martes, 22 de noviembre de 2011

Sociedad micológica La Corra de Oviedo. 40º Aniversario.

El restaurante La Ronda, rindió con su “Fiesta gastronómica de las setas de temporada” un homenaje a la Sociedad Micológica La Corra de Oviedo, en su 40º aniversario.

Y que mejor manera de hacerlo que nombrando pregonero de la misma a Armando Álvarez Palacio, Presidente vitalicio de dicha Sociedad, y que fue su primer Presidente, cargo que ejerció durante 23 años.
Cerca de dos centenares de personas nos dimos cita en la fiesta, el 10 de noviembre de 2011, el pregonero y la Corra se lo merecían. Miembros de diferentes colectivos relacionados con Armando, no quisimos perder la oportunidad de arroparlo, como bien se merece. Disfrutamos de un pregón ameno, cargado de anécdotas y con cierta dosis de nostalgia, y degustamos un estupendo menú diseñado entre el amigo Gustavo González-Izquierdo y el pregonero.



Con Jorge Martínez y un servidor. Armando es nuestro maestro micológico.



Gustavo, que gestiona junto a su hermano, desde enero del 2009 el Hotel La Cabaña, sito en Viella (Siero), ha puesto en marcha desde su inicio “Fiestas gastronómicas” con una peridíocidad mensual con un gran éxito. En cada una de ellas un pregonero, de reconocido prestigio profesional, exalta los productos a degustar. En esta ocasión las setas y Armando fueron los elegidos.
El menú, no pudo ser más afortunado, estuvo compuesto por una crema de boletus edulis; ensalada templada de cantarelus cibarius, gulas y langostinos; guiso de chamón de ternera asturiana con lepista nuda; y frixuelos rellenos de craterellus tubeaformis confitadas. Estupendo menú para una buena conmemoración. En un salón anexo, se montó una mesa exposición, con diferentes tipos de hongos, libros, fotos y diversos recuerdos micológicos que Armando guarda en su casa.



Leyendo el pregón, con Gustavo cubriéndoles la espalda.



Hablar de la Sociedad Micológica La Corra, es hablar de la primera sociedad de este tipo creada en el Principado de Asturias, y una de las primeras de España. Fue la pionera, y referente de la micología asturiana hasta el año 2004 que cerró su sede, y dejo de tener actividad continuada.
A uno aficionado a la micología, gracias a la influencia de dos Armandos, curiosamente familia lejana entre ellos y con raíces en San Esteban de las Cruces, Armando Álvarez Palacio y Armando Alonso de la Fuente, (más conocido por Tino) y aunque apenas tuve contacto con La Corra, si me marcó y la considere siempre todo un referente. Por ello, voy a permitirme rendirle un pequeño homenaje, contando parte de su historia para general conocimiento. Gracias, al testimonio de “mi maestro” Armando, a lo que escuche de sus andanzas, tanto a él como a José Doncel, José Ocaña y Antonio Blanco, y complementado por lo publicado en la página:  http://personal.telefonica.terra.es/web/quad/LaCorra/socios.htm ello es posible.




Tino en una foto reciente.



Corría el mes de enero de 1971, cuando ocho inquietos amigos, firmaron el acta fundacional de la Asociación. Antonio Blanco González, Álvaro Entrialgo, Armando Álvarez Palacio, Bernardino Castaño, José Doncel Corte, Leandro Acevedo, Luis Álvarez Crespo y Manuel Pita Argüelles, fueron los pioneros de la micología asturiana.




Armando, Pepe Doncel y Leandro Acevedo en una de sus primeras salidas. (1)



