamenta, pero Ramiro defiende a su compañero y que ahora, como antes, no hay marcha atrás.

Capítulo VII.
Acuden a la estación de Candamo dónde el jefe del apeadero había avisado a Lina, la mujer de Gildo, que quería verlos. Solo les unía la amistad de este con el padre de Gildo y por tanto desconfiaban. Les proponía coger en quince días un tren de mercancías que saldría vacío hacia Bilbao, y de allí les pasarían en barca a Francia.
También les enseño unos pesquines que debía de colocar a la vista de la gente en la estación con la descripción de cada uno de ellos, y la recompensa de 50.000 pesetas por cada una de las cabezas. Eso era lo que quería aquél hombre, 150.000 pesetas a repartir entre las tres personas que los llevarían al exilio.
Estando en la estación, los guardias fueron allí, pero al verlo todo cerrado y oscuro pensaron que estaba cerrado. Los soldados comprendieron que podían confiar en el ferroviario.
Gildo tiene que ver una vez más de lejos su casa, sin poder abrazar a su mujer e hijo. Hablan sobre la propuesta, y a pesar de que Gildo quiere esperar nuevos tiempos, deciden por unanimidad intentarlo. Para conseguir el dinero Ramiro tiene un plan.

Capítulo VIII.
Vigilan la casa de don José, el dueño de la mina de Ferreras, y a la llegada de este, entran para secuestrarle. Lo hacen delante de sus dos hijas y de Elena, su mujer, a la que le indican que tiene hasta el sábado para conseguir 200.000 pesetas y llevarlas en el coche junto a su chofer en dirección a Tejeda.
En los días de margen Ángel habla con el prisionero, y por los contenidos de las conversaciones, este le reconoce como el maestro. Ángel también baja a la carretera que une Ferreras con Quintana, de dónde es Santiago, un antiguo compañero de Ramiro y uno de sus más fieles enlaces, la situación es tranquila y no hay nada extraño ni en la mina ni en el cuartel.
A pesar de la tardanza del coche están tranquilos al confiar plenamente el secuestrado en su mujer. Gildo detendría el coche, Ángel le cubriría desde la casilla abandonada de camineros y Ramiro estará con don José. Al detener el coche, en lugar de venir la mujer, el que hace de ella deszafrado es el capitán de los guardias de Ferreras, que dispara sobre Gildo causándole la muerte. Ángel dispara sin sentido y acaba con todos los que venían en el mismo, mientras que Ramiro al ver lo sucedido dispara sobre el asuntado secuestrado.
TERCERA PARTE. 1943.
Capítulo IX.
Acuden a casa de la madre de Ramiro, que estaba muy preocupada ya que hacía un mes que nos los veía, les tiene preparadas las nuevas botas encargadas al zapatero. Después esperan a que Don Manuel, el cura, a la puerta de su casa y encañonándole le piden que explique todo lo que sabe y el motivo porqué no ayudo a Juan cuando herido acudió a su casa para pedirle protección y este le entrego a los guardias.
El cura los conduce hasta los últimos prados del pueblo, dónde comienza la campa la Remolina, que ellos tantas veces han pisado, allí esta enterrado Juan y su hermano obliga al sacerdote a que le rece una oración arrodillado, para después dejarlo marchar.
Al amanecer del día siguiente 20-30 guardias suben al monte, los escuchan, pero no les da tiempo huir. Cobijados en la cueva, con el acceso cerrado, esperan que fatigados estos se vayan a mediodía.

