lunes, 7 de noviembre de 2011

Reunión ordinaria 08-2011 Grupo de Catas Las Alondras. Organizador Iñaqui.

La visita a casa de Iñaqui es sinónimo de degustar buenos vinos y cenar comida mejicana.

Iñaqui es el único miembro del Grupo que no tenía su residencia en nuestra urbanización (posteriormente se sumó Jorge), fue miembro fundador por invitación expresa mía, y desde un principio fue considerado uno más a pesar de esta peculiaridad. Son muchos los años de amistad, y las aficiones que compartimos, por lo que estar unidos por un colectivo nuevo no fue ninguna novedad para los que nos conocen.
Siguiendo la costumbre establecida de realizar las reuniones por orden de chalet, a él siempre le tocaba cerrar el círculo, hasta que en el año 2007 se incorporó al mismo Arturo y ahora ambos se ponen de acuerdo en quién hace la cata siguiente a la de Cagüelu. Este ha sido el caso de este año, en el que Iñaqui la organiza en octubre, el día treinta y uno, y Arturo lo hará en noviembre o primeros de diciembre.
El desplazamiento hasta el centro de Oviedo, al lado justo de la Puerta Nueva, dónde comenzaba el Oviedo del siglo XIX, es sinónimo de ir a degustar buenos vinos y comer estupendamente cocina mejicana. María José, su esposa, no se imaginaba que la comida que ponía en la primera reunión que él organizo en su casa, se iba a convertir en todo un clásico en nuestras reuniones, y muy a su pesar, muchos de los miembros del Grupo, no la dejan cambiar la sana costumbre implantada por casualidad. Con estas premisas nos desplazamos para disfrutar de una nueva reunión del Grupo.
Poco a poco, fuimos llegando al domicilio de los Blanco Ballestero con puntualidad inglesa todos los miembros, una vez más no falta nadie a la cita. Iñaqui nos esperaba impaciente, consciente de que esa era su noche, con el aperitivo listo. Junto a los ya clásicos “huevos al estilo del Marchica” -que pena de que este emblemático restaurante ovetense no haya vuelto abrir sus puertas- había unas “patatas cocidas con mojo picón” “guacamole con nachos” y “canapés de anchoa y boquerón”; todo ello regado con una estupenda elaboración gallega, el Colección Costeira 2010 Treixadura 100 %.


Una vez ubicados en la mesa principal, preparada para la cata, con el correspondiente agua y frutos secos, nuestro anfitrión comienza a sacarnos su selección de vinos para catar. Me había avisado que había intentado hacer una selección de grandes vinos de nuestro país, y vaya si lo ha conseguido, los vinos fueron extraordinarios, como así han sido reconocidos en las puntuaciones.
Cuatro elaboraciones de cuatro diferentes, aunque algunas de ellas con varietales coincidentes. Difícil lo tuvo para elegir el orden de cata, vinos todos ellos con potencia y personalidad, en el que un mal orden podía hacer que unos fueran valorados más que otros de forma injusta, pero aquí también salió airoso.


Por orden de cata, los vinos fueron: “Mauro 2007” elaborado en Tudela de Duero con las varietales Tempranillo y Sirah y acogido a Vino de la tierra de Castilla y Léon fue el menos valorado con un 3,61 puntos. “Matarromera reserva 2006” elaborado en la cercana Valbuena de Duero, pero acogido a la DOP Ribera del Duro, fue mejor valorado y obtuvo una media de 3,97 puntos. El tercero en servirse fue “Pago de Cirsus selección de familia 2005, con el mismo coupage que el primero, aunque elaborado bajo el amparo de la DOP Navarra, su puntuación fue intermedia entre los dos anteriores y obtuvo un 3,81 de media. El último, sabiamente elegido, fue una elaboración riojana, pero de las innovadoras en esta clásica y mágica DOP, Barón de Chirel reserva 2004; fue el gran triunfador de la noche y obtuvo una media de 4,19 puntos, con la que de momento lidera la clasificación de los vinos catados en 2011.
Maravillosos vinos, estupendas elaboraciones que merecieron todas nuestras bondades, seguimos siendo muy exigentes y críticos y nuestras puntuaciones quizá se queden cortas por momentos, pero en lo que si coincidimos es que cuando los vinos dan la talla, todos estamos de acuerdo. Sirva de ejemplo que 5 de nosotros hemos valorado los vinos por el orden clasificatorio final. Las puntuaciones se realizan después de catar los cuatro vinos, y cada catador da la puntuación de los cuatro consecutivamente por orden de chalet, aquí no hay influencias que valgan, cada uno puntúa según su entender.


Jorge, hizo pleno en el último vino y dijo incluso la marca comercial.

Después del reconocimiento al anfitrión, las correspondientes felicitaciones y alguna que otra broma sobre como afecta la crisis económica a las tintorerías, tal como se pudo comprobar por los “modestos vinos” elegidos, era el momento de pasar a la cena.
María José, insiste una y otra vez, en que le gustaría cambiarla algún año, pero muchos de los presentes se niegan, es casi la única vez al año que comen cocina mejicana y no están dispuestos a dejar de hacerlo; de momento ya nos ha cambiado el primer plato, así que haber hasta cuando aguanta.
Este fue un sabroso coctel de marisco y pescado en base de pasta filo, compuesto de merluza, pixin, langostinos y gular; refrescante y sabroso que fue del agrado de todos nosotros.


El segundo y más esperado, los tacos mejicanos al estilo Ballestero, uno de lomo y otro de carne de ternera. Igual de ricos que complejos de comer, y es que si lo hacemos con todos los ingredientes, los anteriores más el tomate, lechuga, cebolla, salsa de chile rojo, salsa de chile verde y queso rallado, conseguir llevarlos a la boca en ocasiones es todo una odisea, pero el cuidado que hay que tener lo compensa su ingesta. Y como no podía ser de otra forma, picantes, picantes, aunque Armando tenía sus dudas y obsequió a los anfitriones con un frasco más de picante.


Y de postre, otro clásico de la casa, la tarta de zanahoria, borracha como ella sola, como es tradición, y que tanto me gusta, al que acompaño un Pedro Ximénez de Bollullos del Condado. ¡Como recuerdo los primeros años de los ochenta, en que en cada uno de mis cumpleaños, María José me obsequiaba con una¡.


Con esta copiosa comida, el contenido de las botellas catadas se fue rápidamente y junto con otra de Pago de Cirsus (muy grata sorpresa) Iñaqui sacó una elaboración catada en el 2010, Trapiche 2007, elaborado en Mendoza (Argentina) y que está en su momento óptimo de consumo, aunque simplemente está digno.
Llegada la sobremesa, el goloso anfitrión, saca licores de lo más variopinto y copas largas a quién lo desee. Las bromas, algún que otro recuerdo nostálgico de los que estudiaron en el San Luis de Pravia, dónde coincidieron sin conocerse, y algún que otro intento de cantar, aunque sin llegar al nivel de otros años, en el que los vecinos debieron pensar que tenían un coro en el edificio, fueron el preámbulo de una despedida, que hicimos como es habitual con los sombreros de paja de los chiringuitos de  San Mateo.


La próxima reunión será una extraordinaria, en la que Vinos Cangas, S.L. de la mano de su enólogo Juan Redondo y de su Gerente, Víctor Álvarez, podremos conocer de primera mano la realidad de los vinos de la Tierra de Cangas. Pero eso será el diecisiete de noviembre, y ya habrá tiempo de hablar de ella.


“Los amigos son la familia que nosotros mismos escogemos”. Anónimo.

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