Sin embargo lo que ellos consideraban que era una actividad normal, no lo era para las autoridades de aquellos tiempos, y tardaron casi dos años –septiembre de 1972- en obtener el reconocimiento del Gobierno Civil como Sociedad. Lo consiguieron después de múltiples gestiones, de soportar en el local dónde se reunían unas cuantas inspecciones por parte de la policía y de echar rienda suelta a la imaginación, copiando los estatutos del Real Oviedo Club de Fútbol para alcanzar definitivamente su objetivo.
El origen de la creación de la misma fue fruto de la casualidad. Una de las tardes en que el grupo de amigos se reunía, en una oficina propiedad de Leandro Acevedo, para jugar al ajedrez, alguien trajo unas setas y como nadie tenía ni idea de que era aquello, decidieron formar una Sociedad micológica. La oficina se encontraba en la calle Palacio Valdés, número 4.
La primera sede la tuvieron en la calle Covadonga, en un piso en el edificio dónde en la actualidad está el restaurante La Goleta. Su segunda sede y definitiva, pegada al local de dónde surgió la Sociedad, en Palacio Valdés, nº 4, 1º C, lo fue hasta el año 2004, en el que la Sociedad dejo de tener actividad. Su local fue cogido por la Cofradía de Amigos de los Quesos del Principado de Asturias, siendo la sede actual de esta, a propuesta de Armando Álvarez y de José Ocaña, miembros de ambos colectivos.




Miembros de La Corra, en el mítico Kopa Club, que estaba debajo de la sede, en 1972. (1)




Ese desconocimiento profundo que ellos tenían, lo había en el resto del Principado, dónde nunca hubo cultura ni tradición micológica, como la había en el País Vasco y Cataluña. Apenas había libros editados en castellano, lo que hacía complicado conocer las diferentes especies, que iban encontrando en sus salidas por los alrededores de Oviedo. Colloto, el picu Sierra en Granda (dónde hoy se ubica la Central Lechera Asturiana), el Escamplero o la Venta del Jamón, eran algunas de las muchas zonas que frecuentaban.
Ello unido a que Levi, un hermano de Bernardino que había vivido en Francia, les soltaba nombres latinajos y algunas que otras mentirijillas sobre lo que iban encontrando, fueron acicates para que la Sociedad continuara su marcha, que la biblioteca (imprescindible por otro lado) fuese creciendo y que los contactos con otras Sociedades nacionales se prodigasen con habitualidad.
A los fundadores se fueron sumando otros aficionados, hasta alcanzar el número de 20 socios, máximo que permitían. Las bajas que se producían, se compensaban con altas, y la Sociedad se asentó como una referencia no solo regional, sino también nacional.
La falta de tradición, aunque Armando recuerda que en Colloto, un paisano muy popular apodado Ximielga, tenía sus conocimientos sobre los hongos, trajo consigo que no existieran nombres vernáculos o populares para denominar las múltiples especies que se dan a lo largo y ancho de nuestro querido Principado, lo que motivo que estos pioneros no tuvieran más remedio que nombrarlas con su nombre y apellido científico (género y especie).
Este perfeccionismo llamó la atención a otros colegas micólogos, como al catalán Ramón Menal, que se sorprendió de que los novatos asturianos conociesen los hongos por su nombre científico. A los pobres no les quedaba otro remedio si las querían clasificar.
Sobre clasificaciones también hay sus anécdotas, Armando recuerda que la popular pardina fue bautizada por ellos. Eso ocurrió la primera vez que la recolectaron, creyeron que era la pardilla de los vascos (Clitpcybe nebulares), cuando en realidad era la “Lepista luscina”, pero lo de pardina, quedó para la posteridad.
La Corra, también tuvo su atipicidad, ya que no era normal que una Sociedad tuviera al mismo tiempo un club gastronómico. Raro era el día que una buena parte de los socios no se juntarán en el local, y diesen cuenta de las preparaciones realizadas, bien por alguno de sus miembros o por algún profesional invitado para la ocasión. Ello motivaba que muchos de los socios lo fueran por esta otra actividad, y no por compartir la afición a la micología, pero estos eran los menos.
En la Corra cocinaban muchos, pero por lo que a mi me ha llegado, uno de los que se llevaban la palma era Lito, era por así decirlo el cocinero oficial. Manuel Álvarez Palacio, es el hermano mayor y único de Armando. Lito es para él algo más que un hermano, fue su socio profesionalmente, compañero de aficiones y andanzas, y con el que comparte todo en esta vida. Hoy, por desgracia, Lito no disfruta de una buena salud. Vaya para él, mi cariñoso saludo.