Capítulo X.
Se dirigen hacía el puerto de Amarza, siguiendo las indicaciones de Marcial el molinero de Vegavieja que les servía de enlace. Allí esperan la llegada de un hombre con un carro, que al principio no hace amago de conocerlos, se quiere asegurar son muchos los guardias y mercenarios que se disfrazan como ellos para dar con enlaces, pero tras la contraseña “el francés quiere vernos” les conduce hasta su caserío en terrero asturiano, en dónde vive con su mujer mucho más joven que él. Este se mantiene firme a sus ideales políticos ha pesar de haber estado dos años en la cárcel.
Permanecen escondidos en la cuadra, y en la cena el hombre les explica que apenas quedan guerrilleros en la zona, pero que el francés que en su momento perteneció a la cuadrilla de el Cariñoso, ha vuelto de Francia con consignas y armas para los que aún luchan. Ramiro deja claro que a él lo único que le interesa son las armas y que no quiere saber nada de consignas políticas.
Al anochecer el hombre sale con su caballo, y Ramiro se va a vigilar al cobertizo, mientras que la mujer se queda en la cocina batiendo leche con Ángel, al que después de un rato conduce hasta su habitación para hacer el amor con él.
De regreso a la cocina escuchan el trotar del caballo y Ramiro entra alterado, este viene solo, deben cobijarse y huir, los civiles están rodeando la casa. En la cuadra intentan coger al caballo, pero se vuelve a escarpar y Ramiro decide hacer una estampida con las seis vascas del matrimonio. Cada uno sale por su lado, Ángel herido por el caballo corre sin dirección consiguiendo alcanzar el hayedo, dónde permanece quieto largas horas, hasta que ve marcharse a los guardias con la mujer y las tres vacas supervivientes atadas y con dos cuerpos de hombres muertos encima del caballo.
Se dirige de vuelta a su territorio, haciendo el sonido del búho por los hayedos, hasta que cerca de la majada del puerto de Amarza su compañero sale a su encuentro.

Capítulo XI.
Llega el otoño y se preparan haciendo acopio de leña y provisiones en la cueva. Preparan cepos y trampas con el material dado por Matalobos, el viejo alimañero de Tejada. Se pasan el tiempo hablando y cuando empiezan a aparecer los lobos por Ramiro le cuenta la historia de cómo cazan los lobos en el cercano Valdeón, participa todo el pueblo, los conducen a un agujero y acaban con ellos a golpes. El invierno se presenta duro, comienzan a caer las primeras piezas en las trampas.

Capítulo XII.
Un día Ramiro tiene muy mal aspecto, tiene mucho frío y fiebre, no mejora y este le acaba enseñando un tajo que tiene en la planta del pie que se había echo con un bote en el piornal un día que salió descalzo de la cueva.
Lo baja a los invernales del Tajo, dónde esta Tina, una mujer que acogió en su casa y en su cama al herido en muchas ocasiones. Allí se queda con ella, mientras él baja a buscar al médico don Félix al pueblo.
En el camino se tuvo que esconder de la pareja de la guardia civil, de la que estuvo prácticamente pegada a ellos. En la casa del médico este le dice que no les puede ayudar, que ya no es médico, Ángel no puede hacer nada y más después de que lo metieran en la cárcel un año por haberle quitado a él la bala de la rodilla el día que bajaron a buscar a Juan. Al marcharse el médico va detrás de él, y le da un bote con alcohol, se lo debe de echar en la herida después de abrirla con un cuchillo, sino mejora se la tienen que amputar y debería entregarse.
Antes de llegar a los invernales escucha disparos, horrorizado ve como estos están ardiendo, y después escucha dos disparos secos en el interior del chozo de Tina antes de que el techo se desplome.

CUARTA PARTE. 1946.
Capítulo XIII.
Ángel valora su situación como una alimaña, de la que esta las yeguas y vacas que pastan en las praderas de Fuente Amarga huyen de él. De estas últimas se ha alimentado con su leche. Lleva 9 años huido, en los que en ningún momento del día ni de la noche han dejado de buscarlo y perseguirlo.

Capítulo XIV.
Cansado de todo bajo a la fiesta de la Llera en el que estuvo como uno más, él reconoció muchos rostros de vecinos y alumnos, pero nadie a él, excepto Martina, la joven a la que no ve desde el inicio de la guerra, y con la que bailaba hace ya 10 años en esa misma fecha y le hablaba de amor e hijos. Ella, le clava sus ojos, pero no dice nada y sigue bailando con su marido.
Le han ocultado la verdad de la gravedad de su padre, hasta que ya cuando se temía lo peor su hermana colgó el pañuelo amarillo como señal y su cuñado Pedro, subió hasta la collada para explicarle la situación. Paso el día sin ninguna señal ni movimientos en torno a la casa, y a la noche desesperado bajo al pueblo. Como esperaba los guardias (tres) lo estaban esperando en la parte trasera de la casa; pero él no se había arriesgado para no ver a su padre, por lo que como un vecino más entro por la puerta delantera de la casa. Su padre ya agonizaba y no lo reconoció, su hermana presa del pánico le girito que se fuera.
Los ladridos de los perros y las campanas de la iglesia entraron hasta la cueva y desde su refugio vio salir a su padre por última vez de la casa. A la noche bajo al cementerio para despedirse de él, allí descansaba cercano a su madre, a su fiel María y Ramiro, aunque este en el lado de los proscritos.