Lito en una foto de los años 80. (1)




Los conocimientos de los miembros se fueron ampliando, la entrada de Juan Ocaña Sánchez, nombrado Director Científico de la Sociedad fue importante, al igual que lo fue el trabajo de campo realizado en sus salidas y las posibilidades que les brindaban los ciudadanos que acudían a su local para que les dictaminarán si la especie era comestible o no. Aunque las puertas siempre estaban abiertas a todos, los lunes era el día de consulta oficial, y aún recuerdan las colas que en ocasiones se producían en las escaleras, esperando el turno para recibir el veredicto. De estas consultas, ahí muchas anécdotas que contar.
Pero sin duda, una buena ampliación de sus conocimientos sobre el mundo de los hongos, vino dado por su contacto y vinculación con Sociedades nacionales e internacionales. En el País Vasco, tenían muy buenas relaciones con la Peña Santa Cruz de Galdácano, que llegaron a hacer socios de honor a Armando y a Juan Ocaña, también con Aranzadi de San Sebastián y con la Sociedad micológica de Tolosa. La Sociedad catalana de micología (una de las pioneras de España) y la Sociedad micológica castellana, con sede en el Jardín Botánico de Madrid, eran otras dos con las que mantenían fluidas relaciones. A Francia acudieron en un par de ocasiones, pudiendo comprobar lo que significa la micología en el país vecino.




Visita de la Sociedad La Soberne a la Corra. (1)




Todos estos contactos, dieron lugar a que por su sede desfilaran los mejores micólogos de España y dieran conferencias abiertas a todo el público. El mencionado Ramón Menal, que recaló en Oviedo, después de ganar en televisión el premio “Un millón para el mejor” con preguntas de temas micológicos, cuyos nombres raros captaban la atención de los telespectadores. El gran científico Álvaro Zugaza, director de la empresa Antibióticos de León, el catalán Mena Calvet, los socios de honor de La Corra, el gastrónomo vasco José María Busca Isusi y lotina Benguria, o el francés Marchand, autor de la colección de libros micológicos Marchand, que son considerados casi la Biblia para los aficionados a la micología, fueron algunos de ellos.
La Corra gozaba de una gran salud, y su preocupación por trasmitir a la sociedad el interés por el mundo de los hongos, les llevo a organizar jornadas micológicas en la capital asturiana. Dos fueron las celebradas, la primera de ellas en la calle Pelayo, en 1972, y la segunda, bastante posterior, en la plaza de la Catedral. Aunque en esta ocasión a la exposición de hongos, se sumo la degustación de pinchos elaborados con diferentes especies.
En esta última, el protagonismo fue para José Antonio Muñoz, cocinero y presidente de la Sociedad micológica de Baracaldo, y autor de varios libros sobre la gastronomía de las setas. Esta no fue la primera presencia, ni la última, de José Antonio en Oviedo, ya que anteriormente había estado realizando unas jornadas sobre los hongos, en Casa Fermín, dónde su propietario Juan Gil Lus, fue todo un pionero en la realización de jornadas monográficas gastronómicas en nuestra región. De dichas jornadas, surgió la amistad entre Armando y José Antonio, amistad que aún hoy día perdura.
De José Antonio tengo el libro: “Las setas, del bosque a la mesa” dedicado cariñosamente por él, en el día de mi cumpleaños de 1999, la misma dice: “A Javier del Valle con el aprecio más sincero. Paso corto y vista larga para llenar la cesta”. El libro, editado en 1993, tiene 247 recetas elaboradas con hongos. Una auténtica joya para los amantes de la gastronomía.








Las jornadas constituyeron un éxito total, todo un acontecimiento social que acaparó la atención a la sociedad carbayona. El número impresionante de asistentes a los actos y la divulgación que de ellos hicieron los medios de comunicación de la época (radio y prensa), constituyo todo un acicate, y sembró el interés por los hongos para muchos asturianos, que se acercaban a la micología por primera vez gracias a esos actos. Por suerte ahora son varias las exposiciones y jornadas que se organizan a lo largo y ancho de nuestro Principado, pero por aquellos años 70 aquello sonaba muy raro.
La Corra era ya todo un referente social y recibió múltiples reconocimientos. Sin duda, los más importantes han sido uno global y otro a título particular. Juan Sánchez-Ocaña, fue nombrado, el 7 de abril de 1988, miembro de la Orden Civil de Sanidad, en su categoría de encomienda, por su labor de divulgación y prevención de intoxicación por hongos. Y el 6 de diciembre de 1990, por Orden Ministerial, se concedió a la Sociedad Micológica La Corra, la placa al Mérito Agrario, Pesquero y Alimentario, en la categoría de bronce. Premios que sin duda reconocían la enorme divulgación realizada por una sociedad, que nació en una partida de ajedrez. Quién se lo iba a decir a aquellos pioneros.