Capítulo XV.
Acude a casa de Gildo, dónde pasa la noche y Lina le deja ropa de aquél. Le comenta que la gente dice que lo que mejor podía hacer era beberse una botella de coñac y pegarse un tiro; él orgulloso le contesta que no es un perro y que lo diga a todos. Viendo a la mujer aún bella con 40 años se duerme con la sensación de traicionar la memoria de su amigo.
Al subir a la cueva, entre la niebla a la altura del Respino cerca de Fuente Amarga, le invade un olor a quemado que lo inmoviliza pero que no es capaz de conocer el origen. Sigue su camino hasta que desde la collada ve que el humo sale a bocanadas por la abertura oculta de la cueva; también ve todas las medidas protectoras de acceso violadas. Demasiado tarde, lo están esperado y comienzan a tirotearlo, desesperado se tira monte abajo sin valorar las consecuencias hasta acabar a la vera del río inmovilizado, había conseguido burlar a sus buscadores pero no podía mover de allí hasta el anochecer.
Durante dos días con sus noches que duro la tormenta huyo por ente la nieve sin comer, ni dormir, sin sitio donde esconderse ni dónde ir. Al amanecer del tercer día que creía el último de su vida, con las ropas tiesas emprendió el camino hasta llegar a un chozo sin techumbre que reconoció de los pastores de la Láncara, sus huellas eran claras pero poco le importaba ya.
Tras nueve días enterrado en la nieve con la soledad, el frío y el hambre entra descalzo por las calles de su pueblo, para acceder a la cuadra de su casa, valorando la oscuridad caliente de la misma.

Capítulo XVI.
Lleva un mes encerrado como un topo en la fosa subterránea que él y su cuñado Pedro cavaron en la corte de las cabras; de ella solo sale de noche cuando su hermana le lleva la comida previa contraseña en el tablero, y dónde consigue desentumecer su cuerpo ante la mirada desconfiada de las cabras. Al amanecer volverá a esconderse, su familia a por las cabras y a extender el estiércol encima del tablero.
Uno de los días escucha un portazo terrible, las pisadas de los guardias encima del tablero, los golpes a las cabras y las amenazas a su hermana y cuñado le hacen pensar en lo peor, pero una vez más y ya son muchas todos los registros de la casa, pajar, cuadras, corte palmo a palmo no les han dado resultado.
Al poco rato su hermana le pica con las huellas de la paliza recibida, a su marido se lo habían llevado y una mirada extraña le delato que algo fuerte esta sucediendo. Su hermana le dice que se tiene que ir de allí, de nada le sirve el preguntarle a dónde, ella derrumbada por las rabia y las lágrimas huye de allí. A Pedro se lo hubieran llevado al monte de Candamo dónde simularon fusilarle, pero él lo aguantó todo sin decir nada.
Tenía claro que debía de irse, su hermana tenía razón, el problema era que no sabía a dónde; eran muchos los años sufriendo para este hombre desahuciado agarrado con desesperación a la vida, y que en su desesperación arrastraba a todos los suyos. Allí no había ni esperanza ni perdón para él.
Finalmente se decide a irse, camina durante cuatro horas en la noche hasta llegar al apeadero de Ferreras, dónde coge el tren, el resto de pasajeros lo miran pero siguen a sus cosas. Repasa sus cosas, la ropa vieja que había sido de su padre, el dinero cosido al abrigo, la pistola, la documentación falsa, la maleta, el viejo plano escondido en las botas que espera le permita cruzar la frontera.
El tren se pone en marcha, por el cristal empañado y helado ve alejarse para siempre las montañas de Illarga dónde se quedan para siempre nueve años de su vida y el recuerdo imborrable de sus compañeros muertos.

LUGARES QUE CITAN.
 Puerto de Amarza.
 Crestas de la Morana.
 La Llávana. El pueblo de Ramiro, Juan, Ángel y Lina la mujer de Gildo.
 Candamo. Pueblo de Gildo.
 Peña Barga. Sitio por dónde se escapo Gildo después de la muerte de sus siete compañeros en los primeros días de la guerra.
 La Llera. Pueblo dónde ejerció de maestro Ángel.
 Cereceda. Pueblo cabecera de La Llavaza, Candamo y la Llera. Allí está el cuartel de la Guardia Civil y el médico.
 Puerto de Láncara. Majadas de la Llavaza y Candamo. Allí pasa los veranos el pastor trashumante.
 Arroyo de las Loberas, dónde Gildo pesca las truchas.
 Pontedo. Dónde esta la Cantina del Zurdo, en el que Ángel mata al secretario del Ayuntamiento, Pedro Ituero.
 Ferreras. Pueblo dónde don José tiene la mina.
 Fuente Amarga, las praderas debajo de la cueva.

PROTAGONISTAS.
 Juana. Hermana de Ángel.
 Pedro. Casado con Juana y fiel a los huidos.
 Lina, la mujer de Gildo.
 Bruna, la fiel perra de Ángel, matada por los guardias.
 Benito, el carrero, compañero matado a los pocos días de la vuelta de los soldados a su pueblo.
 Tomás el molinero de La Llávana, al que mandan a la casa de Juan, para saber algo de él.
 María. La novia del pueblo de Ángel.
 Guillermo, vecino de la Llera, que persiguió a Ángel los primeros días de la guerra, y al que visito cuando golpearon a su hermana para dejar muestras de lo que podía hacer.
 Pedro Ituero Ituero, Secretario del Ayuntamiento de Pontedo, matado por Ángel en la tienda del Zurdo.
 Don José, dueño de la mina de Ferreras.
 Elena, la mujer de Don José, que denuncio el secuestro de este.
 Santiago. Antiguo compañero de Ramiro y uno de sus más fieles enlaces.
 Don Manuel, el cura de la Llávana.
 Tina, la mujer de los invernales del Tejo que se suicida con Ramiro.
 Don Félix el médico de La Llavaza.
 Martina. La novia que tuvo antes de la guerra en la Llera.

CONTRAPORTADA.
Recién acabada la guerra civil, un pequeño grupo de combatientes republicanos huye de las fuerzas nacionales y de la Guardia Civil y se refugian en las cumbres heladas de las montañas.
Se dedican primero a la resistencia armada y luego al bandolerismo. Los años van pasando, pero el miedo, el instinto de supervivencia de quien se sientes siempre acosado, la soledad impuesta injustamente, la incontrolada violencia que nace a flor de piel permanecen. Solo queda la esperanza de que un golpe del destino les permita cruzar la frontera, acceder a una libertad que les arranque de su interior esta fría nieve que les recuerda día tras día que han perdido su lugar en el mundo.

EL AUTOR.
Julio Llamazares nació en el desaparecido pueblo de Vegamián (León) en 1955. Licenciado en Derecho, abandonó muy pronto el ejercicio de la abogacía para dedicarse al periodismo escrito, radiofónico y televisivo en Madrid, ciudad dónde reside. Ha publicado dos libros de poemas, La lentitud de los bueyes (1979) y Memoria de la nieve (19829, que obtuvo el Premio Jorge Guillén y un insólito ensayo narrativo: El entierro de Genarín (1981). Ha reunidos sus principales artículos en el volumen En Babia (Seix Barral 1991). Es autor de la novela Luna de lobos (Seix Barral 1985) La lluvia amarilla (Seix Barral 1988) y Escenas de cine mudo (Seix Barral 1993) que le han situado entre las figuras más destacadas de la narrativa española actual.



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"Quita a un hombre corriente las ilusiones de su vida y le quitarás también la felicidad". Henrik Ibsen (1828-1906) dramaturgo noruego.

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