Manuel, repartiendo las cenizas de su difunto padre. Este montaje, es un pequeño homenaje, que Armando le hizo a su gran amigo. (1)



Una de las últimas aportaciones a la sociedad asturiana, me atrevo a decir que la última, fue la publicación en 1997, del libro: “Las setas de Asturias” editado por la Caja de Ahorros de Asturias. Los textos fueron elaborados por Juan Sánchez-Ocaña Serrano, Manuel Sánchez-Ocaña Olay, Enrique Rubio Domínguez y Manuel Antonio Miranda Álvarez, todos ellos miembros de La Corra. Desgraciadamente Juan Sánchez-Ocaña falleció unos meses antes de publicarse el mismo.








Como Sociedad viva y democrática, fueron varios las juntas directivas que rigieron la misma. Armando fue presidente durante 23 años, y tras su cese fue nombrado Presidente Vitalicio. Antonio Blanco González, lo fue posteriormente, y el último presidente activo y a día de hoy es Manuel Sánchez-Ocaña, hijo del difunto Juan, que ejerció de Director Científico hasta su fallecimiento.
En la actualidad, muchos de los antiguos socios se siguen viendo con asiduidad, pero el único acto oficial como Sociedad, la realizan cada 28 de diciembre, día de los Santos Inocentes. Ese día comparten mesa y mantel para degustar un menú a base de hongos y revivir viejos tiempos.




Miembros de la Corra en una reunión de los Santos Inocentes. (1)




Por suerte el conocimiento del mundo micológico ha evolucionado mucho en estos cuarenta años, hasta me atrevo a decir que la micología esta de moda. En el Principado tenemos más de una decena de Sociedades, como la Naranco-Cibarius en Oviedo, la Asturiana en Gijón, la de Avilés, la Geotropa en La Felguera, la de Lena, la del Peu de Llobu en Piloña, la Pardina en Mieres, la Faya en Candás o la de Pañeda Nueva en Siero, por citar solo algunas. También hay múltiples exposiciones, jornadas divulgativas y jornadas gastronómicas. Una buena parte de este esplendor se debe a la labor desempeñada por La Corra en sus 40 años de vida. Sociedades como esta, nunca deberían de desaparecer.




Armando, José Ocaña, Jesús Alonso y Monchu Llana. Junto con José Sanchis y Pepe Doncel, fueron los 6 miembros actuales de La Corra, que acudieron a la comida.



No quiero acabar sin mostrar mi agradecimiento a los dos Armandos, por haber introducido en el maravilloso mundo micológico, lo poco que sé del mismo, se lo debo a ellos dos. Gracias por vuestra amistad y por compartir vuestros conocimientos.

(1) Fotos cedidas por Armando Álvarez.



Anónimo: “La micología es una ciencia que se estudia con la certeza de no llegar nunca a dominarla”.

2 comentarios:

  1. Lo de las setas sigue siendo mi asignatura pendiente. Me encantan, pero no las conozco, las que me salen en el prau, las enseño y siempre me dicen lo mismo: "comeles tranquilu que son champiñones" y al año siguiente igual, me dan miedo y por eso solo como las que compro. Un gran ejemplo el de estos "atrevidos" que consiguieron conocer a base de esfuerzo. El artículo, genial, como siempre.
    Un abrazo
    Toño

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  2. ¡Qué ilusión me hace leer este artículo sobre la Corra! Yo fui de los que esperaba en las escaleras con la cesta de setes, todas mezcladas. Muchas veces me decían que no valían, y ahora veo que había comidas un día sí y otro también. No se que pensar ahora. De todos modos, si valían era una pequeña maquila encubierta es lo de menos. Esta sociedad si se merece una calle en Oviedo.
    Juan del Campo.

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